Al César lo que es del César

Los idus de marzo - Secretos de Estado

The Ides of March. George Clooney, EUA 2011

Por Liliana Sáez

Cartel de la película The Ides of March

La cercanía de su estreno a la entrega de los premios Oscar, hace de la última película de George Clooney (la cuarta que dirige), una parienta cercana de Buenas noches, y buena suerte, aquel alegato desarrollado en el ámbito de la televisión para poner en negro sobre blanco las ideas políticas que los estadounidenses debatían en los años cincuenta. Los idus de marzo también se desarrolla en ambientes políticos, se reduce a un reparto exiguo pero suficiente y desenmaraña una situación que parecía simple.

Mike Morris (George Clooney) es un demócrata que tiene grandes posibilidades de ganarle a su rival republicano.  Como gobernador de Pensilvania ha logrado algunas ventajas para su Estado –salud  y educación para todos-, las que invoca en cada discurso, subrayado, a su vez, por su carácter agnóstico, lo cual le da un perfil progresista y popular. A pesar de ser el centro alrededor del cual se mueve toda la acción, su personaje es secundario, apenas aparece, y cuando lo hace es para subrayar el carácter de un hombre de principios inviolables. Morris, entonces, es sólo el pretexto que utiliza Clooney para mostrarnos los hilos (nunca mejor dicho) del poder.

Los idus de marzoEl verdadero protagonista es  Stehpen Myers (Ryan Gosling), el joven agente de prensa que ha logrado, bajo la tutela del director de campaña, Paul Zara (Philip Seymour Hoffman), que Morris vislumbre la posibilidad de participar de las elecciones primarias. La escena inicial resume eficazmente la descripción de los personajes: Myers prueba el sonido frente al atril desde donde hablará Morris, pronunciando sin énfasis aquellas promesas que se han hecho frases repetidas en el discurso del candidato. Despojadas de la intensidad que le imprimirá el orador frente a sus seguidores, se nos ofrecen, a nosotros, espectadores, como una arenga trillada, que resuena sin eco en la sala vacía. Es la primera impresión que tenemos de Morris, quien no está presente, pero ya sabremos que su discurso está construido sobre la base de frases hechas, posiblemente promesas sin seguridad de ser cumplidas. Efectiva escena preliminar de una historia que se irá volviendo compleja casi sin darnos cuenta.

Los idus de marzo, de George ClooneyLa eficiencia del joven operador político no pasará inadvertida para la oposición. Los republicanos lo han detectado y tratarán de cautivarlo para que se cruce a sus filas. Una conversación con el jefe de campaña enemigo, Tom Duffy (Paul Giamatti) será el paso en falso que pondrá al desarrollo de la acción en una situación inestable, de la cual no sabremos cómo saldrá cada quien. La entrevista develará los manejos que mueven el aparato político más allá de los personajes involucrados en la campaña. La intriga, la moral, la ética, la lealtad serán valores que se pondrán en juego para mostrarnos seres de carne y hueso, influidos, más que por ideales políticos, por intereses personales. Si analizamos la inteligencia con la que se mueve cada uno de los personajes, comprenderemos su accionar; sin embargo, cada uno de ellos no es nada en sí, sino sólo un títere de algo superior que los digita.

El toque humano en este duelo de intereses, ideales, ambiciones y metas está dado por la inclusión de un personaje frágil, la becaria Molly (Evan Rachel Wood), quien se interpondrá entre Morris y Myers, develando la flaqueza de ambos hombres, al minar la solidez moral del candidato y al hacer trastabillar la actuación del agente de prensa en su indetenible ambición de poder.

Escena de la película Los idus de marzoSi tuviera que rescatar alguna escena para mi archivo de recuerdos, no dejaría en el olvido la elección de Clooney de dejar la cámara colocada a un lado del camino, donde se estaciona un vehículo negro con los vidrios polarizados, desde donde se invita a ingresar a un ansioso Zara, que apura su cigarro para unirse, suponemos, a Morris. A los pocos segundos, Zara baja abrumado.  Ha sido despedido. Al hombre pragmático le ha jugado en contra su inconmovible sentido de la lealtad. Como no es funcional al mecanismo de poderes que digita la política, es dejado, literalmente, al costado de la carretera.

La historia que nos narra Los idus de marzo no es novedosa. Es, diría, previsible. No es la primera película que trata sobre lo que sucede entre las bambalinas de la política. La economía de diálogos y de personajes que compliquen el discurso gélido, directo, que desarrolla el film son una marca autoral, así como la narración, donde la cámara se detiene en la inexpresividad de los rostros, para adentrarnos en las miradas, que dicen mucho más que los labios y los cuerpos de los protagonistas.

Los ambientes oscuros –cuyo único toque de color lo da una bandera que ha obligado a varios norteamericanos a hundirse en la selva o en el desierto para aplicar la “justicia” del país más poderoso del planeta- sólo ofrecen el espacio donde se dirime el futuro, no sólo de un agente de prensa, de un jefe de campaña o de un candidato, sino el de todo un país. La develación de los entresijos de la política, donde traicionar los propios ideales es lo menos grave, le otorgan a Clooney un lugar en la cinematografía que no se basa sólo en el aspecto formal de su cine, sino en el compromiso con el que afronta los temas que le propone al espectador.

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