Una historia de amor sin hadas

One Day (Siempre el mismo día)

One Day. Lone Scherfig, EUA - Reino Unido, 2011

Por Cristina Bringas

Cartel de la película One DayLos seres humanos vivimos del amor, nos gustan las historias románticas y es quizá esto lo que nos ha llevado a enfermarnos de fantasías que nos hacen añorar encontrar a esa pareja ideal. Títulos para películas de amor hay cientos, ya que éste ha sido un tema recurrente durante la historia de la humanidad, y no sólo para el cine, sino antes también para la literatura y el teatro, sin olvidar la poesía.

En los últimos años una vorágine de producciones sobre el “príncipe azul” han alcanzado la cartelera y, por supuesto, casi en cualquier película es posible encontrar una subtrama que se refiera a un romance entre dos de los personajes, así sea una cinta acción, suspenso o ciencia ficción. De todo este panorama fílmico es posible decir que la mayoría encaja en el género de la comedia romántica, todas de final feliz, personajes locuaces y peripecias; muchas de ellas están casi rayando el esquema de cuento de hadas.

Sin embargo, aún existen producciones mucho más centradas en las relaciones interpersonales y que distan de los finales al estilo “vivieron felices para siempre”. One day, basada en la novela homónima de David Nicholls, está justo en este género que podría denominarse drama romántico, como Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010) y Once (John Carney, 2006).

Fotograma de One DayLone Scherfig, la directora danesa que hace apenas un par de años entregó An Education (2009), regresa ahora con esta adaptación de la novela realizada por el mismo autor (Nicholls). En la que se relata la vida de dos personajes: Emma (Hathaway) y Dexter (Sturgess), quienes se conocen un día de julio, y sus vidas se cruzarán exactamente ese día durante años.

La premisa de esta historia da suficiente como para tener un largometraje y recuerda un poco este asunto del destino, como se presentó en Serendipity (Peter Chelsom, 2001), en donde dejan todo al correr de la vida. Los personajes todo el tiempo saben lo que quieren y necesitan, pero por propia decisión se van dando su tiempo para que suceda lo esperado. Sin embargo, a diferencia del casi chickflick de Serendipity, Siempre el mismo día no deja todo al azar, sino que las vidas de estos personajes tienen que padecer los obstáculos de la vida misma y –peor aún- de las personalidades de ambos protagonistas y sus propios demonios internos.

Es entonces cuando entran otros temas fundamentales de esta historia: en primer lugar, la soledad como una situación de vida que preocupa al ser humano. Es esa sensación de quedarse solo, de no tener a nadie con quien compartir y ser incapaces de continuar caminando; lamentablemente, el mismo ciclo de la vida conduce tarde o temprano a esta situación, y depende de la madurez y del amor propio de cada individuo el poder lidiar con esta realidad.

Escena de  One DayPor otro lado, nos recuerda que la vida ofrece oportunidades que se deben de tomar, porque la mayoría sólo llega una vez, y para encontrarlas nuevamente hay que desearlas demasiado. Aquí, sin embargo, el letargo y la indecisión son la razón fundamental que muestra que las personas no siempre estamos concientes de lo que realmente queremos o necesitamos. Estamos esperando que todo funcione sin el mayor esfuerzo, para que luego llegue el arrepentimiento por aquello que no fue realizado. En One Day hay oportunidades cada año y un obstáculo distinto también.

Al mismo tiempo, la cinta plantea la aceptación del otro individuo con todos sus defectos y cualidades, sin importar vicios o sus monstruos interiores, pero también hace evidente que aceptar, respetar y tolerar al otro no significa lo mismo que amarlo o querer estar con ese alguien el resto de la vida.

Por último, la madurez queda declarada como el camino inevitable hacia la felicidad y la estabilidad. Ésta sólo se alcanza con las vivencias del día a día, con los tropiezos y la toma de decisiones que modela cada paso que damos. Madurez que vemos en cómo los personajes intentan alcanzarla a lo largo de los más de cien minutos que dura la película, representada con cada cambio de maquillaje y vestuario que acompaña a los actores; esto último muy al estilo de Up close & personal (Jon Avnet, 1996), donde podemos verlos en muy distintas facetas, con cambios continuos de estilo y maquillaje, pero donde la caracterización no ha sido tan convincente más que para mostrar que Hathaway luce muy bien en todos y cada uno de estos momentos.

Si bien el trabajo de Lone Scherfig ha sido suficiente para contar la historia, el desarrollo de los personajes no ha quedado tan claro. Cada año pasa prácticamente en un suspiro en tiempo fílmico, y eso no permite involucrarse adecuadamente con los protagonistas. No los alcanzamos a conocer a fondo ni entendemos sus decisiones o sus limitaciones. Es posible que en la novela haya mucha más exposición de todo esto, capítulo a capítulo; no obstante, la película se queda un poco corta en ese aspecto.

One day (Siempre el mismo día)Toda la profundidad y volumen que alcanzó a mostrar Carey Mullingan en An Education no ha sido cubierto por Hathaway, aunado a un acento inglés no muy cuidado. Sturgess, que sí logra lucir una evolución física consistente y se ve ligeramente más envejecido, parece además desenvolverse un poco más en la profundidad de su personaje, tal vez porque pasamos mayor tiempo con él en la pantalla, y sus conflictos parecen, por mucho, superiores a los de su contraparte.

En general, resulta entretenida y toda la tesis que plantea es llamativa; lamentablemente el tratamiento que la directora danesa le ha dado ha quedado un poco escueto y sin chiste, con huecos sin rellenar, brincos temporales conectados sólo por las fechas y dos actores que no evolucionan como se esperara.

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