Método acelerado para guionistas

Por Joaquín Juan Penalva

Manual esencial de guión cinematográfico

MANUAL ESENCIAL DEL GUIÓN CINEMATOGRÁFICO

Mariano SÁNCHEZ SOLER
San Vicente del Raspeig, ECU, 2011, 100 páginas
Encuadernación: Rústica con solapas
Formato: 13,00 x 21,00 cm

Mariano Sánchez Soler (Alicante, 1954) es, entre otras muchas cosas –novelista, poeta, guionista, periodista de investigación...–, profesor de documentación y guion en el Grado de Comunicación Audiovisual que se imparte en el Centro de Estudios de la Ciudad de la Luz, y este nuevo volumen es, antes que nada, un texto docente –de ahí los continuos subrayados y negritas–, lo que, lejos de restarle un ápice de interés, lo convierte en un libro práctico, directo y alejado de planteamientos excesivamente teóricos. En apenas cien páginas, Manual esencial del guion cinematográfico proporciona los rudimentos para que cualquiera que tenga una buena historia que contar sea capaz de construirla en imágenes. El libro de Sánchez Soler va directamente al grano y no se pierde en disquisiciones inútiles sobre el sexo de los guiones, algo que resulta muy útil para quien quiera ponerse a escribir cuanto antes. De una forma sucinta, el autor explica todos los pasos necesarios para elaborar un buen guion, aunque, como él mismo reconoce, no existen fórmulas mágicas, tan solo grandes historias y personajes interesantes.

Mariano Sánchez SolerEn cuanto a su estructura, Manual esencial del guion cinematográfico consta de una breve presentación, diez capítulos, dos anexos y una bibliografía esencial. Quizás pueda parecer demasiado para que quepa en apenas un centenar de páginas, pero ahí radica su mérito, en el hecho de que es capaz de concentrar lo que otros autores, como Robert McKee, Syd Field, Michel Chion o Aldo Morelli, por citar únicamente a los más importantes, han expuesto en manuales mucho más densos. Tras la presentación, dos citas –de Marcelo Figueras y Fernando León de Aranoa, respectivamente– sirven como detonante para el primer capítulo, que aborda el lenguaje específico del guion, que debe “construir una historia en imágenes” sin olvidar las nociones de equilibrio, ritmo y economía de medios. A continuación, se ocupa de la estrecha relación que debe existir entre el guion y la narración, pues el primero no es más que una narración en imágenes, en la que las frases y los párrafos han sido sustituidos por planos y secuencias. Además, una de las cuestiones que nunca se deben perder de vista es que el guion nunca es fin en sí mismo, sino un medio para rodar una película, un borrador de lo que el director finalmente llevará a la pantalla.

Muy interesante es el tercer capítulo, titulado “Recursos narrativos esenciales”, donde Sánchez Soler se ocupa de la elipsis (“lo que se cuenta pero no está en el film”), del subtexto (“lo que se dice sin decir”) y de ciertos recursos visuales que vendrían a actuar en el cine como los signos de puntuación lo hacen en la escritura: fundido (cambio de capítulo), esfumado (dos puntos o punto y coma), encadenado (punto y seguido) y panorámica borrosa (puntos suspensivos). En los capítulos siguientes, trata de los personajes y de la historia, desde la idea central, la trama y el argumento, hasta la sinopsis. Se detiene, por ejemplo, en el análisis del protagonista de Veredicto final (The Verdict, Sidney Lumet, 1982), interpretado por un genial Paul Newman, a quien le da la réplica un antagonista no menos excepcional, el siempre elegante James Mason.

Manual esencial de guión cinematográficoEn los últimos capítulos, Sánchez Soler desciende a cuestiones algo más prácticas, pero necesarias para quien quiera escribir un guion. En ellos se encarga de la escaleta (o resumen de pasos), del tratamiento (o desarrollo de la sinopsis a partir de la escaleta) y de los diálogos (que deben servir para completar la acción y caracterizar a los personajes), ejemplificados en tres grandes muestras, Casablanca (Michael Curtiz, 1942), Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954) y Chinatown (Roman Polanski, 1974). El capítulo que cierra el libro es “El guion (llamémosle) literario”, una suerte de resumen y conclusión de todo el volumen.

Como este Manual esencial del guion cinematográfico no olvida en ningún momento su condición pedagógica, en ocasiones Sánchez Soler actúa como el profesor que es y nos pone tareas, algunas de ellas simplemente geniales, como cuando nos propone que escribamos lo que le dice Bill Murray al oído a Scarlett Johansson en la última escena de Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003). Podríamos hacer la prueba y reeditar la escena con nuestro diálogo, aunque solo fuera para comprobar que la mejor opción era, sin duda, la elegida por la directora, que prefirió no formular en palabras lo que no hacía falta decir. Todo un acierto del guion, sin duda, y el mejor consejo que puede recibir un guionista.

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