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Disfrutando del silencio

Mapa de los sonidos de Tokio. Isabel Coixet, España, 2009
Por Arantxa Acosta

Isabel Coixet vuelve a la gran pantalla con un film intimista en el que la añoranza, el amor (correspondido o no) y el miedo a que te hagan daño Mapa de los sonidos de Tokiovuelven a aparecer entremezclados en un film a su más puro estilo. Y es que Mapa de los Sonidos de Tokio sin duda gustará a sus más incondicionales, pero también, aún reconociendo sus altibajos, cautivará a los amantes del cine que buscan historias simples en un mundo lleno de complejidad.

Depeche Mode escribió ‘Enjoy the Silence', una de sus canciones más conocidas, concibiéndola como canción melódica, como otro de sus hits no interpretados por su cantante principal, David Gahan. En la sala de mezclas vieron que la canción sería mucho más potente, si se le añadía a una letra con tanto sentimiento una base muy rítmica, muy pegadiza. Porque... ¿cómo valorar la importancia del silencio, más que cuando te ves privado de él? No en vano Coixet hace mención a esta canción un par de veces en su film...

El silencio, la calma, el anonimato en un mundo lleno de ruido. Coixet nos invita a conocer el vacío de sus personajes, y para ello nos sitúa en la que es una de las ciudades más hermosas del mundo, Tokio: en sus concurridas calles, en sus restaurantes de barrio, en su famoso mercado... en uno de sus cementerios, en la habitación de un hotel del amor... Tokio es el escenario perfecto para que la directora desarrolle la historia: Ryu es una tímida chica que lleva una vida solitaria, trabajando de noche en la lonja cortando pescado. Pero, en realidad, es una asesina a sueldo, que recibe el encargo de asesinar a David, un empresario español, por parte del gran magnate Nagara, ya que éste está convencido que David es el principal culpable del suicidio de su hija. Un ingeniero que trabaja como "recolector" de sonidos de la ciudad, que se obsesiona con Ryu desde el primer momento que la conoce, es el narrador del drama.

La historia puede parecer demasiado enrevesada, pero en manos de Coixet, maestra de la simplicidad, se convierte en creíble. Así, la directora nos habla de los sentimientos del ser humano: del amor y del odio, representados en Ruy o David y en el Sr. Nagara; de la añoranza y de la frialdad con la que puede responder una persona hacia los acontecimientos que le suceden en su vida; de la muestra del cariño y también de su represión; del arrepentimiento (Ryu limpiando cada domingo las tumbas de sus asesinados)... Pero también de sus necesidades más básicas, como son el sexo (David lo reconoce: "No voy a engañarte: cuando follo contigo estoy pensando en ella") y el hambre. En definitiva,  un universo de emociones en personas que, a priori, no creeríamos que podrían sentirlas... y es que Ryu es feliz sólo con oír su verdadero nombre saliendo de los labios de su amado... quizá porque en él encontró una persona tan miserable como ella, o quizá sólo porque ha conseguido encontrar a alguien en quién confiar... a su modo.

Mapa de los sonidos de TokioÚltimamente Coixet parece fiel a sí misma: el guión no tiene tanta fuerza como en sus films anteriores, y quizá abusa en demasía de frases lapidarias (aunque llenas de poesía, que en algunos momentos desentonan), pero la puesta en escena es de un innegable acierto. La fotografía (la colorida ciudad ayuda, claro) pero por encima de todo los encuadres desenfocados, con el motivo principal (una cara, un objeto) en una de las esquinas o parcialmente fuera de pantalla, obligan al espectador a fijarse en los detalles. Por supuesto, y cómo no, la banda sonora es excelente, mezcla sonidos de la ciudad, como no podía ser menos, con versiones de canciones occidentales (‘La Vie en Rose', por ejemplo) y  canciones tradicionales japonesas. Imprescindible.

Si nos acercamos a analizar los personajes y actores, sinceramente Sergi López no está a la altura, muy posiblemente por estar bajo la dirección de Coixet, pero su personaje podría haber sido interpretado de forma más ambigua, con una doble visión entre el novio destrozado y el amante cruel. Por otro lado, la figura del narrador es muy poética, sí, pero se hace pesado al saber que es un narrador imposible, ya que en realidad no puede haber visto o registrado los sonidos de muchas de las escenas que aparecen. Y Rindo Kikuchi está bien en su papel... aunque a veces parece demasiado impasible ante todo lo que ocurre. Sorprende gratamente en una de las escenas finales en el hotel junto a David, cuando ella, llorando, suplica que él no hable más... porque sabe que la va a dejar.

 Cosas que nunca te dije seguirá siendo, por ahora y al menos para mí, la mejor de Coixet pero, en cualquier caso, Mapa de los sonidos de Tokio está a la altura para quien no le importe disfrutar de las historias que reflejan la vida tal y como es, con su lentitud, con sus incomprensibles situaciones y, cómo no, con su roto silencio. Sólo dos recomendaciones finales: la primera, que quien quiera verla sólo para recordar, por haberla visitado unas vacaciones o simplemente porque está de moda, lo bonita que es la ciudad, mejor se pone un vídeo. La segunda, quedarse a ver los créditos, por la belleza de las imágenes que los acompañan y por la sorpresa final.

 

 

 

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