Regreso a Thornfield Hall

Jane Eyre

Cary Joji Fukunaga, EUA, RU, 2011

Por Joaquín Juan Penalva

Cartel de la película Jane Eyre El personaje de Jane Eyre, la institutriz más famosa de la literatura, ha sido llevado a la pantalla –tanto de cine como de televisión– en más de veinte ocasiones, pero eso no le ha restado ni un ápice de interés a la novela de Charlotte Brontë, publicada por primera vez en 1847. De hecho, tanto Jane Eyre como Cumbres borrascosas (1847), de Emily Brontë, son dos de los títulos de referencia, no solo de la literatura inglesa del siglo XIX, sino de la literatura universal de todos los tiempos. La película de Fukunaga es el tercer largometraje del director, tras la experimental Chinatown Film Project (2009) y la premiada Sin nombre (2009), una cinta sobre las maras con la que Jane Eyre guarda más similitudes de las que se podría esperar en un principio.

Antes de Fukunaga ya se atrevieron con la novela de Charlotte Brontë algunos directores, entre los que sobresalen Robert Stevenson, con Alma rebelde (Jane Eyre, 1943), en la que Orson Welles y Joan Fontaine encarnaban los papeles principales; Delbert Mann, que en 1970 dirigió un telefilme protagonizado por George C. Scott y Susannah York; y Franco Zeffirelli, cuya versión se estrenó en 1996, con William Hurt y Charlotte Gainsbourg como Edward Rochester y la desdichada institutriz. Sin duda, se trata de antecedentes nada desdeñables, aunque la película de Zeffirelli merecía mayor atención de la que recibió. Fukunaga le ha dado un giro interesante a la historia en su adaptación, ya que la acción comienza in medias res y la narración se basa, en buena medidaFotograma 1 Jane Eyre, en una serie de flashbacks, dentro de una atmósfera que recuerda a la novela Otra vuelta de tuerca, de Henry James, y a películas como El piano (The Piano, Jane Campion, 1993), El celo (Presence on Mind, Antoni Aloy, 1999) o Los otros (The Others, Alejandro Amenábar, 2001). El metraje arranca cuando Jane Eyre abandona Thornfield Hall y se adentra a través de páramos aislados, en una secuencia en la que no falta el uso de la cámara subjetiva. En adelante, la narración se va a proyectar hacia el futuro –cuando Jane se convierte en una maestra rural gracias a la ayuda del personaje interpretado por Jamie Bell– y hacia el pasado –la infancia de Jane, su estancia en el internado de Lowood y su llegada a la casa de Rochester–.

Fotograma 2 Jane EyreEn esta nueva Jane Eyre, la campiña inglesa se convierte en un paisaje inhóspito y frío, y Thornfield Hall, la mansión en la que Jane trabaja como institutriz, es un caserón desangelado repleto de secretos. Mia Wasikowska y Michael Fassbender, dos actores que en 2011 han estrenado varias películas, se ajustan perfectamente a los papeles protagonistas y se encuentran magníficamente acompañados por Judi Dench, que es la señora Fairfax, y Jamie Bell, que encarna a Saint John Rivers. Tanto Jane Eyre como Edward Rochester comparten un pasado de dolor y amargura, pero, si bien la institutriz ha conseguido dejarlo atrás, el dueño de Thornfield Hall se encuentra permanentemente acosado por un error que ahora vive en la casa. Es uno de los misterios que esconde la película, y que, en su momento, llevó a la escritora Jean Rhys a escribir Ancho mar de los Sargazos (1966), una novela sobre ese personaje femenino que vive en el ático y que vaga por los pasillos desiertos de la mansión durante la noche.

No debemos olvidar que lo que nos cuenta Jane Eyre es la historia de una joven huérfana de infancia desgraciada, que jamás renuncia a ser ella misma ni a ser independiente, que se abre paso como mujer en un mundo regido por los hombres, y que no duda en saltarse todas las convenciones sociales.Fotograma 3 Jane Eyre Llega a convertirse en una rica heredera que puede afrontar la vida y el amor con una libertad inaudita en su época. En cierto modo, Jane Eyre es una feminista avant la lettre. Hay también un toque oscuro en esta versión de Fukunaga, y eso la convierte en una propuesta muy interesante, que aúna a un tiempo el homenaje clásico y la relectura en clave contemporánea. Y si bien la cinta alcanza un gran nivel artístico, como ya se ha dicho, todo lo referente al apartado técnico resulta impecable, desde el diseño de vestuario de Michael O’Connor hasta la fotografía de Adriano Goldman, pasando por la música de Dario Marianelli, que ha contado con la inestimable complicidad del violinista Jack Liebeck.

Habrá quien piense que una película como esta no dejará de ser nunca redundante e innecesaria, pero Fukunaga demuestra con Jane Eyre que las verdaderas obras maestras nunca mueren y que pueden ser vistas, reinterpretadas y recreadas en incontables ocasiones. Nunca es demasiado tarde para conocer a Jane Eyre; nunca es  demasiado pronto para reencontrarse con ella. Algún día regresaremos con ella a Thornfield Hall y nos encontraremos con el fantasma de Bertha Mason.

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