Sueños fantásticos compartidos

Viaje al centro de la tierra 2. La isla misteriosa

Journey 2: The Mysterious Island, Brad Peyton, EUA, 2012

Por Enrique Posada

Cartel de la película Viaje al centro de la tierra 2

La fantasía es una isla misteriosa de la vida. Cuando nos atrevemos a dejar nuestros espacios racionales y nuestras creencias y sentido común normales, para viajar a esos mundos insulares, entramos a una región en la cual todas las definiciones y las sensaciones se ven desafiadas y alteradas. Los colores se combinan y se mezclan saturando nuestra capacidad de admiración y de descripción; las formas se deslizan siguiendo ángulos extraños y se penetran manteniendo imposibles equilibrios. Los espacios se agrandan y se reducen, dando cabida al infinito y al vacío, que se mezclan provocativamente. El paisaje se extiende reuniendo en un solo panorama la más completa variedad, dando realidad a sueños y deseos. Los mitos parecen cercanos, todo se puede explicar, todo se puede hacer, no hay límites al heroísmo ni fatigas suficientes para agotar las energías.

Este es el mundo que el cine se atreve a poner ante nuestros ojos en tantas películas que pudiéramos llamar fantásticas. Para disfrutarlo se requiere un estado especial de la mente, en el cual nos dejamos llevar, sin oponer demasiadas resistencias. Las cosas suceden siguiendo las leyes de la fantasía, para que lo imposible sea enteramente cercano y apetecible, para que lo podamos degustar, excitando nuestros sentidos hasta alcanzar la sintonía con la nueva realidad que se nos propone. Las leyes de la fantasía extienden el funcionamiento de la realidad hacia lo imposible, de tal manera que lo grande se vuelve pequeño y lo pequeño infinito; el cansancio y la fatiga desaparecen mitigados por la voluntad, las ganas y el ensueño; las limitaciones se transforman en poderes mágicos y las leyes de la naturaleza se suspenden para dar cabida al milagro: aparecen los móviles perpetuos de todas las clases, animados por la energía del intento invencible y los seres humanos se comportan como héroes o como villanos extremos, sin espacios para la mediocridad.

Fotograma de Viaje al centro de la tierra 2Este es el mundo que ciertos escritores se atreven a inventar y a describir, notablemente Julio Verne, el maestro de maestros de la fantasía. Sus viajes fantásticos se adentraron en todos los espacios y el cine no ha sido extraño a estas jornadas y ha aprovechado sin reservas su increíble imaginación. Este es el mundo al cual entramos en Viaje 2: La Isla Misteriosa. Nuestra jornada, apropiadamente, se hace en compañía de un joven rebelde y su padrastro (representando una típica familia actual de los países desarrollados) y de una joven y su padre cercano (simbolizando una tradición que muere poco a poco, todavía fuerte en los otros países, de una unión dependiente entre padres e hijos). Los acompaña el abuelo del joven, un explorador, científico, solitario, un poco loco, quien abandonó a su familia y a la civilización en busca de islas misteriosas y de mundos fantásticos. Se encuentran en un lugar que reúne las imaginaciones combinadas de tres grandes escritores clásicos de la aventura exploratoria: de Roberto Luis Stevenson, la Isla del Tesoro, de Jonathan Swift los viajes de  Gulliver y de Julio Verne, la isla Misteriosa y las 20.000 leguas de viaje submarino del capitán Nemo.  

Viaje al centro de la tierra 2, la película¿Cómo es esta isla fantástica? Los recursos y la creatividad del cine permiten diseños casi ilimitados. Todos lo sabemos, a partir de centenares de filmes ricos en efectos especiales cada vez más atrevidos. Luego de Avatar, con sus islas colgantes en el cielo, sus bosques sabios, su exuberante ecología y sus animales inteligentes y sensibles, casi que hemos llegado al límite de la imaginación y del diseño. Sin embargo, de eso se trata, de viajar con energía renovada a nuevas propuestas, que ilusionen  a los públicos, de forma útil, con nuevos paradigmas, para vencer la indiferencia y la monotonía de esta civilización. El director y los guionistas han concebido una isla muy hermosa, rica en colores, espectacular, que vale la pena apreciar con gusto, profusa en flores, mariposas, caídas de agua, vida y paisaje. Aunque se nos antoje un poco semejante a lo que es la vida moderna, que parece tenerlo todo, al estilo de lo que sería un legoland o una tienda de juguetes, ilimitada en objetos variados y creativos, hay que dejarse llevar. El conjunto que ha resultados es una obra atractiva, de secuencias rápidas que no dejan mayores espacios para la duda, el análisis o el cuestionamiento. Elefantes pequeños aparecen, que se dejan cargar como mascotas; abejas gigantes se dejan domesticar de inmediato, sin necesidad de entrenamientos y llevan a los personajes por el cielo, maniobrando como aviones modernos para evitar que todos sean comidos por hermosos pájaros asesinos; un volcán emite cenizas de oro, la isla surge y se hunde en ciclos de creación y destrucción. Pero la fantasía, la exuberancia y los colores son apenas el marco que da sentido a las emociones y a las historias que vive el grupo de viajeros. Estos son los que le dan un hilo conductor y un  sentido a este viaje.

Crítica de Viaje al centro de la tierra 2Acá es donde se puede juzgar una película de este género fantástico. Siguiendo a Verne, a Stevenson, a Swift, los mundos fantásticos lo que hacen es servir de pretextos para adentrarse en el alma humana y examinar sus potencialidades creativas. ¿Podrá el hombre resolver los grandes desafíos con ayuda de la imaginación, el apasionamiento, el sentido de compromiso y de aventura y la intuición? O ¿será derrotado por la violencia, la guerra, el dolor, la maldad y los desastres naturales y ecológicos? En los mundos fantásticos de los escritores modernos, especialmente Julio Verne, el ser humano encuentra la salida con base en el ingenio, en la ciencia, en la tecnología que es amigable y que se domina, en la capacidad de observación. Todo sale bien al final, vence el talento. Igualmente ocurre en la historia que nos ocupa (No sería quizás financiable un esfuerzo épico de esta magnitud para crear un cine de fantasía negro en el cual los personajes mueren devorados por la naturaleza y por sus propias debilidades). Pero como estamos ad-portas de un posible calentamiento global desastroso, que puede convertir al planeta en una isla inhóspita, quizás deshabitada por los humanos, quizás quede la inquietud de que no habrá posibilidad, ni fantasía, ni talento que nos rescate.

Sin embargo acá, quizás sin saberlo, los realizadores están planteando un nuevo paradigma, que se puede distinguir detrás de las fantasías del paisaje: la unión de jóvenes entusiastas y de adultos abiertos, la sabiduría de los viejos que no han perdido la vitalidad; el aporte colectivo  de razas y de modos de pensar distintos y la belleza claro-oscura y el encanto de los seres humanos que se enamoran y se abrazan, puede hacer que salgamos adelante, en la medida en que tengamos sueños compartidos y sentido de la imaginación y de la fantasía.

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