Cuitas del amor a la naturaleza

Alamar

Pedro González-Rubio, México, 2009

Por Pablo Gamba

Cartel de la película Alamar

Al final de Alamar hay un texto que pareciera ser más pertinente en un documental sobre la vida silvestre que en una película de ficción sobre un tiempo que pasan juntos un padre y su hijo, como es el largometraje dirigido por Pedro González-Rubio. “Banco Chinchorro es el arrecife de coral más rico de México y es parte de la segunda barrera coralina más grande del planeta. Cuna y asiento de una forma de vida natural única, se han hecho esfuerzos para que Banco Chinchorro sea declarado patrimonio mundial”, puede leerse allí.

Eso indica que la cinta es más que lo que superficialmente parece: una home movie grabada en video en un espectacular sitio natural, por un camarógrafo singularmente habilidoso y con la ayuda de un sonidista, que tiene como actores a tres miembros de la que fue una familia: Jorge Machado, Roberta Palombini y el hijo de ambos, Natan Machado Palombini.

Banco Chinchorro es un hogar más que acogedor y paradisíaco para los pescadores, lo que se hace explícito en la manera como el padre llama al rancho en el que vive: la casa de la felicidad. Incluso el cocodrilo, la única criatura que parece amenazante para los seres humanos en ese lugar, vive mansamente junto a la gente, casi como si fuera una criatura del Edén. Los mitos del buen salvaje, Robinson Crusoe, Tarzán, etcétera, advierten que todo eso debe ser considerado con suspicacia. Pero si se presta atención a los detalles, también podrán descubrirse matices y paralelismos que ponen en duda esa chata interpretación.

Fotograma de la película AlamarCon el estereotipo de la melena y el torso desnudo del pescador contrasta su forma de hablar, en un español articulado de persona instruida. Es distinta de la manera de expresarse de Matraca, cuyas palabras resultan difíciles de entender. Jorge es además conocedor de los hábitos migratorios de los pájaros y queda claro que, a pesar de que es un adulto, todavía está aprendiendo el arte de pescar de su experimentado compañero. Si vive en el arrecife parece ser principalmente porque está enamorado de esa vida, no porque sea como las demás criaturas silvestres de ese lugar ni porque la ignorancia lo mantenga encadenado a la pesca.

La película también plantea preguntas acerca de la madre de Natan, esa italiana que fácilmente caería en el estereotipo de la europea que viene al trópico a la búsqueda del amor de los nativos. La mitad de la película tiene como eje el seguimiento de Blanquita, la garza que llega a la casa de Jorge para saciar su apetito de viajera con los insectos que se crían en la madera. Es clara la analogía con la mujer blanca: desplazarse de un continente a otro para tener hijos puede ser un comportamiento tan natural en algunas personas como en ciertos animales, no consecuencia de la frivolidad o la alienación. Es un personaje ausente de casi toda la historia, además, lo que identifica su perspectiva con la del espectador, como se verá.

Imagen de Alamar, película mexicanaEn relación con todo esto es que hay que considerar el mensaje ecologista que antecede a los créditos. Alamar trasciende el tópico del paraíso perdido en la consideración del problema de la relación del hombre con la naturaleza, para profundizar en por qué experimentar la vida en Banco Chinchorro es para dos personajes de la película como hacer pompas de jabón y verlas deshacerse inmediatamente en el aire, tal como muestra la metáfora del final del filme, aunque tengan vínculos sentimentales y de sangre con ese lugar, y para el tercero, en cambio, representa la firme elección de lo que para él es una vida de felicidad.

La ruptura de Jorge con Roberta se produce por diferencia de sentimientos hacia la vida moderna, a la vez que por el misterioso destino del amor que une y separa a las personas. Es también manifestación de una necesidad natural de la mujer de migrar, reproducirse y partir, semejante a la de las garzas, y del hombre de quedarse allí y ser uno con ese lugar, como los peces. Pero en ambos permanece el vínculo afectivo con Natan, que es también la garantía de la continuación de la especie. ¿Cómo amar bien a la naturaleza porque nos da sostén y permite la reproducción de nuestra carne, aunque por otras razones uno necesite romper y alejarse de ella, como le ocurre a Roberta con el Edén de Banco Chinchorro? Esa es la pregunta ecologista que Alamar hace a los espectadores, más allá de la defensa del patrimonio natural y la seducción del paisaje.    

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