Sin novedades en el frente

Declaración de guerra

La guerre est déclarée. Valérie Donzelli. Francia, 2011

Por Javier Moral

Cartel de la película Declaración de guerraApenas han bastado un par de cintas en su currículum para advertir que Valérie Donzelli se sobra consigo misma para rellenar el a menudo problemático binomio director-actor principal. Bajo esta fórmula que, parece será una constante en su carrera (la continuidad como coprotagonista de Jérémie Elkaïm, con quien tiene un hijo en la vida real, lo confirma), quiere continuar retratando el encanto de lo amargo, aunque lo que le sale es, más bien, una conversión de lo amargo en encantador. Y esta premisa no es válida para según que circunstancias ni, por supuesto, para según que públicos.

Declaración de guerra se presenta con un tono desolador que, poco a poco, pretende mutar en esperanza. La pretenciosa tontería de llamar Romeo y Julieta a los protagonistas solo sirve para anunciar el futuro fracaso de la pareja. Bien, no pasa nada si entendemos esto como una advertencia para fijar la atención en la enfermedad del crío. El optimismo de la pareja, a prueba de balas, es tan poco creíble como la propia relación, que se dibuja a partir de ecos de Amélie (Le fabuleux destin d'Amelie Poulain, Jean-Pierre Jeunet, 2001) o Quiéreme si te atreves (Jeux d'enfants, Yann Samuell, 2003), entre otros artificiosos trabajos. Ojo, no considero una objeción el préstamo de referentes tan válidos, pero no apruebo el hecho de que sirvan, no para espolvorear azúcar sobre una realidad muy circunspecta, sino para disfrazarla sin tapujos. Quizá no lo haya interpretado en su verdadero sentido (y a la vista de la crítica, debo ser el único). Es que da la sensación de que Romeo y Julieta se separen por volcarse demasiado en su hijo y no por el agotamiento a causa de la enfermedad. Es decir, el tumor no se percibe como uno de los beligerantes de la guerra a la que alude el título, a diferencia de padres e hijo. En este sentido, sin que sirva de precedentes, me resulta mucho más efectiva la absurda extravagancia El futuro (The Future, 2011), de Miranda July -que comparte con Donzelli la afición ensayística de expresar sentimientos partiendo de su propia interpretación-, donde se da cuenta de que cualquier idea nimia, o incluso la simple apatía, pueden dar al traste con una sólida (en apariencia) relación.

Declaración de guerra 1Si seguimos el método parental y trasladamos la atención al bebé, la cosa no mejora, tan solo se complementa. La redundancia en el tratamiento médico hace caer el horror del padecimiento en una cotidianeidad, como si fuera un resumen de la oscura odisea hospitalaria de La muerte del Sr. Lazarescu (Moartea domnului Lazarescu, Cristi Puiu, 2005), pero sin su propósito de denuncia (aunque parece adivinarse una crítica al sistema sanitario francés, los títulos de crédito elogian su funcionamiento). El entorno del tumor se gestiona desde un tono tan apesadumbrado que ralentiza el ritmo, tendiendo a estancar la progresión de la historia. Entiendo que la sucesión de noticias negativas buscan un duro contraste con el ánimo incondicional de los amantes, pero termina por dejar de conmover. El intento de compensar las dos vertientes, bebé y pareja, provoca que el aburrimiento se instale en un metraje que deambula en tierra de nadie.

Declaración de guerra 2He de reconocer que el arranque de la cinta me sedujo. De una forma paralela a la desgracia, parecía que se iba a contar una pintoresca historia de amor, con final feliz o triste (como las de las películas antes citadas), donde sí habrían venido a cuento todo tipo de efectismos. Pues no: solo se alude a una fe que alienta al espectador alicaído, en el mejor de los casos. Y, para eso me quedo con Cashback (Sean Ellis, 2006) y, sobre todo, con Olvídate de mí (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Michael Gondry, 2004). No sé si me traicionarían mis expectativas, pero la verdad es que me cuesta ver Declaración de guerra como algo más que un intento bohemio por crear un ecosistema habitado por un par de "moderniquis" con sus respectivas familias (la inclusión de las lesbianas de mediana edad me suena a recurso vacuo del cine cool). Su vocación "videoclipera" es su baza más interesante, un intento casi desesperado por transgredir convencionalismos y dinamizar un ritmo muy plano, una llamada de socorro a una originalidad presente en una forma que no consigue ligar con el contenido, como si se tratara de un inconsciente desafío al hilemorfismo aristotélico.

No estoy llevando a cabo una crítica positiva, aunque me he dado cuenta de que, paradójicamente, el análisis de las imperfecciones de la cinta de Donzelli me está haciendo descubrir un cúmulo de referentes muy estimables. ¿Algo falla o soy yo el raro?

Trailer:

Más....

La mirada del otro (Críticas) (520)