Críticas

¿Qué es la dignidad?

La cocina

Alonso Ruizpalacios. México, 2024.

LacocinaCartelLa cocina es el último largometraje del realizador mexicano Alonso Ruizpalacios, tras Güeros (2014), Museo (2018) y Una película de policías (2021). Se desarrolla en el interior de un restaurante en la mayor parte de su metraje, fundamentalmente en esa cocina a la que alude el título. Narra la evolución de una jornada, con los servicios de comida y cena, en un  local situado en Times Square. Está basado en la obra de teatro homónima del británico Arnold Wesker, perteneciente al movimiento literario Angry Young Men (jóvenes airados). Si este último situó la acción en el Londres de los años 50, en plena posguerra, Ruizpalacios ha preferido el centro de Manhattan. Además, ha optado por el blanco y negro, dotando a su relato de un carácter atemporal. Así, la época exacta en la que se desarrolla queda difuminada para convertir la obra en una especie de fábula satírica sobre el capitalismo.

El filme arranca cuando una muchacha mexicana, Estela, se dirige a un restaurante del centro de Nueva York para intentar conseguir un puesto de trabajo en su cocina. Piensa obtenerlo con la recomendación de un pariente que ya está empleado en el establecimiento desde hace 3 o 4 años. El restaurante es The Grill, lugar codiciado por los turistas para saborear en su interior la afamada langosta. A la llegada, Ruizpalacios se vale de un extenso plano secuencia recorriendo sus pasillos oscuros y destartalados. La chica, después de una breve espera para ser atendida, consigue el puesto añorado. Es el robo de 800 dólares de la recaudación del día anterior lo que funciona como conflicto, justamente la cantidad por la que se cotiza un aborto. El guion no deja respirar y el caos se desata a un ritmo endiablado desde los momentos de preparación del servicio de comidas hasta en su desarrollo. Las furias parecen desatarse para desembocar siempre en tensas situaciones entre los empleados, sea cual sea su origen, jerarquía o motivo. Racismo, amor, interés, tensión, ahogo…; todo se plasma con descontrol, desmesura y riesgo, llevando al extremo la expresividad en el exceso. La cámara se mueve sin freno y adopta cualquier posición para que absorbamos el nerviosismo reinante. 

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La película está pensada en movimientos musicales y funciona en focos de intensidad dramáticos. Los ritmos de trabajo en la cocina alcanzan verdadera espectacularidad en la cadena de producción y pueden ser extrapolable a muchos otros universos. Recordamos aquí los obreros de Charles Chaplin en Tiempos Modernos (Modern Times, 1936), los oficinistas de El apartamento de Billy Wilder (The Apartment, 1960) o las costureras de La vida soñada de los ángeles de Érik Zonca (La vie revée des anges, 1998). En La cocina muchos de sus trabajadores son emigrantes latinos, algunos legales, algunos otros no. Y para estos últimos la inseguridad es máxima. No pueden pedir condiciones laborales dignas, salarios decentes, prestaciones justas, horarios asequibles… Al contrario, deben sentirse agradecidos por la oportunidad que se les concede de ser acogidos en esa empresa que presume hasta de darles de comer gratis. ¿Qué más se puede buscar? Pues dignidad, un respeto y humanismo que no existe ni en jerarquías de arriba abajo ni en capas horizontales. El brutalismo genera brutalismo y las reacciones se desmadran para abocar en un esperpento alucinante. 

La obra ahonda en profunda sociología humana. Incluso entre los grupos más miserables se codicia el espacio propio y se protege con ahínco y con violencia, si es necesario. Si no se tiene nada, hay que agarrarse a ese hueco en la cocina que se te reserva para elaborar las pizzas, las ensaladas, las pastas o los postres. El clímax se alcanza en la escena de la inundación, colosal alegoría de la pérdida de límites y barreras entre tanto salvajismo. No obstante, el director mexicano logra incluso momentos poéticos cuando detiene la acción en determinadas escenas como la del vivero, la de la cámara frigorífica, la de la llamada telefónica o la del descanso en el callejón, mientras los personajes se preguntan acerca de sus sueños. Pero no tardan en llegar los gritos, los ruidos atronadores, los golpes, los excesos, los conflictos entre cacerolas o diálogos envenenados en inglés y castellano. Mientras tanto, nos resulta difícil distinguir las fronteras entre el verdadero amor y el interés. Justo lo que sucede con los dos protagonistas, una camarera estadounidense representada por Rooney Mara y un cocinero mexicano sin papeles, interpretado por Raúl Briones. Son Julia y Pedro. Todo luce con virtuosismo en la apuesta visual, recurriendo, además de a los planos secuencias o a la detención de la cámara, a filtros, formatos o toques de color.    

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El capitalismo es exhibido por el autor como “un parásito abstracto, un gigantesco vampiro, un hacedor de zombies”, en palabras de Mark Fisher. Y muestra la inserción en la vorágine del sistema de aquellos que llegaron a Estados Unidos a la búsqueda de sus ideales y solo encuentran miedo y vergüenza por no estar alcanzando sus expectativas. Necesitan esos trabajos abusivos y alienantes; saben perfectamente que hay otros muchos detrás dispuestos a sustituirles. Y mientras tanto, viven con la incertidumbre de perder lo poco que tienen.  En este relato coral no sorprende el racismo profundamente enraizado en aquellos que más lo sufren o lo han sufrido, en los propios emigrantes que sitúan en pedestales a la mujer blanca, que no dudan en pisar a los suyos para ascender en esa cadena de supervivencia e insolidaridad que destroza para recoger las migas. Y el largometraje penetra como una contienda bélica en la que parece que la resistencia es su primera arma. El tiempo se vuelve caótico y para ser un componente eficiente de la producción es necesario desarrollar la capacidad de responder frente a eventos imprevistos. La inestabilidad, léase precariedad, manda.

Ruizpalacios, apoyado con su excelente despliegue técnico, sabe conducir el guion hasta que nos impregnamos del estrés que sienten los trabajadores desde sus fuentes. Y la frase de Margaret Thatcher cobra fuerza: “No hay alternativa”. No, no parece haber alternativa para aquellos expulsados del sistema que deben quedarse a solas con la crueldad, con su frío, con la desesperación, con su locura. Son zombis a los que se les enganchan por el hambre y por promesas de integración que son sistemáticamente incumplidas. El pulso utilizado por el director recuerda a su compatriota Alejandro González Iñárritu. Y ello en la apuesta por la forma cinematográfica, en la fuerza de los dramas que golpean a los personajes, por adentrarse en las profundidades de la sordidez humana… Además, las comunicaciones se muestran precarias y las relaciones pródigas en agresiones. Propuestas excesivas y agobiantes que expulsan o atrapan. Nosotros nos situamos entre los segundos. Salimos conmocionados de la proyección en lo que nos parece una obra arriesgada pero apasionante.   

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En esta última película, Ruizpalacios abandona el género de road movie utilizado en sus tres largometrajes anteriores y también su mirada sobre la ciudad de México. Desmesuradamente, a ritmo de musical, acelera y frena en la vida de seres humanos pendientes de unos papeles. Entre quiebros y requiebros de cámara, nunca deja de interrogarse e interrogarnos sobre las causas y efectos de lo que estamos viendo. Así, aquí nos quedamos reflexionando sobre el contrasentido de la libre circulación de capitales y mercancías y las restricciones en la de las personas en la era de la globalización; en el inconcebible estatuto particular de la mano de obra extranjera en los centros de las grandes urbes; en la incompatibilidad de la extranjería con la ciudadanía; en la imposibilidad de abandonar un trabajo sin perder por ello el permiso de residencia. La pobreza ha reaparecido con fuerza en los países capitalistas. No estaría de más ahondar en su génesis y efectos. 

Tráiler:

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Ficha técnica:

La cocina ,  México, 2024.

Dirección: Alonso Ruizpalacios
Duración: 139 minutos
Guion: Alonso Ruizpalacios. Obra: Arnold Wesker
Producción: Coproducción México-Estados Unidos; Filmadora, Panorama Global, Astrakan Film AB, Seine Pictures, Fifth Season
Fotografía: Juan Pablo Ramírez
Música: Tomás Barreiro
Reparto: Rooney Mara, Raúl Briones, Ana Diaz, Motell Gyn Foster, Oded Fehr, Laura Gómez, James Waterston, Lee R. Sellars, Eduardo Olmos, Finnerty Steeves

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