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España: El cine en el medio rural. La mirada del presente

Los cines en los pueblos se están cerrando. Las proyecciones en este entorno son cosa de cinéfilos y de frikis enamorados de las películas. Gracias a Dios, existen personas que luchan cada día por preservar el cine en el medio rural, esos pequeños y alocados héroes que creen en que el cine es cultura, y que la cultura te ayudará a ser libre.

En todos estos lugares la evolución se ha instaurado en su comunidad demasiado rápido para ser asimilada por su población, mayormente envejecida. La evolución a la inmediatez y avances tecnológicos como: Internet, dispositivos de última generación, redes sociales, plataformas, webs, etc., han sido cambios demasiado bruscos, dejando los cines vacíos. Todo esto lo único que hace es aislarnos de la sociedad, acción que nunca ha sido pretendida por la cinematografía, sino todo lo contrario. Ver una película es mucho más que el acto en sí y la comprensión de la misma. Ir al cine supone una actividad social en todo su significado. Compartes los sentimientos con las personas. Cuando se apagan las luces y todo se hace grande, te transportas a otro mundo, sin estar solo. Ríes y lloras mejor, porque lo haces acompañado. Comentar la película con un café o tomando un refrigerio es parte del ritual de ir al cine. No nos podemos perder todo esto. El cine siempre mira hacia el pasado para su transformación en el presente. Nosotros somos los que tenemos que saber cómo utilizar bien los medios de la era actual.

Con estas reflexiones y premisas me propuse crear una semana de cine, en una población de diez mil habitantes, donde la única sala que existía llevaba un año cerrada para realizar una obra menor (local perteneciente al ayuntamiento). Una vez que me informé de cuándo tenían la intención de volverla a abrir, me puse a preparar el proyecto. Mi pretensión era que el festival diese el impulso necesario para conseguir que proyectasen películas todas las semanas. Para ello, necesitaba la colaboración de la persona que mejor conocía el cine en el pueblo. Su nombre es Rafael de Benito y estuvo proyectando películas en el Cine Ideal, sala que arrendó en marzo de 1996 hasta el 31 de diciembre de 2000.

Cine Ideal
Entrada del antiguo cine Ideal de Cuéllar. M. Rico

Comenzó contándome sus inicios en los que perdía a la semana unas 50.000 pesetas (300€) proyectando cine en Cuéllar, siendo la única sala abierta en el pueblo y teniendo que proyectar de viernes a domingo cobrando por entrada 400 pesetas (2,4€). Me comentó que, de vez en cuando, tenía golpes de suerte. Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar, la exhibió antes de que ganase el Oscar y solo fueron 120 espectadores a verla, pero cuando le otorgaron el galardón acudieron más de 800 personas. Otra película que le salvo un trimestre fue Titanic que consiguió llenar la totalidad de su aforo, que era de 500 butacas, durante ocho sesiones en cuatro fines de semana. Los domingos, hacía un pase de sesión infantil con el que no solía perder dinero. Me dijo, que como podía deducir, el cine que triunfaba era principalmente comercial o porque en los medios había tenido una gran repercusión y la gente se interesaba por verla.

Antes de llegar a embarcarse en el negocio del cine, había creado dos cineclubes. El primero fue en 1981 en los cines La Muralla, de Cuéllar, todos los lunes. Proyectaban un cine más independiente, no comercial y en versión original. No había socios y la gente pagaba una entrada que era asequible para todos los bolsillos, con lo que cubrían gastos. Debido a que se incendió, solo duró tres meses. El segundo lo creó en 1985, y por medio de una distribuidora de Madrid, situada en donde hoy están los Cines Golem, llegó a durar diez años. En esta nueva etapa, proyectaban en una sala que les cedía la biblioteca de Cuéllar. Empezaron siendo diez personas, nunca llegaron a la treintena, y lo que veían era mucho cine alemán. El tercer cineclub, que fue donde nos conocimos, empezó en la terraza del bar Ambigú que Rafael regentaba con sus hijos, en 2021 y que dura hasta el día de hoy con 80 socios. Se creó como asociación para evitar pagar impuestos que grabasen demasiado a las películas. Tenemos dos sesiones al mes y la cuota anual son 50€. Yo, con 52 años, soy el socio más joven. Rafael es uno de esos pocos alocados héroes que necesita el cine en el medio rural.

Todo cambió un par de años antes de dejar el Cine Ideal, cuando conoció a Joaquín, un programador y distribuidor de películas de Salamanca. Fue derivado a él desde la distribuidora de Madrid, Altafilm, por proximidad. Gracias a ello, las proyecciones salían más baratas, debido a que tenían el mismo programador y podían compartir las películas entre otros cines de pueblos cercanos entre sí, como eran: Peñafiel, Peñaranda de Bracamonte, Olmedo y Medina de Rioseco.

El coste del programador al mes era de 16.000 pesetas (96€) y cada película costaba 80.000 pesetas (480€). Su precio en la actualidad ronda los 350€, más bajo que hace 25 años. A raíz de estos datos me dijo que ahora todo era diferente. La proyección es más cómoda, se transporta mejor y no envejece la imagen. Finalmente, le pregunté si existía una similitud en las dificultades que encontró en aquellos años y los actuales: “En cada época nace un inconveniente nuevo. En los 80 y 90 fueron los videoclubes, y ahora lo son las plataformas”. ¿A qué es debido que no veamos a los jóvenes en el cine? (en nuestro pueblo siempre vamos los mismos, gente de mediana edad, personas jubiladas y personas mayores), le pregunté: “La gente joven son de la generación de los teléfonos móviles. Cuando tenían alrededor de diez años veían las películas en el móvil, en ese formato tan pequeño. Hay que tener en cuenta que pocos han experimentado ver cine en gran pantalla y, menos, en el medio rural”.

Me quedé asimilando lo que me acababa de contar. Pensé en que era como luchar contra molinos de viento. Después le pregunté si había sacado algo positivo de todo esto, y me contestó que sí: “en el año 2005 hubo fuertes subvenciones por parte del Ministerio de Cultura, que invirtió bastante en los cines”. “Y tú, ¿qué hiciste si ya no tenías el cine alquilado?”. A partir del año 2008, me puse a colaborar con Joaquín, los meses de julio y agosto, con el cine de verano, que llevaba tanto a Cuéllar como a pueblos de la comarca, cuatro o cinco días por semana, hasta el verano de 2023. El cine era gratis para la población, porque lo pagaba el Ayuntamiento. Todo era cine comercial, películas medias para espectadores desde los doce años”. En ese momento me di cuenta que Joaquín tenía que ser la persona que nos tenía que ayudar a proyectar la semana de cine que tenía en mente y accedió a colaborar con nosotros.

Joaquín Fuentes
Joaquín Fuentes, con su hijo Alberto y un empleado en el cine de Peñaranda de Bracamonte. Miriam Chacón

Rafael dio mi contacto a Joaquín, con quién tuve una conversación telefónica para saber si nos podía aplicar algún descuento en las películas ese primer año, y me contestó: “Por supuesto que os ayudaré, porque a quien se atreve a hacer un festival de cine en el medio rural hay que apoyarlo. Siempre va a ser un bien para todos”. Le agradecí su esfuerzo y le pregunté que cómo había sobrevivido durante tantos años proyectando cine por los pueblos: “En nuestros cines se proyectan las mismas películas que en la ciudad, y haber entrado en la era digital es lo que hace posible que esto funcione. Ahora, todo cabe en un disco duro”. Entonces, interpreté que estaba encantado con las nuevas tecnologías, a lo que me contestó: “Hemos pasado de todo. En los años 60 la llegada de la televisión encerró a todo el mundo en sus casas; los últimos años de los 80, cuando en los bares, aunque fueran piratas, ponían las mismas películas que nosotros ofrecíamos; y luego Internet. Un desastre, porque cualquiera podía ver lo que quisiera en el ordenador. Aun así, lo hemos conseguido”. Por lo tanto, me terminó diciendo, que la única ventaja de la proyección digital era que había abaratado mucho los costes.

Proyecfilm, el nombre con el que bautizó su empresa, suele llegar a acuerdos con los ayuntamientos cuando tienen locales vacíos, además de llevar el cine de verano a los pueblos, en los que ver una película solo hace falta espacios abiertos. También, me comentó, hay que saber elegir bien lo que vas a proyectar, porque lo que funciona son las películas para todos los públicos.

Después de estas conversaciones y de recopilar datos, entendía como se repartía la cuantía de la taquilla: El 60% se lo lleva la distribuidora y al otro 40% se le resta el 10% de IVA y el 2% de derechos de autor. Con lo que sobra, empresarios como Rafael y Joaquín pagan los gastos de personal y sobreviven.

Más de un tercio de la población española reside en lugares en los que no hay una sala de cine. En ciudades con menos de 100.000 habitantes ya solo hay un cine.

Los cines rurales han tenido que enfrentarse a problemas comunes que están conectados con los que afectan a la España rural: la despoblación, el envejecimiento y las dificultades para el acceso a la tecnología. Necesitamos que estas salas sobrevivan, no solo con la ayuda de los cinéfilos, sino que es una cuestión de igualdad en el acceso a los servicios culturales de sus habitantes y es una forma de fijar población en el medio rural. Por desgracia, cuando se debate sobre la España vaciada, nunca se tiene en cuenta la cultura y el entretenimiento, dos cuestiones de suma importancia para poder atraer población o impedir que emigre.

Epílogo

Pasaron nueve meses hasta que se llevó a cabo la primera semana de cine de Cuéllar. Nadie creía que fuésemos capaces de conseguirlo. El involucramiento de nuestros patrocinadores y del Ayuntamiento fue imprescindible. El porcentaje de asistentes a las proyecciones de la sesión de tarde osciló entre un 50-70% y en la nocturna se conseguía el 100%. La sala de cine cuenta únicamente con 130 butacas y la venta de entradas se realizó de dos formas: el abono de siete películas tenía un coste de 10€ y la entrada individual de 2,5€ (precios simbólicos que soportaron las aportaciones económicas de nuestros patrocinadores). El resto de actividades paralelas eran de acceso gratuito, y se completaron en su totalidad. Las dos exposiciones tuvieron un flujo continuo de visitantes. En las redes sociales del Ayuntamiento, la visualización en Instagram fue de 28.462 y en Facebook, de 15.221 usuarios. Los medios de comunicación, provinciales y regionales, se volcaron con el evento, así como el CIT (Centro de Iniciativas Turísticas).

De izquierda a derecha: Rafael de Benito (subdirector SICC), José Mª Velasco (director SICC) y Maite Sánchez (concejala de Cultura, de Cuéllar). Semana Internacional de Cine de Cuéllar. Foto: E. Madroño.

Continuará… Tendremos una segunda edición en noviembre de 2025.

Fuentes:

www.ideal.es

www.ethic.es

www.elnortedecastilla.es

Efe agencia de noticias.

Stadista.com

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