El espía perfecto

El topo

Tinker, Tailor, Soldier, Spy. Tomas Alfredson, Reino Unido, 2011

Por Déborah García Sánchez-Marín

And they sacrifice their lives
And they lied about those odds
Oh, they've said it a billion times
And they'll say it again
So long, my adversary and friend.

Under the Cover of Darkness, The Strokes.

Cartel de la película El topo“Se ha vuelto tan feo Occidente, que la traición es una cuestión tanto estética como moral”. Lo dice uno de los protagonistas, y la afirmación tiene tanta fuerza (la tenía en los setenta y la sigue teniendo ahora) que sólo podemos contemplar cómo el último movimiento de algunos de los personajes que pueblan las películas de espías es saltar a los brazos del enemigo en un gesto desesperado de reubicación, como si desde ese otro lugar pudieran salvar el abismo al que les ha conducido una vida de sacrificios, como si desde el otro lado pudieran dejar de ver las cosas como las ven. Pero ese  otro lugar ya no existe, lo intentó Sergei Grigoriev (L'affaire Farewell, Christian Carion, 2008) a la inversa, y fracasó.

En su primera incursión en la cinematografía británica, el director sueco Tomas Alfredson (Déjame entrar, 2008) adapta la novela Tinker, Tailor, Soldier, Spy del escritor John Le Carre. La de Alfredson no es la primera adaptación; a finales de los años setenta una serie televisiva de la BBC dirigida por John Irving y protagonizada por Alec Guiness cosechó muy buenas críticas. En esta ocasión, sin embargo, la adaptación de la colosal novela ha estado a cargo de Bridget O’Connor y Peter Straughan, y ha contado con la supervisión del propio escritor británico.

Fotograma de la película El topoEl topo atrae magnéticamente, y lo hace sin recurrir a las trilladas fórmulas comerciales del género: ni efectos especiales ni grandes secuencias de acción. Muy al contrario, la narración es sosegada. El director se ha inclinado por intensos diálogos que, combinados con planos largos y sostenidos, han creado ese espacio gris y nebuloso tan hipnótico en el que se mueven los personajes; una atmósfera apagada y sombría en la que se mimetizan las interpretaciones de los distintos actores, y en especial la de Gary Oldman que encarna a George Smiley en la interpretación de su carrera. Todos parecen haberse contagiado de ese ambiente plomizo casi turbio que se desprende de las imágenes.

Escena de El topoLa historia se desarrolla durante los años setenta, en plena Guerra Fría. Los servicios secretos británicos, llamados en el argot “The Circus”, son el punto de contención entre las dos potencias que se dividen el mundo. En este contexto, el jefe de la cúpula británica, Control (John Hurt), sospecha que hay un topo entre ellos, un agente doble, al que pretende descubrir, montando un operativo en Hungría. La misión a cargo de Jim Prideaux (Mark Strong) fracasa, lo que provoca una serie de cambios en la estructura de la organización. Control muere, y su mano derecha, George Smiley (Gary Oldman), es retirado junto con varios agentes. Sin embargo, con la ayuda de otros espías que se mantienen totalmente fieles a él, Smiley comenzará a investigar desde afuera. Desde ese momento, la película se mueve alternativamente entre los hechos y los protagonistas, para finalmente centrarse casi en exclusiva en la desazón y la amargura que arrastra el sacrificio de esos hombres.

El topo, de Tomas alfredsonLa gran capacidad narrativa del director sueco se evidencia en la manera en la que hace comprensible la trama de una película que, en muchos momentos, resulta demasiado enrevesada. El topo se construye de manera sólida, poco a poco, a base de acertados flashbacks que van rellenando los espacios vacíos y que adquieren significado sólo al final, cuando el espectador alcanza a tener una perspectiva de conjunto.

Tomas Alfredson ha contado con un elenco excepcional para la película. Las interpretaciones son soberbias, sobre todo la de Gary Oldman, que encaja a la perfección en el personaje creado por John Le Carre. George Smiley es un anti James Bond, un hombre de gobierno, más acostumbrado a resolver los problemas con maniobras administrativas y de pasillo que con balas. Es un espía intuitivo y profundamente conocedor del alma humana, sobre todo en esa dimensión oscura que él parece entender a la perfección. Destacan también las actuaciones de Colin Firth y de dos de los chicos de moda en el cine británico: Benedict Cumberbacht, Imagen de El topoconocido por protagonizar la serie Sherlock (Mark Gatiss, 2010) y Tom Hardy (Bronson, Origen).

El colofón a la película viene de la mano de Alberto Iglesias, que ha realizado una excelente composición que potencia aún más, si cabe, los escenarios sombríos y descarnados que caracterizan a la excelente película de Tomas Alfredson.

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