Críticas

"Vidas perdidas"

Las vidas de Sing Sing

Sing Sing. Greg Kwedar. EUA, 2023.

Las vidas de Sing Sing aficheUna apología de la vulnerabilidad como habilidad creadora, transfiguración de “identidades” sobrevivientes a condiciones extremas; la salvación cobra vida en la campaña redentora de un grupo de presidiarios que transita la liberación de la mano de un anciano que inyecta rebeldía. Es el empuje de almas sin consuelo, descubren el dolor en la contracara de un sistema que por insistencia los pone a prueba. El universo es un todo que alberga lógicas rescatadas de un programa de rehabilitación por el teatro, conexión con sufrimientos apalancados en lo que toca de la vida, y las inercias de una estructura coercitiva exigente, a la vez que demandante. Los mecanismos legales son la oportunidad; aunque no es fácil, la salvación está a la vuelta de la esquina.

Es el reencuentro en el reconocimiento de un público que padece; los actores son la muestra, la humanidad en el sistema carcelario endurece perspectivas. Temores encubiertos refuerzan la imagen del delito; inalcanzable movimiento enquistado en la vorágine de una institución que parece querer plantar una semilla de esperanza en un programa de espontaneidades emergentes.

Kwedar, Bentley y Richardson intentan darle al guion un vuelo de genuino respeto al recluso. El ángulo de visión se sitúa en la equiparación, personas comunes resucitan emociones cercenadas por la crueldad de estereotipos adheridos a esencias. El preso encarnado en la “normalidad” de una causa que pretende sostener con firmeza la categoría de persona. El filme es, ante todo, un paradigma de respeto al ser humano. Por eso, la violencia es ausente, no se trata de mostrar la faceta despiadada alimentada por la tolerancia del sistema, sino la posible apertura hacia la dignificación del preso; una “fantasía” regulada en la  consagración a lo grupal, sostén solidario que entrega afectos a raudales.

Las vidas de Sing Sing fotograma

La violencia es un plano lejano que aterriza en las ansias de control; Eye reproduce el barrio, delata una “profesión” asumida en la ausencia de alternativas. La inestabilidad se asocia a la libertad, como fenómeno disociado de sujeciones, y a la vez puesto en peligro. Divine G toma el lugar de Eye, cuestiona lo que intenta defender; por un momento, la representación se estrella ante la realidad del sufrimiento. Un atisbo de esperanza amaga a interrumpir la canalización de necesidades para el ser que se permite la verdad de estados resonantes, contigüidad de personajes que sugieren entrega en cuerpo y alma. Es el llamado de la realidad, apertura a una dimensión necesitada, la paciencia se agota en el instante que da cabida a la esperanza. Divine G flaquea: ¿podrá salir de prisión? La duda es el enemigo principal de la paciencia; aunque a veces no alcancen, son necesarios los procesos.

La dicotomía está planteada, Divine G y Eye se alternan, la confianza se disipa, cae del escenario para posarse en la amistad que se construye; la deuda es saldada en el apoyo mutuo.

El relato circula en torno a un programa de rehabilitación por las artes. En este caso es el teatro el encargado de promover una libertad emocional que pretende acudir al rescate de interioridades. Divine G es uno de los fundadores, recluta a Eye, un recluso devenido y autoasumido en la categoría de gangster que despliega sus malas artes a modo de supervivencia. A pesar de sus rigideces, logra contactar en la experiencia, justo en el momento en que Divine G estalla en una crisis que lo lleva al conflicto con sus compañeros. La causa: el riesgo de continuar en la cárcel a pesar de la apelación para demostrar su inocencia. El cruce de caminos invierte la contribución en el apoyo, Eye intentará estimular a su nuevo amigo.

Sing Sing plano

La puesta en escena asfixia a la cámara, los planos compartidos obligan al detalle de una cercanía plasmada en la intimidad del logro consumado. Tarea que va incorporando gradualmente a Divine Eye; ablande necesario, permite descubrir la parte buena de todo hombre por más malvado que este sea. Si bien, no es exactamente el caso, casi sin darse cuenta, nuestro personaje recorre la melodía del cambio. El afecto lo transforma, lo vuelve alguien consciente de una vida encapsulada en el rol reconocido, circunstancia cuyo corolario ha sido la prisión. Una vez más, el arte cumple su rol flexibilizador; respuesta concreta a la pura experiencia humana obturada por las vicisitudes del “destino”. Desvío hacia la “seguridad”, la “falsa imagen” inunda la escena en fragmentos de gradualismo omnipresente. Brent insiste en el respeto a los procesos, despunta la presencia de altibajos; todos retornarán fortalecidos tras la crisis.

Aleccionadora y edulcorada, deviene exploración de escasa profundidad en la psicología de los personajes. La cinta se empecina en recorridos ajenos a la definición del clima carcelario; realiza un recorte en función de un alegato en defensa de los programas de expresión emocional que, más que a la catarsis, apuntan al autoconocimiento por la revelación mediante acciones grupalmente coordinadas. Especie de artificio aislado de las vivencia ingratas típicas de un penal de máxima seguridad.

Sing Sing escena

Teatro y libertad, dicotomía amalgamada en atributos signados por la paciencia y el control. Divine G trastabilla ante la duda necesaria, su libertad es posibilidad que, ante todo, contradice sus propios postulados; quien impresionaba en su capacidad de ayuda y colaboración trastabilla, la crisis invade la imperfección humana.  Kwedar se esmera en retratar la cara oculta del dolor, las ansias de libertad traducidas en la desesperación que va cediendo inmersa en el milagro del afecto. Centralidad temática  en las posibilidades de un programa de rehabilitación que otorga sentido a la vida en el penal.

Humanización a cualquier precio, las vidas sin detalle neutralizan el intento de juzgar por el prejuicio. Las vidas de Sing Sing ofrece la realidad de existencias quebradas que intentan subsistir en la fuga hacia estados compartidos.

Clarence Maclin y Colman Domingo complementan posiciones, se alternan en un devenir regulado por la conciencia del riesgo y el temor al abandono, el sistema judicial acoge las miserias desde una neutralidad agazapada en la frialdad de la ley. Todo vuelve a la realidad, la justicia golpea a las puertas del éxtasis, la invación capta las mentes, la fe vacila, la esperanza se desploma, lo lúdico se disipa en el rapto transitorio. La camaradería retrocede, la evasión frustra los apoyos; Divine G muestra la cara sombría de un recluso acorralado, mientras que Divine Eye cambia de rol, el agradecimiento se aprende en relación. Fortalezas vueltas a la fragilidad y viceversa, connotaciones de un periplo recortado en momentos. La cohartada solidaria lima asperezas transformadas en conciencia sin revuelo, momentos en que el narco expresa su humanidad en la humildad de un trabajo compartido. Divine Eye exhibe su dureza tan solo en apariencia, mientras que en Divine G estalla la crisis. Las contradicciones se suceden en una amalgama que funde las almas; los sentimientos compartidos apoyan la curación. Nada es definitivo, ni siquiera la prisión.

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Ficha técnica:

Las vidas de Sing Sing (Sing Sing),  EUA, 2023.

Dirección: Greg Kwedar
Duración: 107 minutos
Guion: Clint Bentley, Greg Kwedar, John H. Richardson. Obra: Brent Buell. Historia: Clarence Maclin, John Divine G Whitfield
Producción: Black Bear Pictures, Marfa Peach Company, Edith Productions. Distribuidora: A24
Fotografía: Patrick Scola
Música: Bryce Dessner
Reparto: Colman Domingo, Clarence Maclin, Sean Blackman, Paul Raci, David Giraudy, John Divine G Whitefield, Patrick Griffin, Mosi Eagle, James Williams, Brent Buell, Jonhy Simmons, Sean Dino Johnson, Michael Capra

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