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Vivir con la mentira

Katyn. Andrzej Wajda, Polonia, 2007
Por Liliana Sáez

"Mi filme habla de una tragedia histórica y está dirigido contra un sistema inhumano que dejó de existir. Las razones de su desaparición son profundas y la sociedad misma reconoció que este sistema ya no podía funcionar. No quisiera que Katyn se utilizara para algunas manipulaciones políticas".

Andrzej Wajda

Abril de 1943. Martes 13. Terrible noticia para los habitantes de Polonia. Se han descubierto, en los bosques de Katyn, fosas comunes, Katyndonde yacen apilados más de diez mil cadáveres de oficiales de alto rango del ejército polaco.

La agencia alemana difundió la noticia de manera detallada, dejando en evidencia la culpabilidad de los soviéticos, quienes negaron terminantemente haber realizado la matanza. Con el apoyo y solidaridad de los aliados, la URSS acusará a los alemanes de tal crimen.

Por años los polacos adjudicaron esas muertes a los alemanes, mientras muchos de ellos sabían que las habían provocado los soviéticos. La certeza llegó en 1989, con el quiebre de la Unión Soviética, cuando el primer ministro Mijail Gorbachov no solo admitió que la NKVD, bajo las órdenes de Stalin, había ejecutado a los oficiales polacos, sino que indicó la ubicación de otras fosas comunes, donde se hallaban, además de los soldados, cuerpos de intelectuales y políticos "peligrosos" para el régimen. La cifra de los muertos por la NKVD llegaba a 25.700 polacos, entre los que se encontraban los de los bosques de Katyn.

En 1990, el presidente Lech Walesa recibió, de manos de Boris Yeltsin, los archivos secretos que prueban la matanza por parte de los soviéticos, librando a los alemanes de tal responsabilidad.

Desde 1941 a 1989, los polacos vivieron con la mentira de Katyn. Algunos lo sospechaban, otros tenían la certeza y muchos otros lo ignoraban. Convivieron cómplices con ignorantes; víctimas con victimarios. Esa historia, la de las muertes de Katyn, y su mentira, es la que narra Andrzej Wajda en su último film.

 La filmografíKatyna del director polaco es extensa y frecuentemente premiada en Cannes, Venecia, Moscú, EEUU... Su nombre resuena desde los años 50 como uno de los más fuertes hombres de la escuela cinematográfica polaca. Imposible olvidar Una generación (Pokolonie, 1954) o Kanal (1956), historias recreadas bajo la ocupación nazi en Polonia y la resistencia ofrecida por sus pobladores, ungidos por el fervor comunista que invadía al país; Cenizas y diamantes (Popiol i diament, 1958), con sus loas al anarquismo idealista, que seduce a la crítica en Venecia; o su etapa más poética, con El bosque de los abedules (Brzezina, 1971) y Las señoritas de Wilko (1978); o La tierra prometida (Ziemia obiecana, 1975), ese fresco sobre la llegada del industrialismo a Polonia; así como sus manifiestos combativos que acompañaron los momentos previos y el gobierno de Lech Walesa: El hombre de mármol (Czlowiek z marnuru, 1977) y El hombre de hierro (Czlowiek z zelaza, 1981), con su consiguiente crítica, a través de la metafórica Danton (1983).

Katyn
está ambientada en los años 40, cuando Polonia estaba asediada por alemanes y soviéticos, y los polacos gobernaban el país desde el exilio. A través de la historia de sus mujeres, vamos conociendo el destino de esos hombres asesinados. Un crimen que le abrió las puertas del país a Stalin.
Katyn
La inocencia con la que concurren los oficiales al patíbulo, su mansedumbre por desconocer qué será de su futuro; la soledad de las mujeres y su búsqueda incansable, son algunas líneas narrativas. Wajda filma a sus personajes en primeros planos, los rostros masculinos en tensión aguardan su futuro incierto bajo un eterno invierno; las mujeres iluminadas por la calidez de los interiores son sostenidas por una pálida esperanza; los asesinos anónimos, filmados de espaldas, de costado, aplican su accionar metódico y sistemático.

Basada en acontecimientos reales, en investigaciones realizadas, en testimonios concretos y en su propia experiencia, Wajda relata los hechos en los que perdió la vida su padre y convirtieron a su madre en una Penélope moderna.

La primera escena ya marca el rumbo del film. En un puente, la gente que lo ocupa lucha por dirigirse hacia uno u otro extremo. Unos para huir de los alemanes; los otros, para escapar de los soviéticos. Es decir, hacia cualquiera de los dos lados que se vaya, está la condena.

Un tempo de constante espera, que se apura hacia el final con las muertes y con un epílogo que deja entrever las complejas redes de ese momento histórico. El idealismo, el valor, el deber, el amor. La complicidad, la cobardía, la traición, la muerte... Temas todos ellos entretejidos sin odio. Sólo mostrándonos a unos seres que han podido vivir bajo una mentira, siendo cómplices con su silencio, mientras soportaban un gobierno que los mantenía tras la cortina de hierro y que, a la vez, era el responsable de haberlo diezmado.

La sensación es el deslizamiento de un velo, tras el cual se nos ofrece una verdad que ha vivido oculta por muchos años. Hoy, si volvemos la vista atrás, nos damos cuenta de que no hay posibilidad de reparación, de consuelo, de marcha atrás... Ya todo está hecho, ya todo pasó, y han sido muchos, muchos años bajo los cuales se ha vivido con esa mentira. El sentimiento que deja no es el de impotencia, sino el de desolación.

Andzrej Wajda, con una vida vivida de la mano del cine, nos ofrece, quizá, su último homenaje a una tierra que lo vio crecer, vivir, envejecer; que le permitió, con todas las trabas imaginables, mostrarnos una realidad crítica y, a la vez, poética. Se permite con este último film, quizá, cerrar una carrera impecable, en la que se deshace, en un último aliento, de aquella mentira que convivió con él y su gente durante tantos años, para mostrarla simplemente, para liberarse del peso de una injusticia que había que mostrarle al mundo. Y lo hace con sabiduría, sin ánimo de revancha, con una serie de imágenes que se van desplegando morosamente para narrarnos en su historia la historia de miles de polacos.

PREMIOS Y FESTIVALES

Academy Awards, (EE.UU.)

2008, Nominada al Oscar como mejor película extranjera.

Denver International Film Festival (EE.UU.)

2008, Premio del público a la Mejor Película

European Film Awards

2008, ganadora del premio d'Excellence por el diseño de vestuario (Magdalena Biedrzycka )

Ljubljana International Film Festival (Eslovenia)

2008, Premio de la Audiencia (Andrzej Wajda)

Polish Film Awards (Polonia)

2008, ganadora del Águila de Oro:

Mejor fotografía (Pawel Edelman)

Mejor diseño de vestuario (Magdalena Biedrzycka / Andrzej Szenajch )

Mejor Película (Andrzej Wajda)

Mejor banda de sonido (Krzysztof Penderecki )

Mejor diseño de producción (Magdalena Dipont)

Mejor sonido (Jacek Hamela)

Mejor actriz de reparto (Danuta Stenka)

 
Polish Film Festival (Polonia)

2008, Premio de la audiencia a Andrzej Wajda

 
Washington DC Filmfest (EE.UU.)

2008, Premio del público a Andrzej Wajda



 

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