Calm down, calm down

Redención

Tyrannosaur. Paddy Considine, Reino Unido, 2011

Por Déborah García Sánchez-Marín

Cartel de la película Redención

A la salida de un pub, un hombre maldice e insulta. Junto a él, su perro gimotea. El hombre continúa gritando, a la vez que lanza una lata de cerveza al aire y le da una patada. El perro sigue a su lado sollozando, mientras la cámara lo enfoca. El hombre sigue fuera de sí, mientras desata al perro, que ansioso comienza a ladrar. Súbitamente, el hombre comienza a patearlo. El perro muerto yace en el suelo. Joseph se arrodilla y lo recoge. No muy lejos de allí, en la misma ciudad, vemos un coche aparcando en el porche de una casa, dentro, la cámara a pocos centímetros del suelo, nos muestra a una mujer durmiendo en el sofá. El hombre que conducía el coche llama a la mujer por su nombre, apaga y enciende las luces, pero ella no contesta. Él se aproxima lentamente al sofá y empieza a mearla. Sale de escena y, pasados unos segundos, Hannah abre los ojos.

Fotograma de la película RedenciónRedención es el debut tras la cámara del actor Paddy Considine, una película que se desarrolló primero en forma de corto, Dog Altogetheer, donde Peter Mullan representaba también el papel de Joseph, un hombre en paro, viudo, totalmente dominado por la rabia y la ira, y que consume su tiempo bebiendo en los pubs y buscando pelea. Su mejor amigo se está muriendo de cáncer, y la única compañía que tiene es la de su perro. Un día, tras una pelea, se esconde en la tienda que regenta Hannah, una mujer amable y sencilla, de profundas convicciones religiosas, que intenta tranquilizarlo. Entre ambos se establece una extraña relación, de alguna manera se complementan. Joseph parece tener la fuerza que Hannah necesita, y ella posee la resignación y la calma que a él le faltan.

Redención, críticaEn Redención, la cámara no se anda con remilgos, y nos enfrenta sin concesiones a unas imágenes durísimas a lo largo de todo el metraje: las humillaciones a las que Hannah es sometida por su marido, o los accesos de violencia de Joseph. El director recrea a la perfección la sordidez de algunas comunidades y la truculenta historia que existe detrás de personas en apariencia normales. La película no hubiera funcionado sin las interpretaciones de ambos protagonistas, unas interpretaciones potentes, llenas de fuerza y de ira, donde es todo el cuerpo el que actúa, pasando de la contención a la explosión.

Redención, la películaLa violencia está muy presente en el filme, y también en la historia del cine británico de los últimos sesenta años; forma parte de él casi de manera obligada desde que Lindsay Anderson, teórico de los angry young filmakers, instara en la revista Sight and Sound en 1956 a aquellos jóvenes cineastas a elaborar con ella un lenguaje que definiera, no sólo su cine, sino también la sociedad en la que estaban inmersos. El cine se hizo eco del malestar de la juventud británica de los barrios obreros. Desde aquel Stand Up! Stand up![1], el cine funcionaba como una radiografía de lo social, y era en lo social donde la comunidad se expresaba mediante la pertenencia al grupo, con el que se compartía el gusto por la misma música y la vestimenta, y donde la violencia era otra expresión de la práctica en sociedad. El puñetazo como ideología y las palizas como expresión colectiva de la apatía y el desconcierto. Aquel era un cine que miraba hacia afuera, igual que la música. Es como decía Mike Jones, de The Clash, en el documental Joe Strummer: The Future is Unwritten (Julien Temple, 2007): “Lo que hay que hacer es mirar ahí fuera, para escribir una canción. Está todo ahí fuera”. Londres ardía[2] y se cantaba. Con el cine sucedía algo parecido, las imágenes que abrían las películas eran planos de una ciudad como en Bronco Bullfrog  (Barney Platts-Mills, 1969), un chico corriendo hacia el grupo como en Awaydays (Pat Holden, 2009) o  un tipo en su moto como en Quadrophenia cabalgando la ciudad (Frank Roddam, 1979).

En contraste, en Redención, vemos a Joseph en penumbra, en la soledad de su cuarto, sosteniendo un bate. Hoy, que el cine británico ha transformado ese trillado realismo y es capaz de mirar con indulgencia al interior de sus personajes (y no sólo a su representación o expresión en lo social), renueva la rebelión contra uno mismo, que es la única que hoy parece posible.



[1]  Stand Up! Stand Up! Artículo publicado en el número 2 de la revista Sight and Sound, 1956.

[2] Referencia a la canción de The Clash, London is burning, de su álbum homónimo, The Clash, 1979.

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