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Brüno. Larry Charles, USA, 2009
Por Manu Argüelles

Y es que no se me ocurre mejor frase (coloquial) para definir el artefacto fílmico que construye Sacha Baron Cohen para articular sus Brunodiatribas ácidas y mordientes a la sociedad norteamericana. A medio camino entre los documentales (un tanto demagógicos) de Michael Moore y el formato de programa de sketches televisivo, Sacha Baron Cohen con la complicidad del director Larry Charles, aterriza en el ruedo cinematográfico por tercera vez a través de Brüno, un presentador televisivo homosexual y austríaco que hace de la frivolidad su estandarte y que bajo su sueño de convertirse en una auténtica star mundial viaja a la cuna por excelencia de la fabricación de estrellas mediáticas: USA.

En este film, no apto para espíritus políticamente correctos, fluctúan varias fuerzas que aunque descompensan el resultado no hacen restar mérito a la propuesta. Al margen de la veracidad de la presunta cámara oculta (herencia del formato televisivo) que sirve como testigo de la irrupción (y confrontación) del personaje ficticio en un entorno real, su voluntad de disparar a todo lo que se menea es encomiable aunque eso provoque una cierta dispersión y una irregularidad en sus tramos (algunos más conseguidos que otros). Hay una voluntad clara de provocar y no solo a la víctima de su farsa en la pantalla sino también al espectador a través de un humor procaz, subversivo, escatológico y sexual. Y desde luego que no se anda por las ramas. Se deja en casa las lindezas y no se corta un pelo en ser explícitamente verbal con el sexo desde un punto de vista gay que ni le hará congraciarse con la comunidad gay y muchos menos con el público heterosexual.

Aunque pueda parecer una contradicción no es una película pro gay y a su vez es una película anti homofóbica. Construir su personaje estirando hasta el paroxismo el estereotipo gay construido por el público heterosexual no le va hacer ganarse las simpatías de un cierto sector de público gay porque sigue perpetuando la imagen negativa de la figura homosexual a través de un personaje corto de luces, frívolo, superficial, racista y para más inri admirador de Hitler. Pero precisamente con un personaje tan extremo, pone sobre el tapete la estupidez y el primitivismo de la sociedad norteamericana más retrógrada, especialmente en la última parte (y la mejor) del film, en la que quiere convertirse en heterosexual.

BrunoAsí, Sacha Baron Cohen recoge la tradición de la escuela de humor irreverente británico de los Monty Python, recordando ese humor zafio, un tanto surrealista y deslenguado de la serie británica Little Britain. Una vez que los creadores de Little Britain son fichados por la HBO crean Little Britain USA donde confrontan a sus personajes británicos con la población norteamericana resultando de dicho choque de culturas un efecto demoledor para ambas sociedades. Brüno sigue esa línea: desde un punto de vista británico, infiltra a su personaje europeo como un intruso en la sociedad norteamericana para levantar ampollas y evidenciar la miseria moral de diferentes estratos de la sociedad norteamericana. Desde Hollywood, pasando por el sur norteamericano más rancio, para atreverse a hacer una parada en Oriente medio en su voluntad de ser pacificador entre israelíes y palestinos. Y es que como toda estrella filantrópica que se precie, Brüno también buscará su causa humanitaria que le haga ser una estrella a la altura de un Bono, Sting o Elton John.

La intolerancia que conlleva todo extremismo religioso y la superficialidad desprovista de cualquier jerarquía de valores son sus flancos principales a los que Sacha Baron Cohen disparará sus perdigonazos. Y entre esos disparos y su amor hacia el gag por el gag, viajamos de forma discontinua, ya que no todo está al mismo nivel de ocurrencia humorística. De forma inesperada, resulta bastante fallida en su primer tramo pero posteriormente contiene gags impagables como las entrevistas con varios convertidores de homosexuales o presentarse de esta guisa ante judíos ortodoxos. 

Bruno

Al margen de su arrollador éxito con su anterior filme, Borat (Larry Charles, 2006) de la que hereda similar construcción fílmica, un film de estas características no tendría salida a través de una major si no existiese una recepción favorable gracias a la acogida de crítica y público que ha conformado la Nueva comedia americana con la que guarda varios puntos de conexión.

Ese espíritu de derribar las barreras de lo políticamente correcto para establecer un humor grosero y directo, explícitamente sexual y a su vez tremendamente vitriólico, que huye de intelectualismos pedantes y que busca la provocación mediante la agresividad de un personaje tremendamente negativo, no está muy lejos de la tribu de Judd Apatow o de la órbita de Ben Stiller. Precisamente su primera parte, en el que se centra en la moda y el ámbito de los Ángeles, me hizo pensar que Ben Stiller ya lo hizo mucho mejor en Zoolander (Ben Stiller, 2001). Si una serie como Padre de familia (serie que utiliza el humor como arma para derribar tabúes y convenciones sociales) es lanzada desde la ultraconservadora cadena televisiva de la Fox, no es del todo extraño que un humor tan irreverente como el de Sacha Baron Cohen sea auspiciado por un major norteamericana. Si se hace caja, da igual que sea zafio, grosero y que ponga a la altura del betún a la sociedad norteamericana.

Lo que nos lleva a esa máxima de Maquiavelo. ¿El fin justifica los medios? Escenas como la de la visita al médium donde finge mantener sexo con el espíritu del cantante de Milli Vanilli, o el muestrario de prácticas sexuales pasadas de rosca, ¿son necesarias para articular una crítica al conservadurismo norteamericano? A algunos les resultará excesivo, gratuito e innecesario. Pero Sacha Baron Cohen justifica ir hasta el límite con tal de conseguir aquello que ansía: la provocación.

   


the Bruno movie Trailer
por truman_show85

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