Críticas
A la conquista del espacio
Mickey 17
Bong Joon-ho. EEUU, 2025.
Bong Joon-Ho nos trae una comedia de ciencia ficción basada en la novela Mickey 7 de Edward Ashton. Con un presupuesto que ronda los 118 millones de dólares en costo de producción, más 80 millones en publicidad, ha resultado un gran fracaso de taquilla. La expectativa de recaudación, a nivel global, se situaba en los 300 millones de dólares. Las pérdidas aproximadas han sido por 100 millones, lo cual motivó que Warner Bros. Discovery adelantara su estreno en plataformas digitales. Un gran fiasco comercial que no condice con los valores del filme, pero ya sabemos que, cuando de cine se trata, priman las preferencias populares por encima de los valores artísticos e ideológicos.
La exhibición exclusiva en cine, para las producciones de Hollywood, suele extenderse durante 45 días, un severo recorte temporal de esta naturaleza suele indicar la desconfianza de las productoras acerca del éxito futuro de la cinta.
Mickey 17 narra las peripecias de un abatido personaje que busca probar suerte en un programa de colonización espacial. Organizado por un político fracasado, alcanza a nuclear a un sector de la población en torno a la participación en una propuesta que intenta solucionar la vida de un conjunto de personas desengañadas del sistema. La lista de aspirantes establece categorías autoasumidas a partir de la aceptación por consentimiento informado. Así llegamos al personaje central interpretado por Robert Pattinson, perfecto inútil voluntariamente reclutado para tareas peligrosas, a condición de morir un interminable número de veces, para ser resucitado a través de un programa tecnológico que reproduce seres “prescindibles” dentro de un tubo. Terminará entrando en conflicto con el creador de la idea. Mark Rufalo es Kenneth Marshall, quien intenta destruir a los extraños seres de un planeta desconocido.
Un ejercicio de ciencia ficción distópico plagado de reveses teñidos de un fuerte y anunciado humor negro inserto en el molde tradicional del cine de aventuras. Discurre asediado por una cantidad de circunstancias que, si bien conceptualmente no lo complejizan, logran enmarañarlo en un circuito de posibilidades de rápida y fácil resolución hacia significaciones alternativas.
La recreación de Pattinson nos sumerge en la inutilidad del antihéroe que opera por duplicado, suerte de resurrección simbólica por la consagración al compromiso. El inicio de la cinta lo muestra como un pobre diablo sin consuelo, prototipo de la inconsciente tontería que juega con el destino sin saberlo. Nada entiende salvo el aroma de un perfume, focalización que sugiere la banalidad unida a la fuga por el sexo. Asistimos a un resurgir desde abajo, camino de una ética construida en la experiencia que otorga sentido en la apreciación de la valía de un humano maltrecho que solo ofrece muerte y sufrimiento.
El engaño de las masas sugiere el fanatismo tras la pista del fracaso; la combinación involucra políticos corruptos y evangelizadores disfrazados; realidades cotidianas de acceso limitado, aunque de acceso al fin.
El doble supone diferencias encapsuladas en la posibilidad de uno mismo, el secreto está en activar alternativas. Una transformación individual, realizada en la gesta heroica de la persona común, despierta al control de su destino; múltiple trasiego en la esperanza de un “hombre nuevo” construido de la nada. Lo uno se bifurca en la rareza del matiz comprendido por el otro. Nasha convive con los dos en la posibilidad del placer compartido como pasaporte a la aceptación de contrapesos necesarios. Nada es absoluto, la pertinencia de matices es evidente. La potencia de lo oculto, aunque presente, es la esperanza para el cambio. La humanidad debe proceder en aras de no sucumbir al encantamiento por embaucadores de poca monta especialistas en la explotación de la necesidad ajena.
Mickey representa el germen de la resurrección por insistencia; suerte de proceso necesario al despertar de la humanidad. No es algo nacido de la reflexión, sino de la experiencia insistente; no es ni fácil, ni mágico, simplemente es la persistencia de los avatares de la existencia en el choque cíclico de vidas ante la muerte.
Nasha es el impulso por la esperanza, motivación para una vida llena de sinsabores, cucharada de miel que permite soportar la aniquilante adversidad.
Los espacios gélidos, en planos generales, llenan la pantalla de monstruos; señalan la rebelión en medio de lo inhóspito, doble batalla que enfrenta a Mickey ante sí mismo. Es el ámbito de llegada que promueve todos sus males. La representación de la vida sumisa apela a la justificación por diversas muertes a causa de un papel que firma el destino. La liberación resurge ante el explotador como el derecho a la conciencia que se rebela en la batalla final.
El propio Bong Joon-Ho ha reconocido, en propias declaraciones, las dificultades de abordaje temático que le representa rodar fuera de su país. Al enfrentarse a sucesos específicos, propios de una cultura ajena en determinado momento histórico, la ansiedad desborda sus capacidades creativas, por esta razón, prefiere hacer ciencia ficción. El género le posibilita la representación de problemas humanos universales sin estar sujeto al compromiso de una interpretación precisa acerca de una realidad socio cultural que no conoce lo suficiente.
Mickey Barnes es la explotación por la reproducción de subjetividades, su permanente “resurrección” contempla la conservación de una memoria que repite acciones en el tiempo, símbolo de sujeción a través de la historia que, a su vez, trae esperanzas de liberación bajo el formato de la aventura por la consagración del antihéroe consciente.
Mark Ruffalo despliega un estilo semejante al de Pobres criaturas (Yorgos Lanthimos, 2023), el excesivo sabelotodo de camino al ridículo por el desaire de las circunstancias; malvado sumido en la tontería que apela a la manipulación forzada. Un absurdo impenitente de baja intensidad.
Timo es la corrupción en el sistema, el aprovechador siempre ávido de la prueba en el negocio turbio, un oportunista que vive de la desgracia ajena en el beneficio vacante.
La solicitud de ayuda es obviada por la lógica imperante, la cuerda es demasiado corta para Mickey; “que problema hay si igual te vas a morir”. La obediencia caduca en los límites de la momentánea ceguera. Kenneth Marshall no puede controlarlo todo, solo se empecina con los seres de segunda clase, los prescindibles de la vida por “propia voluntad”.
Las criaturas del espacio son cuerpos ciegos de escaso discernimiento, merecen ser salvados como legítimos pobladores de un territorio, grotesca alusión al derecho de autodeterminación de los pueblos. La representación cabe en aras del menosprecio esgrimido desde el poder, símbolo del engaño de masas que sucumben a la ausencia de razón. Criaturas instintivas sin ton ni son deambulan por una tierra que, aun siendo su hogar, no promete soluciones a la insensatez.
La cinta invita a un pormenorizado análisis, varios niveles integrados a un solo propósito: desentrañar las impurezas de un sistema podrido por la manipulación y la inconsciencia.
Ficha técnica:
Mickey 17 , EEUU, 2025.Dirección: Bong Joon-ho
Duración: 137 minutos
Guion: Bong Joon-ho. Libro: Edward Ashton
Producción: Coproducción Estados Unidos-Corea del Sur; Plan B Entertainment, Offscreen, Kate Street Picture Company, Warner Bros.. Distribuidora: Warner Bros.
Fotografía: Darius Khondji
Música: Jung Jae-il
Reparto: Robert Pattinson, Naomi Ackie, Mark Rufallo, Toni Collette, Anamaria Vartolmeu, Steven Yeun, Patsy Ferran, Steve Park, Tim Key, Holliday Grainger, Michael Monroe, Edward Davis, Cameron Britton