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Venezuela: El cine al Norte del Sur

Ubicado geográficamente a la cabeza de Suramérica, Venezuela fue perdiendo de forma paulatina la posición de privilegio que mantenía dentro del mercado cinematográfico suramericano, como uno de sus más importantes y destacados territorios.

La crisis social y económica que ha afectado al país desde hace más de una década, manifestándose en temas como la inseguridad, las constantes fallas eléctricas y equipos de este sector y la fuerte migración, que desde hace tiempo ha ocasionado la salida del territorio de numerosas personas (algunos la estiman en más de 7.5 millones de habitantes), casi un 25% de la población, lo cual ha influido de manera significativa en este tema.

Con un salario mínimo de Bolívares 130 (US $1,90) al cambio oficial actual, el impacto económico que esto genera, particularmente en sectores de bajos recursos o vulnerables como en personas de edad avanzada o con limitación de sus capacidades, ha originado una dependencia de ciertos sectores a programas sociales del Estado, que aporta al menos una bolsa de productos básicos de forma mensual, o al desarrollo de una economía informal, que les permite enfrentar sus exigencias al menos mínimas, para mantener un nivel de vida de supervivencia.

Hasta el año 2015, el país mantenía un promedio de espectadores anuales cercano a los 30 millones. Con una población aproximadamente similar a esa cantidad, el promedio de asistencia al cine durante muchos años se mantuvo en un número cercano a uno (1 ticket vendido al año por cada habitante). Según cifras suministradas por ASOINCI (Asociación de la Industria del Cine), una asociación civil de carácter privado, sostenida por los grandes estudios de Hollywood presentes en el país, y a través de la cual, desde el año 1990, se lleva un registro preciso del comportamiento del mercado cinematográfico local, para el año 2016, esta cifra anual de asistencia bajó a 19.013.796, lo que significó una caída de casi el 35% respecto al año anterior.

A partir de ese momento, si bien en 2017 este número subió a 21.226.361 (un incremento de casi un 12%), al año siguiente esta cifra fue en bajada constante. Un total de 13.782.756 para 2018 y 11.694.520 para 2019, marcó el número más bajo desde que se tenga registro localmente, con una disminución cercana al 60% comparada con el número de boletos vendidos en 2015. En cuatro años, el mercado se redujo a casi un 40% de su tamaño habitual, afectando no solamente a los sectores de la distribución y la exhibición, sino también al de la producción, siendo el mercado local el más importante para las películas realizadas en el país.

338 pantallas son las que actualmente componen el mercado de la exhibición cinematográfica en Venezuela. Totalmente digitalizadas y con buena calidad de infraestructura, incluyendo proyección y sonido, la cadena Cines Unidos se ubica a nivel de espectadores como líder de este sector con un 61.7% de participación de mercado, mientras que un 24.86% corresponden a Cinex, un 5,31% al circuito Super Cines, un 4,61% al grupo Cinepic y un 3.56% a cines independientes.

Cines Unidos

Venezuela cuenta con el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), como ente regulador de la actividad cinematográfica local. La Ley de cine actual, aprobada por el Congreso de la República de Venezuela en 1993, dio pie a la creación del CNAC, en sustitución de FONCINE, ente adscrito al Ministerio de Fomento, creado para controlar las actividades del sector. La Ley sufrió una importante modificación en el año 2005, publicándose esta el 26 de octubre de ese año, en la Gaceta Oficial número 5789, siendo actualmente la base legal, sobre la que se sustenta el sector.

Esta modificación del año 2005 incluyó un porcentaje de cuota de pantalla para el cine venezolano, además de la participación de la empresa privada vinculada a lo audiovisual (no solamente cinematográfica, sino también de sectores como el de la televisión, ya sea señal abierta o por cable, laboratorios de copiado y tiendas de video incluso), para que participen con un porcentaje de sus utilidades (variable para cada sector), en la creación de un Fondo de Promoción del cine (FONPROCINE), administrado por un fideicomiso según regula la Ley, y destinado principalmente para producción cinematográfica, además de apoyar programas de formación y seguridad social entre otros, en porcentajes establecidos por la propia Ley.

La crisis económica antes señalada, sumada a la pandemia generada por la Covid-19 y su impacto posterior, ha disminuido el monto recibido por FONPROCINE, afectando las áreas de financiamiento que se apoyaban a través del mismo. La gestión de estos recursos, se realiza a través del CNAC, quien los solicita a la Junta administradora de FONPROCINE, mediante un detallado programa que debe ajustarse a lo establecido en la Ley.

Los proyectos cinematográficos a ser apoyados con estos fondos, son analizados por un Comité de evaluación, conformados por personas vinculadas a diversas áreas de la industria (autores, productores, técnicos, distribuidores y exhibidores, entre otros), quienes tras un detallado estudio, envían al Comité ejecutivo del CNAC un acta donde recomiendan la aprobación de algunas de estas propuestas, siendo el propio Comité ejecutivo, quien valida estos aportes y las condiciones del mismo, a través de convenios que se consolidan desde la Consultoría legal de la institución.

Para el año 2024, la cifra de asistencia a salas de cine en Venezuela, se ubicó en 7.739.893 espectadores, 42.664 menos que los sumados en 2023 (7.782.557), pero por encima de los 2.027.659 de 2021 y de los 5.896.448 boletos vendidos en 2022. Una recuperación lenta, que como en casi todo el mundo, se vio afectada además por el obligado cierre pandémico y por el cambio en los hábitos de consumo por parte de la población, que encontró en plataformas streaming o en otras vías digitales, la posibilidad de acceder a contenido audiovisual que podían ser disfrutados desde la comodidad de un hogar.

Si bien la experiencia cinematográfica requiere de la visita a una sala de exhibición acondicionada de forma adecuada para ello, su disfrute (en esencia individual), depende de la empatía que se genera entre espectador y película, en un acto de comunión absolutamente personal, el cual se prolonga luego al comentarla, analizarla o discutirla en pareja o en grupo, convirtiéndola en un hecho social y cultural único. Es indiscutible además el carácter de entretenimiento que el cine ofrece, particularmente para personas o grupos (familiares o de amigos), que buscan a través de las películas vistas, elementos que le permitan emocionarse y disfrutar de un rato agradable.

Para el año 2024, las películas más vistas en el país fueron producciones como Inside Out 2 (1.565.551 espectadores), Despicable Me 4 (613.071) y Deadpool y Wolverine (477.317). En total, los diez títulos más vistos acumularon un total de 4.328.806 boletos vendidos, lo cual representa un 56% del total de asistencia a los cines durante ese año. Una cifra significativa, considerando que en Venezuela, a lo largo de los doce meses del 2024, se estrenaron 170 títulos.

Inside Out 2

El cine nacional contribuyó con diecinueve producciones locales que llegaron a la gran pantalla. Alí Primera, una película dirigida por Daniel Yegres, estrenada el 31 de octubre, sobre la vida de un célebre cantautor venezolano, cuya memoria y obra es rescatada por el régimen que rige actualmente el curso del país, logró acumular en dos meses la suma de 20.450 espectadores, siendo la producción venezolana más vista del año, contando con una importante campaña promocional de apoyo, generada por el propio gobierno. En total, los diecinueve títulos estrenados sumaron 99.587 boletos vendidos (1,3% del total del año).

Durante el año anterior (2024), Simón, del cineasta Diego Vicentini, pudo alcanzar 117.329 espectadores, la cifra más alta lograda por un título local durante la última década. La película, que narra la historia de un joven que tuvo que emigrar del país tras haber sido víctima de represión por parte de organismos oficiales, contó con una novedosa campaña de exhibición mundial, con presentaciones puntuales en diversas ciudades del planeta, donde la presencia migratoria venezolana es significativa, para lograr de esta manera un gran éxito, que le permitió alcanzar un espacio dentro de la plataforma Netflix, desde la cual puede ser vista actualmente.

La película más vista de la historia del cine venezolano es Papita maní tostón, una producción estrenada en diciembre de 2013, que sumó 1.960.223 espectadores, ubicándose como la tercera más vista en la historia del país, debajo de Titanic (2.177.356) y Maléfica (2.025.800).

La mayoría de los cineastas venezolanos, particularmente los más jóvenes, se encuentran fuera del país. Algunos, desarrollando sus actividades en áreas vinculadas a la televisión o a la publicidad, dejando de lado sus carreras cinematográficas a las que muy pocos han podido continuar, enfrentando enormes dificultades de producción, al tener que trabajar sus proyectos con financiamientos internacionales que les obligan a tener una dura competencia.

En Venezuela, a propósito de la reforma de la Ley de la cinematografía nacional y el interés que el gobierno encontró en el cine como forma de divulgación de su pensamiento político, se creó la llamada Villa del Cine. Un complejo cinematográfico que buscaba incrementar la producción de obras cinematográficas (largos y cortos, de ficción, documental o animación), financiadas directamente por el propio gobierno.

De esta manera, surgieron películas como Miranda regresa, de Luis Alberto Lamata (2007), Cheila, una casa pa´maita, de Eduardo Barberena (2010), Habana Eva, de Fina Torres (2010), Azul y no tan rosa, de Miguel Ferrari (2012), ganadora del Goya como mejor película iberoamericana, Brecha en el silencio, de los hermanos Luis y Andrés Rodríguez (2013), Bolívar, el hombre de las dificultades, de Luis Alberto Lamata (2013) o La planta insolente, de Román Chalbaud (2017), entre otras.

Si bien buena parte de estas producciones fueron realizadas por cineastas cercanos al gobierno, destacando historias afines al “pensamiento revolucionario”, algunos otros cineastas lograron llevar a término sus proyectos, que para la Villa del cine significaba, además, diversificar el conjunto de producciones. Actualmente, y por temas de financiamiento, esta institución se encuentra prácticamente paralizada en el desarrollo de sus funciones.

La Cinemateca Nacional es otro de los pilares fundamentales del cine en Venezuela. Fundada en 1966 por la cineasta venezolana Margot Benacerraf, la Cinemateca es una fundación pública venezolana, que dispone de una sala de cine no digitalizada, ubicada en el Museo de Bellas Artes de Caracas. La institución surge con la finalidad de archivar, restaurar y divulgar la cinematografía nacional y extranjera, siendo Benacerraf su primera presidenta. A lo largo de los años, y pasando por períodos diversos, la Cinemateca se convirtió en un sitio de formación para muchos cinéfilos que pudieron ver gracias a sus labores, importantes producciones (particularmente del llamado cine de autor) de buena parte del mundo. Actualmente, por temas presupuestarios y políticos, que afectaron de forma importante su programación, esta institución ha minimizado sus funciones.

Importante a destacar la presencia del Trasnocho Cultural como centro de difusión cinematográfica privado. Este espacio, ubicado en el sótano de un reconocido centro comercial caraqueño (Paseo Las Mercedes), abrió sus puertas el 4 de octubre de 2001, con dos salas de cine, una sala de teatro, una galería de exposiciones y espacios complementarios tales como librería, cafetería, tienda de objetos de arte y chocolatería, entre otros, convirtiéndose en una referencia fundamental para la ciudad.

Trasnocho cultural

Actualmente cuenta con tres salas de cine de tamaño mediano (145, 130 y 110 butacas, respectivamente), donde pueden apreciarse obras recientes del séptimo arte, muestras de trayectoria como las de cine francés, español, alemán y europeo entre otras, además de disponer de una programación semanal de cine clásico (Clásicos Trasnocho) o continuos cine foros que semanalmente se vienen realizando, como espacios de reflexión alrededor del cine.

A pesar de todas las dificultades, Venezuela sigue sorteando estas diversas crisis que afectan su desarrollo, a fin de poder seguir disfrutando, de la mejor manera posible y si bien con un entorno mermado y complicado, de la posibilidad de tener acceso a lo mejor y más reciente, de la cinematografía mundial.

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