Rutas demasiado transitadas

Las acacias

Pablo Giorgelli, Argentina, 2011

Por Pablo Castriota

Cartel de la película Las acacias

Las Acacias es una road movie alla cine independiente argentino, es decir, un ejercicio donde las coordenadas clásicas del género se fusionan con la depuración expresiva y la precisión formal propias de la vertiente más alejada del mainstream de las pampas, con todo lo bueno y todo lo malo que eso representa.

La película descansa sobre una premisa argumental básica (un camionero debe trasladar a una mujer desconocida que carga con su hijo desde la frontera con Paraguay hasta la ciudad de Buenos Aires), sobre un par de actores desconocidos (uno de ellos no profesional), sobre la economía gestual de los mismos y la escasez de diálogos (la primera conversación entre ambos se da luego de transcurrida la primera media hora del film, tramo donde la película lidiaba con una clima espeso de incomodidad que la ubicaba en un lugar un poco más rico y arriesgado al que finalmente se termina arrimando a través de una impostada calidez que fue celebrada por los críticos de los principales diarios del país). Otra de las “apuestas” (o tics de cine independiente) recae en la dilatación de los tiempos de duración de cada plano, aunque sin llegar a exasperar la paciencia del espectador, lo que confiere a la película un carácter calculado que atenta contra toda iniciativa basada en la espontaneidad. 

Fotograma de Las acaciasComo podrán advertir, el uso reiterado de paréntesis en este texto se me hace muy necesario, ya que por cada aparente virtud de la película encuentro un efecto colateral poco agraciado que termina por otorgar al film una peligrosa condición de teoría filmada aderezada con parciales hallazgos genuinos que se desprenden de su realización. Las Acacias traza un arco climático frecuente en el relato clásico (una hostilidad inicial que va cediendo hasta dejar espacio a un eventual romance), y de un apego al realismo basado en la elección de locaciones reales (las rutas argentinas, los puestos de peaje, las parrillas al paso). El problema empieza cuando toda esa disposición tersa y prolija de los elementos en la pantalla se presenta ante nuestros ojos como decisiones arriesgadas que pretenden situar a la película dentro de una cierta tendencia de nuestro cine, cuando en realidad conllevan un riesgo mínimo si se tiene en cuenta que el cine independiente argentino ya nos ha ofrecido variantes similares (y mejores) en este terreno. Como decía anteriormente, la película parte de un clima de incomodidad inicial en el que se podría haber sumergido aun más, para ir dando lugar a una calculada calidez entre sus protagonistas, adornada con aspectos desconocidos sobre el pasado familiar de uno de sus personajes (aspectos que se van explicitando en el transcurso de la película, diluyendo toda posibilidad de misterio) y dando pie a algunas analogías demasiado obvias (la pesada carga del camión y su paralelo con la inesperada pasajera a la que debe trasladar el protagonista) o a algunos procesos de aprendizaje personales que adolecen de una previsibilidad a la que este cine se había aprestado a combatir. Cuando la cabeza puede anticiparse a los ojos estamos frente a un evidente problema.

Escena de la película Las acaciasResulta innegable la calidad de la película y el profesionalismo que se desprende de sus diferentes rubros pero todos estos son logros a los que ya nos han acostumbrado y que hoy distan mucho de sorprender (bueno, al menos no al jurado que le otorgó la Cámara de Oro en el Festival de Cannes). 

No estoy seguro de que películas como Las Acacias representen un buen camino a seguir dentro del cine independiente argentino, configurando en su lugar una suerte de mainstream alternativo que, si bien no alcanza la expansión nociva del cine más ruidoso, chato y comercial, restringen el enriquecimiento a través de formulas probadas y agotadas.  

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