Criaturas poco salvajes

Los Muppets

The Muppets. James Bobin, EUA, 2011

Por Pablo Castriota

Cartel de la película Los Muppets

En el comienzo de Los Muppets vemos un breve resumen sobre la vida de Walter, un encantador Muppet-civil que tiene una entrañable relación con su hermano Gary (Jason Segel). Vemos su no-evolución física contrapuesta al rastro del paso del tiempo en el crecimiento de su hermano. Pero por sobre todo, vemos la admiración incondicional que Walter siente hacia los Muppets-artistas, sobre la importancia que éstos tuvieron en su vida, forjando una pasión que su hermano Gary comprende y comparte, y sobre la que se sustenta buena parte de la solidez de su vínculo.  Sabemos que para Walter los Muppets y el apoyo incondicional de su hermano Gary serán de vital importancia dentro de la película, y comprendemos también que las emociones que ambos suelen compartir juntos van de la mano con el recorrido artístico de las peludas marionetas, ya retiradas de la vida profesional. Lo que sigue a esta simpática introducción es un número musical espantoso, protagonizado por Gary y Walter, que para colmo de males está cruel, despiadadamente doblado al español, cuestión a la que el público español ya estará tristemente habituado desde hace mucho tiempo, pero que por estas pampas no está consolidada aún –y esperemos que nunca lo esté. Este ultraje al que las distribuidoras nos sometieron en el verano porteño más húmedo y caluroso del que se tenga recuerdo es uno de los atropellos artísticos más significativos de los últimos tiempos. Si bien es cierto que un número considerable de películas destinadas al público infantil suelen salir al mercado con muchas copias dobladas al español, por lo general suelen haber opciones en idioma original para todos aquellos que optamos por ellas a la hora de pagar una entrada de cine. En el caso de Los Muppets, la cantidad abrumadora de copias dobladas al castellano casi imposibilitó las chances de acceder a la película en su idioma original. Sin dudas cabe darle a la película el beneficio de la duda, ya que varios de sus puntos más débiles recaen de lleno en esos números musicales doblados al español, especialmente aquellos protagonizados por los actores “reales” (el mencionado Segel, la encantadora Amy Adams, el villano Chris Cooper), pero algunas incomodidades generadas durante su visionado me sugieren la idea de que son momentos torpes incluso aun dentro de la estructura de la película (particularmente el breve número musical del bar protagonizado en solitario por Amy Adams). No es hasta que los Muppets entran en acción cuando nos empezamos a sentir en un terreno mucho más cómodo, permitiéndonos creer en la posibilidad de que este tan ansiado regreso pueda estar a altura de los más grandes críticos del espectáculo que nos haya entregado la televisión norteamericana. Pero nada de eso ocurre, o no, al menos, en las proporciones en que hubiéramos deseado.

Fotograma de Los MuppetsLos primeros diez minutos de Los Muppets son una verdadera catástrofe, generan la muy perturbadora impresión de que uno de los regresos cinematográficos más esperados de los últimos tiempos puede llegar a convertirse en el gran bochorno artístico del año. Si uno recuerda que detrás de cámaras ya no se encuentra alguien de la pericia de Frank Oz, responsable de una de las entregas previas de las criaturas creadas por el fallecido Jim Henson, el asunto comienza a tornarse inquietante. Hay un pequeño aliciente generado por el hecho de tener presente que los responsables del guión son Nicholas Stoller (de la muy buena Get Him To The Greek) y Jason Segel (actor de Malas Enseñanzas, de Jake Kasdan, y la muy popular sitcom How I Met Your Mother), comediante de complexión física cuasi-gigantesca y con ostensible cara de “pelotudo”, fan confeso de los Muppets, ex marionetista, alguien propicio para un proyecto de esta envergadura, alguien a quien suponemos se habría tomado este regreso con la suficiente responsabilidad que la empresa requería. Segel es, además, coprotagonista y productor ejecutivo de la película, lo cual en caso de confirmar nuestras sospechas se convertiría en el principal acusado de nada menos que el pesado cargo de estropear una película de los Muppets, algo casi asimilable a un crimen de lesa humanidad en el código penal no redactado del mundo cinematográfico. Si bien los resultados no llegan a ser, por suerte, todo lo desastrosos que este comienzo hacía prever, no se puede decir tampoco que la película sea la experiencia gratificante y satisfactoria que debería haber sido.

Escena de Los MuppetsLos Muppets se encuentran retirados de la vida profesional, y cada uno de ellos vive un presente donde las viejas glorias quedaron guardadas en algún rincón de su memoria. Kermit (conocido, histórica, confusa y asexuadamente en la Argentina como la Rana René) vive aislado en una residencia con verja electrificada (uno de los chistes ácidos y corrosivos que la película debería haber podido ofrecer en más cantidades). Walter y su hermano Gary viajan hacia Los Ángeles y tratan de convencerlo de que reúna nuevamente a sus compañeros para impedir la demolición del museo memorial de los Muppets, el cual quiere ser destruido por un millonario empresario (Cooper) que planea extraer grandes cantidades de petróleo de sus tierras. Al líder de los Muppets no le tomará demasiado tiempo convencerse de que éste es un gran momento para volver al ruedo y se lanzará a la búsqueda de sus antiguos colegas, en lo que sin dudas es la mejor parte de la película, mostrando la actualidad de cada una de las entrañables criaturas, tales como la patética participación del Oso Fozzie en una banda tributo de los Muppets, o el aislamiento que mantiene recluido al maravilloso y bestial Animal en una comunidad terapéutica liderada por Jack Black. Gonzo, devenido magnate de los sanitarios y una frívola Miss Peggy que trabaja para una importante revista en París, se muestran como los más reticentes a volver bajo el pedido de Kermit, aunque no tardarán demasiado en dar el brazo a torcer e incorporarse al surtido elenco en pos del esperado regreso. Sin embargo, el operativo retorno no parece ser nada tentador para los ejecutivos de las actuales cadenas de televisión, demasiado empeñados en ocupar la grilla con programas estúpidos, vacíos, violentos, claras referencias sobre la actualidad del mundo del espectáculo que la película realiza respetando la tradición reflexiva de los Muppets sobre el showbiz y que dan cuenta del vacío catódico actual, de la falta de gran entretenimiento crítico y creativo que, entre otros, las peludas marionetas supieron ofrecer desde mediados de la década del setenta. Así es como los Muppets se ven obligados a devolvernos parte de su magia contando con muy pocos días de preparación y recursos escasos para montar un espectáculo televisivo en un viejo teatro abandonado, con el objetivo de recaudar los diez millones de dólares necesarios para recuperar su museo.

Es innegable que la textura y el colorido de los Muppets son gratificantes de ver en pantalla grande, pero el regreso termina siendo algo pálido y decepcionante. La inteligencia formal de los Muppets apenas se vislumbra en algunos gags, particularmente en aquel donde Walter, Gary, Amy y las marionetas resumen un extenso viaje desde Los Ángeles hacia París, a través de un recorrido gráfico de mapa típico de los dibujos animados. El timming perfecto se sostiene, pero los cameos de celebrities, una marca registrada de sus programas de televisión que siempre resultaban graciosos y adecuados, aquí lucen gratuitos y hasta desganados, como meros desfiles de rostros conocidos sin demasiada pertinencia en la trama (como ocurre con el de Dave Grohl, de los Foo Fighters, tocando en la banda tributo del Oso Fozzie, o el de John Krasinski, actor de la versión americana de The Office, en los créditos de cierre). La subtrama que involucra la relación entre Gary y Amy es pesada, entorpece la fluidez del relato, interrumpe el entusiasmo de ver a los Muppets más tiempo en pantalla. La película debería haber sido toda de ellos, se tendría que haber sumergido mucho más en su universo. Cualquier sketch suelto que puedan encontrar en el canal de You Tube de los Muppets, o la simple revisión de sus películas previas podrán compensar la decepción y la frustrante sensación de oportunidad desaprovechada que genera este regreso sentido, sí, pero también algo perezoso y tacaño.   

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