Un refugio para la tormenta

Take Shelter

Jeff Nichols, EUA, 2011

Por Paula Segovia

Cartel de la película Take Shelter

Las tormentas naturales, ese choque de dos masas de aire a diferentes temperaturas que produce un pavoroso sonido, son un cúmulo de nubes oscuras y aterradoras capaces de arrasar con todo a su paso, pero pueden resultar, hoy, predecibles y controlables en sus consecuencias por el ser humano. Con su debida alerta nos podemos refugiar en un lugar seguro y esperar a que se  alejen en su paso rasante, a que se pierdan en el horizonte y den paso a la tranquilizadora claridad del Sol. Pero hay otras tormentas peores, incontrolables e impredecibles, las tormentas psíquicas, que chocan con nuestra razón y barren todo nuestro interior, dejando nuestras vidas a merced de su fuerza sobrenatural. Haciendo de nuestras existencias un torbellino demoledor, que arrastra a nuestros seres queridos. Ambas, independientemente de su magnitud y de su impacto en nuestras vidas, nos despiertan un miedo ancestral que difícilmente podemos verbalizar.

Take Shelter es la confluencia de estas dos temibles fuerzas, exterior e interior, ambas devastadoras, en un escenario muy propicio: una pequeña localidad rural de Ohio, un lugar apacible, llano, donde la naturaleza ha olvidado poner obstáculos a las tormentas que la sacuden año tras año. Allí, Nichols instala a Curtis (Michael Shannon), un trabajador de clase media, junto a su esposa (Jessica Chastain) e hija (Tova Stewart) en una buena vida, pero de frágil equilibrio, que con un simple soplo se puede desbaratar, como el retrato actual de la precaria vida hipotecada que no nos pertenece.   

Fotograma de la película Take ShelterNo estamos ante la vuelta de una película de es subgénero de “desastres naturales” o “cine de desastres” que se impuso en la década de los setenta, como Terremoto (Mark Robson, 1974) que supo sacar partido al “sensurround”, o la taquillera Twister (Jan de Bont, 1996) en los noventa que sigue la saga. Ni ante los pronósticos de un joven sismólogo o los científicos en disputa por desentrañar los misterios de un fenómeno natural, como protagonistas “seudo-científicos” que tienen la verdad en la mano. Y aunque Nichols nos muestra cielos encapotados con rayos y sonoros truenos, echando mano también al imaginario cinematográfico para aterrarnos con nubes de pájaros negros, un fenómeno que ya tiene el sello autoral de Hitchcock, toma una distancia prudente, que en lugar de acercarnos al cine de suspenso con tan obvia referencia, su balanza se inclina hacia el “thriller psicológico”. Se vale del fenómeno natural como una significativa metáfora, que por momentos cae en una reiterativa explicación de ese universo cerrado y oscuro que es la mente humana, y que se manifiesta en sueños, premoniciones y alucinaciones de un hombre común y corriente. Así, la naciente esquizofrenia de nuestro protagonista se traduce en mensajes proféticos, apocalípticos, como una vía de escape de una sociedad profundamente cristiana y conservadora, que ora antes de consumir los alimentos, pero que también estigmatiza la enfermedad psíquica que padece y la discapacidad sensorial de su hija. La América profunda, apacible y nostálgica, pero también, cruel y castigadora.

Escena de Take ShelterLa odisea de Curtis es lograr un refugio seguro de la tormenta, no importa endeudarse más, este paranoico mundo actual nos asegura la salvación en préstamos bancarios. Construir bajo tierra, cual refugio atómico de la Guerra Fría, aprovisionarse de comida enlatada ante la escasez de la tragedia, disponer de máscaras de gas y todo lo que asegure la supervivencia egoísta de su núcleo familiar ante el cataclismo que se avecina. La tormenta exterior amenaza y avanza inexorablemente, el peligro es inminente. Paradójicamente, la tormenta interior lo sacude y lo golpea, diariamente vive las consecuencias devastadoras de su paso, lo que hace que él mismo construya su propio refugio que lo aísle, junto a su núcleo familiar, que garantice su exclusión y deje a la sociedad fuera del peligro que él mismo representa.

El personaje de Samantha (Jessica Chastain) logra ser el lazarillo de Curtis, evitando que sea arrastrado para siempre a la oscuridad. Su personaje de amante esposa da un paso más allá en su incondicional fidelidad y fortaleza inexpugnable, y muestra cómo la cohesión de la pareja es fundamental ante la adversidad, superando el tabú de la enfermedad mental. Sin embargo, cuando Nichols parecía encaminarnos por el camino racional y lógico de la cordura que debería imperar en nuestros tiempos, nos sorprende con la posible clarividencia de su protagonista, ese don ancestral y atávico como nuestro miedo, que como un polo opuesto, atrae a Samantha hacia la tormenta.

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