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La voluntad de Dios

Secret Sunshine. Lee Chan-Dong, Corea del Sur, 2007
Por Manu Argüelles

Que la actriz principal ganase el premio por su rol en el festival de Cannes 2007, no ha sido un suficiente reconocimiento para que en el momento de su estreno en Barcelona no aguantase más de una semana en una única sala. Una lástima. Es en situaciones así, cuando el ejercicio de la crítica cinematográfica se hace más imperioso y necesario.

Si en los años 90 nos llegó a Occidente una oleada de interesante cine nipón y chino, es en esta década cuando Corea del Sur logra penetrar en nuestro terreno a través de los canales de difusión que permiten los festivales internacionales.Secret sunshine

Varias figuras de dicho cine que presentan renovadas propuestas al acercamiento de géneros desde una óptica personal y con indeleble sello de cine de autor, han hecho que Occidente decidiese posar su mirada en la producción cinematográfica de Corea del Sur. Kim Ki-Duk, Park Chan-Wook, Kim Ji-Woon o Bong Joon-Ho empiezan a ser nombres no tan extraños para aquellos cinéfilos un tanto gastados por las fórmulas preestablecidas de occidente.

Mientras que los directores citados han logrado agradar y sorprender gratamente con películas excelentes como Memories of murder (Bong Joon-ho ,2003), Old boy (Park Chan-wook, 2003), Hierro 3 (Kim Ki-duk, 2004) o A bittersweet life (Kim Ji-woon, 2005), el director que nos ocupa, Lee Chang-Dong, estrenaba por primera vez en nuestro país mediante Secret Sunshine.

Este autor que goza de gran prestigio en su país, cesó temporalmente su actividad cinematográfica para ocuparse del Ministerio de Cultura, y volvió al ruedo precisamente con la película que nos ocupa. A menos que uno lea la sinopsis se puede echar a temblar. Y si el avanzado espectador conoce mínimamente la acostumbrada forma de abordar el melodrama por los surcoreanos, es entonces cuando podemos prepararnos como si fuésemos al dentista.

Cojamos la sinopsis: una mujer con su hijo pequeño se marcha al pueblo natal de su marido fallecido para empezar una nueva vida lejos de vínculos familiares. Pero en dicha localidad, no quedará exime de una nueva tragedia que le azotará para acabar cayendo en las manos de un grupo de integrantes religiosos. Ahí es nada.

Recordemos cómo en la comedia surcoreana My sassy girl (Yae-Young Kwak, 2001), el protagonista le quiere hacer entender a su chica, fértil en imaginsecret sunshineación y con ganas de escribir un guión, que debe centrarse en el melodrama. Porque, cuando van al cine, les encanta llorar. Y a buena fe, que el protagonista no miente. Porque los melodramas como el presente, desde la nueva ola coreana, suelen ser terriblemente excesivos en su exposición sentimental. Buscan impúdicamente arrancar la lágrima del espectador al precio que sea y activan toda la maquinaria empática necesaria para que el espectador salga profundamente trastocado tras la ficción. Sino me creen, traten de conseguir A moment to remember (2004) de John H. Lee y me lo cuentan.

Ante estos precedentes, un servidor se esperaba lo peor y ya había cogido las suficientes fuerzas para afrontar un drama con tales características. Pero no, respiremos tranquilos. Lee Chan Dong, a través de su personaje femenino, una madre fuerte, autónoma y con determinación, similar (salvando las distancias) al personaje de Angelina Jolie en la película de Clint Eastwood, El intercambio (2008), aborda casi con intenciones etnográficas el comportamiento social de una pequeña localidad en la que se conocen todos. De este conglomerado social, se detiene, en el segundo tramo del film, en una comunidad religiosa.

Nuestra protagonista, agnóstica, en su llegada a Milyang, ya es sugestionada por la decana de la congregación para que forme parte de ellos. Ella, amablemente lo rechaza. Cuando se ve envuelta en una tragedia, incapaz de sobrellevar la aflicción, acabará acudiendo a ellos, entregándose en cuerpo y alma al fervor religioso. Una situación así, planteada en estos términos, puede dar pie fácilmente a una crítica fácil a los religiosos exacerbados. Pero el director no cae fácilmente en la tentación. En todo caso, se les puede acusar de ser demasiado proselitistas, pero en el retrato que se ofrece del colectivo religioso no hay intención de denuncia (fácil). Sólo se trata de acercarse con lupa a aquellos que se acogen a las doctrinas de fe como motor de su vida. Pero no hay juicios valorativos subrayados sobre aquellos personajes en los que centra su atención.

Es un buen ejemplo de cómo Lee Chang-Dong se acerca a sus seres retratados. Desde una voluntad contemplativa (pero a la vez secret sunshineactiva en el relato ficcional), sin maniqueísmos, construye sus personajes como si de un psicólogo experto se tratase. Secret sunshine, por su eficiente retrato del proceso de duelo que sufre una mujer, es una firme película, en la que a través de la cristalina interpretación de su actriz principal podemos ser sucumbidos por la aflicción excelentemente reflejada. Es por ello que queda justificado el premio en Cannes, ya que la actriz es responsable de manejar con envidiable aprehensión, todo el proceso evolutivo emocional por el que pasa hasta que llega a la definitiva aceptación de la muerte.

Por otra parte, mediante el fiel mecánico que le sigue en una entregada adhesión por un amor puramente samaritano (como a él le gusta definirse) hay también una voluntad por parte de Lee Chang-Dong de reformular los típicos roles de género. Porque aquí, el personaje fuerte, a pesar de su caída emocional en picado, es la mujer. Es la que determina, la que decide, la que emprende acciones (erróneas o no). El hombre la sigue, pero jamás puede llegar a interferir en ninguna de las determinaciones.

Milyang, la localidad en la que transcurre la acción, significa en chino "rayo de sol secreto", y mediante un rayo de sol, la diacona le quiere decir a la protagonista que en aquello que no vemos, en aquello oculto, está dios. Frente a la voluntad de dios, que es una fuerza que esconde un falso refugio, la voluntad humana con sus aciertos y errores, es la única que nos puede salvar ante el trance de una tragedia. Y en esa humanidad heterogénea, es donde Lee Chang-Dong prefiere detenerse.

 

 

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