El sueño americano fragmentado

A Better Life

Chris Weitz, EUA, 2011

Por Cristina Bringas

Cartel de la película A better life

“Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, esta frase, que durante años ha sido conocida en el país, refleja el peso que la Unión Americana tiene sobre su vecino del Sur. La influencia llega en todos sentidos y por todos lados: la música, el cine, la televisión, los productos, y ya no es sólo su cercanía física, sino también la globalización, y por supuesto la misma comunicación familiar que ahora se da entre sus habitantes.

Ya son generaciones de mexicanos que han decidido cruzar “al otro lado” para alcanzar el tan anhelado “sueño americano” de una vida con más calidad y muchas oportunidades. Ahora, ya son hijos, nietos y todo un linaje de personas que han dejado la mexicanidad para ser ciudadanos norteamericanos –o en su defecto, chicanos-. En México, hay pueblos enteros que se han quedado sin mano de obra, campos que cada día están más abandonados y familias fragmentadas con ilusiones y carencias.

A Better Life, la última película de Chris Weitz (About a Boy 2002, La brújula dorada 2007) cuenta la historia de Carlos Galindo, un mexicano que lleva viviendo ilegalmente en California varios años, sin muchas oportunidades y con un hijo adolescente  (ciudadano americano) con el que tiene serios problemas de comunicación.

Fotograma de A better LifeDe primera lectura la cinta se refiere a la problemática, cada vez más complicada y creciente, de la migración en Estados Unidos. Por un lado, la sociedad se ha ido transformando, dando como resultado subculturas, racismo, problemas interculturales, clasismo y un sinnúmero de consecuencias sociales que complican la cohesión y desarrollo económico, político y social del país del Norte, con la consiguiente implicación hacia la comunidad latina. Por otro lado, recuerda al espectador la difícil vida que significa estar lejos de casa, con miedo a ser deportado, sin posibilidades de igualdad en condiciones adversas, viviendo en la nación de los sueños pero en medio de pesadillas.

Bichir, en su primer papel protagónico en Hollywood, interpreta a un hombre que aspira a alcanzar sus sueños, pero cuyas circunstancias le harán una mala jugada en el camino. No obstante el peso de esta línea argumental, y además de que representa una cruda realidad que sucede día a día y que ha levantado polémica y múltiples iniciativas de ley, no es éste el tema principal que Weitz ha intentado retratar.

Una vida mejorTener “una vida mejor”, en la realidad de Carlos Galindo, no estriba en ganar más dinero, tener un auto o regresar a México glorificado y exitoso, sino en saber que su hijo está seguro, que accederá a la educación que necesita, que tendrá muchas más oportunidades, pero sobre todo que será feliz. Galindo lucha por todo esto, pero además añora –con todas sus fuerzas- lograr el entendimiento con su hijo adolescente.

Poco a poco se van desvelando temas que van mucho más allá de las fronteras físicas, y que son más bien paredes mentales. La distancia que Luis (José Julián) impone hacia Carlos radica en el “rencor” y juicio que el chico hace por las condiciones en las que vive, la realidad que le toca y el tipo de padre (mexicano, inculto, ilegal) que tiene. Aunado a esto está la cultura que los rodea, las diferentes costumbres con las que se criaron y su modelo aspiracional adquirido.

Fotograma de la película Una vida mejorAsimismo, la falta de atención, del padre al hijo, por el trabajo excesivo y los intereses dispares de ambos, aumentan el trecho y las diferencias, provocando que Luis busque llenar esos espacios en diversiones banales que lo obligan a tomar decisiones que lo conducirán directamente al mundo de la presión social.

El camino que deben recorrer ambos, y que Weitz plasma en la cinta, es aquel que los guiará a un profundo entendimiento, una vez que los dos salgan de su zona de confort y se enfrenten a la vida juntos, aportando a su dinámica lo que cada uno es. En esto es en lo que estriba alcanzar “una mejor vida”, que quizá no sea directamente el sueño americano, pero, sí, la cúspide de las aspiraciones del ser humano: la felicidad.

A Demián Bichir –cuya carrera siempre ha ido en ascenso y se ha consagrado como uno de los mejores actores mexicanos- esta primera aparición protagónica le ha valido ya la nominación al Oscar, y aunque no es su mejor papel –hasta ahora- sí es una interpretación que lo ha llevado a tocar fibras sensibles. Carlos es un padre capaz, trabajador y amoroso, pero con una lista larga de defectos, temores y limitaciones. Es esta ambivalencia lo que hace a su personaje tan humano, vulnerable, creíble y, por ende, conmovedor.

El director ha atinado también en trabajar con la mitad del reparto mexicano o mexico-norteamericano lo que le da mucha más solidez a la historia. Además, ha logrado mostrar con claridad –pero sin profundizar- el fenómeno de las pandillas y la forma en la que viven y actúan sobre su entorno.

Con una narrativa sencilla y visualmente práctica, A Better Life se pinta de colores cálidos (que a momentos rayan en la asfixia del desierto y la desesperación) para ir contando la vida de esta familia que debe encontrar su cauce, aún pese a todos los parteaguas que les deparan en los casi cien minutos de drama que los contienen.

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