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Love will tear us apart

Control. Anton Corbijn, Reino Unido, 2007
Por Manu Argüelles

 

Alguien tendría que empezar a reconocer que el rock puede formar parte de la trayectoria vital de una persona de forma indisoluble.Control Así parece en el caso de Anton Corbijn, artista multidisciplinar que ha dedicado y dedica el grueso de su producción artística a mayor gloria del rock.

Mi conocimiento de su meritorio trabajo se debe precisamente a su raigambre con grupos como U2 o Depeche Mode, con los que ha contribuido de forma capital en la configuración de la imagen pública que han querido proyectar. Ya sea a través de las fotografías promocionales o las destinadas a las portadas de los discos. Bien contribuyendo en la puesta en escena de los conciertos o realizando vídeo clips, Anton Corbijn se presenta en el amplio terreno del audiovisual como uno de los artistas más notorios vinculados a la música rock por mucho que al propio afectado no le guste la etiqueta de "fotógrafo del rock".

Podría parecer que Control, su debut en el largometraje respondería al salto evolutivo lógico en su carrera profesional, en pareja trayectoria a directores de vídeo clips (prestigiosos) ya asentados en el cine como David Fincher, Michel Gondry o Spike Jonze. Todos ellos, al igual que Anton Corbijn, se han esmerado en la transmutación del vídeo clip como una pequeña obra de arte dejando en un segundo plano el carácter promocional y mercantil. Este pálpito artístico y esta voluntad manifiestamente indagadora de nuevas fórmulas estéticas ha resultado una evidente carta de presentación en su salto al cine narrativo. Todos ellos han demostrado, unos más que otros, cierta mirada personal y cierto empaque narrativo y visual que han supuesto un soplo de aire fresco en la producción cinematográfica. En el caso que nos ocupa, Anton Corbijn parecía ser el último teniendo en cuenta que otros directores como Mark Romanek ya han dado el salto. Control en primera instancia no responde a esa voluntad.

Estrenada en Barcelona casi simultáneamente en un cine de reestreno y de estreno, respondiendo a la marciana exhibición cinematográfica española, Control parte de un impulso personal de Anton Corbijn, el cual conoció personalmente al malogrado y atormentado cantante de Joy Division en el Reino Unido de los 70. Trabajó brevemente con ellos y de esa conexión nace su voluntad de lanzarse al ruedo cinematográfico, realizando un biopic del intérprete.

Dead souls

ControlEn primera instancia, dada su carrera profesional, sorprende que en el tratamiento del biopic haya dejado en un segundo plano el itinerario de Ian Curtis como cantante del grupo Joy Division. Posiblemente se deba al material de partida, el cual no parece que Corbijn lo haya abordado como desencadenante, sino como base ficcional. Así, adapta Touching from a Distance escrito por Deborah Woodruff, viuda del malogrado cantante que sufrió continuas infidelidades.

De esta manera, se reduce el perfil biográfico de Ian Curtis a un asunto marital y quizás por ello achica excesivamente una existencia fulgurante y atormentada a un problema de no contención de las pulsiones amorosas , y un pavor a la enfermedad como pérdida del poder hegemónico del cerebro sobre el cuerpo. Porque a los ataques epilépticos que sufría el cantante se le otorga el valor simbólico de manifestación externa física del descontrol progresivo en el que se iba sumiendo su espíritu.

Asimismo, era tal la fuerza desbocada y la entrega en sus perfomances en vivo, que el cuerpo impulsaba una fuerza cinética que descoyunturaba la equilibrada relación de la mente con la materia. Un torrente de emulsiones anímicas que acaba en el fulminante ataque, como si su cuerpo fuese una presa que no podía evitar que el agua arrollase el muro.

Hay por tanto, un aliento romántico en el retrato de la figura de Ian Curtis, enigmático, taciturno y alienado en su fortaleza hermética que nadie podía traspasar, ya fuese su mujer o sus compañeros de grupo. Permanecía allí pero su esencia siempre estaba en el aire, lejos de las almas muertas que le llamaban sin cesar.

She's lost control

Se le puede reprochar al film que una vez finalizado sigamos sin poder hacernos un idea aproximativa de cómo fue Ian Curtis. Y esControl que creo que nos encontramos con el mismo problema de Sobrevivir a Picasso (Surviving Picasso, James Ivory, 1996). Estructurar un biopic tomando como referencia la memoria de una mujer despechada y que intuimos que nunca llegó a conocer a su marido, no creo que sea un buen punto de inicio para construir un film.

Precisamente quizás por ello, en el triángulo amoroso, la presencia de Annik Honoré como elemento discordante, sino hubiese sido interpretada por una actriz, el resultado hubiese sido el mismo.

Por lo que estos vaivenes sentimentales, que parecen una silla coja, aletargan el film, abocándolo a una reiteración que provoca que estemos ante un discurso narrativo que no sabe explotar sus posibilidades dramáticas.

Atmosphere

ControlLa falta de pericia en la descripción de los trasuntos íntimos se contrarresta en cambio en el apartado musical y cómo se integra en el guión, sin duda lo mejor del film. Corbijn coherente con su carrera profesional, filma la película en un blanco y negro solemne, austero y fúnebre habida cuenta que hablamos de un suicidio. De la misma manera, que sus músicos fotografiados adquieren una presencia suntuosa, ausentes de un fondo neutro y amplio que enfatiza la persona por encima del músico, dicha disposición compositiva le sirve a Corbijn para expresar el profundo aislamiento introspectivo permanente de Ian Curtis. En esa atmósfera que permite captar un lacónico y sombrío ambiente británico en la época post-punk, Sam Riley brilla interpretando a Ian Curtis. No solo se esforzó en cantar él mismo las canciones de Joy Division sino que además supo captar con precisión el sentir atormentado de un moderno Werther.

En síntesis, Ian Curtis, la atmósfera y por supuesto la banda musical que acompaña todo el film, ya sea mediante transiciones en el sonido musical con efectos extra-diegético a diegético en una misma secuencia, o bien cómo se proyectan las letras de las canciones en el argumento como expresión poética del sentir del protagonista, son los elementos que permiten que se salve el visionado el film.

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