Por Marcela Barbaro, Pablo Castriota y Liliana Sáez
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A problem with fear, Gary Burns. Canadá, 2003 |
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Abuelos, Carla Valencia Ávila. Chile, Ecuador, 2010 |
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American Passages, Ruth Beckermann. Austria, 2010 |
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Attenberg, Athina Rachel Tsangari. Grecia, 2010 |
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Blame, Michael Henry. Australia, 2010 |
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El eco de las canciones, Antonia Rossi. Chile, 2010 |
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El hombre que baila, Pablo Pintor, Sergio Aisenstein. Argentina, 2010 |
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En el futuro, Mauro Andrizzi. Argentina, 2010 |
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Enero, Cynthia Gabrenja y Marcelo Scoccia. Argentina, 2010 |
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Essential Killing, Jerzy Skolimowski. Polonia, Noruega, Irlanda, Hungría, 2010 |
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Film Socialisme, Jean-Luc Godard, Suiza-Francia, 2011 |
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Finisterrae, Sergio Caballero Leccha. España, 2010 |
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Fleurs du mal, David Dusa. Francia, 2010 |
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La batalla de Chile. La lucha de un pueblo sin armas, Patricio Guzmán. Chile-Venezuela-Francia-Cuba, 1972-1979 (Parte I: La insurrección de la burguesía y Parte II: El golpe de Estado) |
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La Cruz del Sur, Patricio Guzmán. España, Venezuela, 1992 |
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La muerte de Pinochet, Bettina Perut, Iván Osnovikoff. Chile, 2010 |
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La vida útil, Federico Veiroj. España, Uruguay, 2010 |
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Las marimbas del infierno, Julio Hernández Cordón. Guatemala, Francia, México, 2010 |
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Las piedras, Román Cárdenas. Argentina, 2011 |
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Le mariage à trois, Jacques Doillon. Francia, 2010 |
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Le quattro volte, Michelangelo Frammartino. Italia, Alemania, Suiza, 2010 |
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Meek's Cutoff, Kelly Recihardt. EUA, 2010 |
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Morgen, Marian Crisan. Francia, Hungría, Rumania, 2010 |
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Noche sin fortuna, Francisco Forbes, Álvaro Cifuentes. Argentina, Colombia, 2010 |
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Norberto apenas tarde, Daniel Hendler. Argentina, Uruguay, 2010 |
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Nostalgia de la luz, Patricio Guzmán, Alemania, Chile, España, Francia, 2010 |
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Notre poison quotidien, Marie-Monique Robin. Francia, 2010 |
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Novias-madrinas-15 años, Pablo y Diego Levy. Argentina, 2011 |
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Shelter, Dragomir Sholev. Bulgaria, 2010 |
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Teoría de cuerdas, Luján Montes, Gabriel González Carreño, Clara Frías, Laura Focarazzo, Oscar Maio, Luciana Foglio, Eugenia De Rossi, Sergio Brauer, Juan Tancredi, Antonio González Mediondo, Amado Casal. Argentina, 2011 |
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The Autobiography of Nicolae Ceausescu, Andrei Ujica. Alemania, Rumania, 2010 |
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The Future is now!, Gary Burns, Jim Brown. Canadá, 2010
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The Turin Horse, Bela Tarr. Hungría, 2010 |
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Tilva Ros, Nicola Lezaik. Serbia, 2010 |
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Un homme qui crie, Mahamat-Saleh Haroum. Bélgica, Chad, Francia, 2010 |
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Un mundo misterioso, Rodrigo Moreno, Argentina, 2011 |
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Vaquero, Juan Minujin. Argentina, 2011 |
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Wasted Youth, Argyris Papadimitropoulos, Jan Vogel. Grecia, 2011 |
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Yatasto, Hermes Parralluelo. Argentina, 2011 |


Laurie, el protagonista del film, es un joven simpático, dueño de un comercio, que sufre de varias clases de fobias: miedo a las escaleras mecánicas, a los espacios abiertos, al metro, a los ascensores, a las puertas automáticas, etcétera. Pero estas fobias, que parecen trastornos individuales de muchos otros también, en realidad provienen de una fobia mayor que es el miedo que imparte la sociedad a través de los medios de comunicación. Y de eso habla el film, de cómo somos persuadidos y manipulados, y cómo también podemos ingeniarnos para superarlos.
Una de las grandes y cálidas sorpresas del 13º BAFICI fue mi encuentro con este film bello, pequeño y autobiográfico. Una película sobre la memoria de hechos históricos irrepetibles y sobre la reconstrucción del propio pasado. En esa combinación se dará paso a la identidad como base para construir el futuro.
American Passages es un documental sobre los Estados Unidos de América. Nada más y nada menos. Lo que sorprende favorablemente de la película es que su tono no pretenda estar a la altura de semejante ambición, dado que la misma consiste en una liviana (aunque para mi gusto muy extensa) sucesión de testimonios verídicos, entrevistas donde la gente expresa de un modo muy espontáneo y directo diversos aspectos sobre su vida en el país más poderoso del mundo. Cada entrevistado refiere inevitablemente en sus dichos a todos aquellos acontecimientos de la historia reciente norteamericana: la elección de Barack Obama, el post 11/9, Irak, la crisis económica, los rastros aun vigentes de segregación racial en ciertos sectores de la sociedad, pero estos detalles se presentan de manera casi lateral, como si no se tuviera demasiado interés en profundizar sobre ellos. Esta es una película interesada íntegramente en sus personajes, sin la necesidad para ello de recurrir a una galería de excéntricos o freaks.
El segundo film de la cineasta griega Athina Tsangari, elegida como mejor directora en el 13º BAFICI, oscila entre la belleza y la extrañez.
En una primera impresión podríamos intuir que la única representante australiana de todo el Festival solo se digna a ofrecer una variante ligera y convencional de cine de suspenso. Pero una mirada menos adormecida revelará que en Blame podemos encontrar una muestra sólida de buen cine de género, una prueba de que contando con buenas herramientas cinematográficas cualquier relato básico puede exceder ampliamente sus premisas argumentales, trascender sus propias limitaciones y devolvernos el viejo placer perdido de sentirnos atrapados, otra vez, por la misma historia. Otra prueba de que el buen cine de género es inoxidable y resiste completamente al paso del tiempo. Porque el problema no pasa porque nos cuenten mil veces lo mismo. Los problemas comienzan cuando se usa mil veces la misma música, el mismo registro actoral, los mismos planos, los mismos tiempos... Cuando nuestra cabeza puede anticiparse a las formas de lo que aparecerá en pantalla. Cuando las decisiones formales derivan en rutinas y fórmulas.
Una cálida voz en off da comienzo al relato, como quien narra el despertar de un sentimiento dormido tras los años. Así comienza un film autobiográfico, narrado en primera persona, que hablará de la memoria y la identidad de los exiliados chilenos.
¿Quién baila, en El hombre que baila? Héctor Mayoral junto a Elsa María. Los mayores exponentes del tango argentino que recorrieron el mundo bailando con Clinton, Sinatra, hasta Lady Di, entre otros. Llevaron el tango a otros continentes, intercambiando parte de nuestra cultura. Todo ello está implícito en un pseudo documental que inaugura una nueva sección del BAFICI, "Arte", dentro de la cual se combinan dos formas artísticas.
Luego de Mono e Iraqui Short Films, Andrizzi presenta su tercer film ganador del Queer Lion en el Festival de Venecia 2010. El director argentino apuesta a la experimentación visual para narrar distintas historias de amor y desamor en relación al tiempo. Realizada enteramente en blanco y negro y con una inquieta cámara en mano, el film comienza registrando una serie de besos durante cinco minutos. Un pasaje romántico que dará lugar a las distintas experiencias amorosas narradas frente a cámara, una suerte de relato oral, a través del cual se transmiten vivencias pasadas y presentes, recuerdos que dejaron marcas imborrables y que serán parte del futuro. Historias de parejas heterosexuales y homosexuales. Nostálgicas, misteriosas, simpáticas. Una historia distinta a otra, pero todas están atravesadas y narradas con una gran sensibilidad, porque Andrizzi logra manejar distintos climas y tonos dentro del relato, en el que juega con la construcción de las imágenes. Hay reiteración al mejor estilo Eisenstein, superposición, uso del ralentí, contraluz, inserto de otros formatos, etcétera.
No sabemos mucho de Iván, el protagonista del film, pero sí entendemos que su estado anímico responde a un hecho anterior. Las imágenes se suceden entremezcladas, producto de un recuerdo desordenado, de un caos mental y anímico. Iván es pianista, pero dejó de tocar tras el accidente automovilístico de su esposa. Al sentirse culpable, y cargar con ese peso, desaparece su inspiración. Eso lo lleva a un estado de narcolepsia que lo vuelve un ser desconectado. Alguien que deambula sin motivaciones.
Una de las observaciones más reiterativas en las críticas de películas recientes suele girar en torno a la posible presencia de un "tono político" por parte del realizador del film a la hora de abordar determinados temas en sus realizaciones, siempre y cuando estos mantengan una estrecha relación con hechos actuales y de conocimiento público. Desde La terminal (The terminal, Steven Spielberg, 2004) hasta Una guerra de película (Tropic Thunder, Ben Stiller, 2008) y pasando por Troya (Troy, Wolgang Petersen, 2004), este rótulo puede adherirse fácilmente sobre la superficie de algunas películas -en algunos casos como las recién mencionadas, con total justificación- y establecer una controversia sobre la posición con la que el realizador se estaría plantando frente a los temas expuestos. Y la virtud de algunas de estas películas reside en la convivencia de una doble lectura -una de tipo poética, centrada en el relato y su construcción, y otra política, orientada hacia su discurso-, haciendo que podamos tener presente ambas de manera simultánea u optar solo por una. Poder entregarnos de lleno a la magia del relato, a la anécdota, despojados de la dimensión política de una mirada más curiosa e interesada, o centramos en la ideología del realizador...
Es intimidante escribir sobre Godard. Siempre. El hombre que hizo de su escritura un modo de hacer cine. El poeta que más pensó sobre las formas, desde las formas. Con su inagotable capacidad de pensar en voz alta, de hacer imagen ese pensamiento (el cine, una forma que piensa), de superponer texto sobre imagen (algo así como lo mismo para él), de ofrecer discursos múltiples, superpuestos, con las palabras, la imagen y el sonido. Film Socialisme integra la difícil línea de películas post Historie(s) du Cinema, donde Godard ataca sobre los sentidos y el pensamiento, con sus personajes enunciando frases inolvidables ("el dinero se hizo para que los hombres dejaran de mirarse a los ojos"), con sus planos del mar, con sus abruptos cortes a negro. Aunque no lo parezca, el cine de Godard apunta al pensamiento, pero también al corazón. Limitarse a describir lo que ocurre en la pantalla sería inútil. Hay un crucero viajando por el Mediterráneo, un trayecto definido que permite al realizador elaborar sus lapidarias reflexiones en voz alta sobre la Europa de hoy y el Oriente Medio de siempre. Hay una chica que maúlla frente al monitor de su PC, un chico que juega con el medallón entre las tetas de una amiga, un Iniesta que se retuerce de dolor en el campo de juego con la camiseta del Barcelona. No sé con qué se come todo esto, pero el sabor es delicioso y perdura en el tiempo. Si la veo de nuevo quizás me dé cuenta de que no es tan buena. En ese caso, será mejor volver no a enfrentar Film Socialisme. PC
Dos fantasmas rusos desean convertirse en seres vivientes y deciden consultar al oráculo de Garrel para saber cómo lograrlo. El oráculo les dice que ambos deben emprender el Camino de Santiago rumbo hacia Finisterra, Galicia, por lo cual ambos espectros (con sábanas blancas y cartones negros a modo de ojos) terminan emprendiendo la travesía. En el trayecto se cruzarán (y asesinarán) a una hippie, encontrarán una piedra musical, harán amistad con los ciervos, soñarán con una fantasma nudista, atravesarán un bosque repleto de árboles con orejas asomando por la corteza, serán acechados por una extraña criatura llamada Ser del Averno, consultarán a un Búho Real para desprenderse de su perseguidora, observarán imágenes de una película de video-arte catalán de los ochenta en el interior del hueco de un árbol y mantendrán conversaciones sobre la importancia del ejercicio y la alimentación, para finalmente conseguir su objetivo y reencarnar en una rana y un reno.
Pequeña rareza, donde las nuevas tecnologías y las redes sociales se convierten en las protagonistas al ser puente de encuentro entre dos seres. Él, francés; ella, iraní. Gecko es hiperquinético, trabaja de botones en un hotel y tiene por costumbre filmar sus performances gimnásticas. Baile/gimnasia que despliega a cada paso, de la misma manera que Gene Kelly chapoteaba bajo la lluvia, con total felicidad. Anahita, una joven universitaria, huye de la represión que están sufriendo los estudiantes en su país, para refugiarse en un hotel de París.
Mucho es lo que se ha dicho y escrito sobre este legendario documental en tres partes dirigido por el realizador chileno Patricio Guzmán, exponente emblemático del cine político latinoamericano. Por eso esta vez prefiero focalizar en algunos aspectos que quizás poco tengan que ver con su contenido, su contexto histórico o su repercusión mundial.
Patricio Guzmán, uno de los máximos exponentes del cine documental chileno, tuvo su merecido lugar dentro del BAFICI.
Nuevamente la dupla de Perut y Osnovikoff ofrece un nuevo documental sobre Chile y el general Pinochet. Su trabajo anterior, presentado en el BAFICI 2009, fue El astuto mono Pinochet contra La Moneda de los cerdos (2004) en el que registran el comienzo de la dictadura. Si en El astuto mono... comenzaron a hablar sobre el golpe de estado del general, en La muerte de Pinochet abordaron el fin de aquella dictadura. El punto de partida tiene fecha y lugar: 10 de septiembre de 2006 en el Hospital Militar de Santiago de Chile. Allí muere Pinochet. La noticia divide al pueblo chileno en dos bandos bien diferenciados, pinochetistas versus antipinochetistas. En ese marco, los cineastas sacan la cámara a la calle para registrar minuciosamente un dualismo que continúa hasta hoy. También lo harán a través de la opinión de cinco chilenos que relatan el recuerdo de aquel día. Pero la puesta en escena opta por el uso exacerbado del primerísimo primer plano detalle: de los labios, los ojos y las arrugas de los entrevistados. Una decisión estética que provoca un efecto por demás molesto e injustificado técnicamente. Tampoco hay una toma de posición ideológica de los documentalistas. Apuestan a un lugar neutral, que si bien es una decisión, no termina de dejar en claro el objetivo del film. El recorte, la distribución y el tiempo de los planos sobre un bando y otro, son iguales. Por ende, es tanta la equidad manifiesta, que termina siendo un pequeño documental sobre un tema que les quedó grande. MB
La labor de los programadores de cine -que no se queda en la selección de películas, sino que se extiende en la investigación y escritura de información para los programas de mano, así como en la traducción de los intertítulos- es una tarea de hormiguitas que les ensancha el pecho cuando hay al menos un espectador en la sala viendo aquellas películas preferidas
Esta coproducción franco-mexicano-guatemalteca llamaba la atención en la larga lista de opciones del Festival. Sobre todo, por la escasez de films latinoamericanos que se ofrecieron en esta edición, con respecto a la del año pasado. Así que entré con la esperanza de encontrar una propuesta novedosa, donde el folclore se diera la mano con el rock en algo parecido a lo que ha logrado León Gieco en la Argentina. Pero... nada que ver.
El premio para el mejor director en la Competencia Argentina recayó sobre Román Cárdenas. Otra vez no estamos en sintonía con el jurado, que seguramente vio aquí una nueva promesa del cine argentino.
Una bella casa de campo será el escenario perfecto para desarrollar una comedia de situaciones donde el entrecruzamiento de personajes provocará una constante mezcla de enredos. Allí, un dramaturgo (Pascal Gregory) espera a los actores de su próxima obra junto al director, que será un observador más dentro de la vorágine que se aproxima. Entre ellos: su ex amante y actriz principal (Julie Depardieu), un joven actor y actual novio de la actriz darán paso a una encrucijada de celos, reclamos, pasiones y deseos reprimidos, donde entrará la cuarta en discordia: la joven secretaria del dramaturgo (Agathe Bonitzer), que sin querer formará parte de un juego de competencias titulado: "quién se queda con quién". Un film verborrágico, de humor refinado y de cierta pedantería intelectual. Un relato ágil, omnisciente, que mantiene cierta tensión ante la dinámica imprevisible de las acciones que se van sucediendo.
Esta inclasificable y extraordinaria película que tan buena impresión ocasionara en la Quincena de Realizadores durante la última edición del Festival de Cannes es una intensa experiencia de inmersión cinematográfica que disipa cualquier intento de encasillar al film tanto como un mero ejercicio contemplativo preciosista, o como un muestrario del inagotable diálogo contemporáneo que siguen entablando los cruces entre documental y ficción. Le quattro volte es elusiva y evade cualquier encorsetamiento facilista. Es un rara avis dentro de una cinematografía tan irregular y desprovista de sorpresas como la italiana de nuestros días.
El sendero de Oregón que atravesó un grupo de familias guiadas por Stephen Cutoff en 1845 es el que le da el nombre al film. El atajo recorrido por la caravana que guió el explorador es el pretexto de Kelly Reichardt para componer un western atípico. La expedición histórica, formada por doscientas carretas, está simplificada en tres grupos representativos: el pastor y su familia, los recién casados y una pareja en segunda nupcias entre un hombre maduro y una joven.
Nelu acostumbra a pasar la frontera entre Rumania y Hungría para ir a pescar. A su paso por la cabina de seguridad, se le presentan serios inconvenientes (en la foto del documento aparece con bigote, así que tendrá que volvérselo a dejar la próxima vez que pase por allí; debe presentar un certificado que demuestre que el pescado que termina de pescar es suyo...). No hay manera de que Nelu pueda entender que lo de pertenecer a la Unión Europea no le simplificará la vida. Como no se la simplifica al emigrante turco que un día encontrará en el río y que le pedirá ayuda para pasar la frontera.
... Noche sin fortuna, título homónimo de una novela inconclusa de Andrés Caicedo, se exhibió en el BAFICI y es el trabajo de dos estudiantes de cine. Vale decir que aunque fue proyectada fuera de competencia, alcanza cotas más altas que algunas que sí compitieron. Francisco Forbes (argentino) y Álvaro Cifuentes (colombiano) captaron en alguna edición pasada del BAFICI la carnada lanzada por Ospina (mal utilizada, a mi modo de ver, por Alberto Fuguet en un libro que se presentó el año pasado en el mismo marco del Festival, donde compone con textos de Caicedo y propios un montaje que permite fisgonear, casi morbosamente, en las flaquezas humanas del caleño). Si bien el film recoge también algunos mitos del personaje, se apoya más que nada en la serie de entrevistas a aquellos amigos que había retratado Ospina, casi veinticinco años después.
Si algo tiene Hendler es que es un tipo sencillo y simpático. Al menos, esa es la imagen que dan sus diversos papeles interpretados como actor. Pero aquí se pasa al bando de los realizadores y no sale mal parado de la experiencia. Quizá porque sospechamos que detrás del personaje de Norberto se esconde un alter ego del director.
El film de Patricio Guzmán mantiene al espectador en una distancia prudente desde el comienzo. Quizá esa distancia venga impuesta por la voz del narrador, el propio Guzmán, cuyo timbre y cadencia es posible para una charla de café, pero no tiene el poder atrapante que uno espera de un narrador clásico. Lo cual no es un demérito, sino que lo mencionamos para situar al lector en la posición del espectador, que de pronto se ve minimizado por imágenes de artefactos inmensos, cuyo ruido ensordece, pues obedece a una serie de movimientos mecánicos de aparatos altamente sofisticados. Ese sonido, por momentos molesto, no cuadra con la voz que nos trae más bien hacia un relato monocorde.
Quizás no sea lo más adecuado comenzar una reseña sobre la última edición del BAFICI con una película como Notre Poison Quotidien. La última realización de la periodista francesa Marie-Monique Robin no parece tener demasiado que ver con el cine, y ateniéndonos al manual del purismo cinematográfico podríamos empezar a hablar de ciertos elementos presentes en este documental tales como el tono didáctico, la exhibición de testimonios a cámara en formato de cabezas parlantes, el uso esquemático del material de archivo y otros recursos poco inspirados que tanto suelen irritarnos a los cinéfilos cuando discutimos sobre modos y formas.
Los hermanos Levy decidieron hacer un film sobre el negocio de su padre, la sedería Kreal, ubicada en el barrio del Once y dedicada a la venta de telas finas para novias, madrinas y quinceañeras. Un rubro en el que, al vivenciarlo de cerca, quisieron destacar el rol de los vendedores. Aquellos que dedicaron su vida a la especialidad y a un producto que jamás usaron ni usarán, pero por el cual se transformaron en "leones" detrás de un mostrador.
El plano de un trofeo sobre un vidrio marca el comienzo de uno de los films de la Competencia Internacional del 13º BAFICI: Shelter. El dueño del premio es un entrenador de waterpolo que regresa de una gira deportiva con todo su equipo. En ese momento, recibe el llamado de su esposa, contándole que su hijo hace dos días que no regresa. La cámara no abandona los rostros abatidos de los personajes, los acompaña hasta la comisaría. Al hacer la denuncia, se escapa cierta mirada crítica sobre la burocracia policial. Locaciones oscuras, exteriores lluviosos, suburbios de un barrio de Bulgaria y planos largos que no hacen más que enfatizar el conflicto.
La química llevada a la gran pantalla, imágenes manipuladas y fusión musical. Breves (no tanto para el espectador) segmentos con formas, movimientos y colores sugerentes que por momentos atraen (la lava, el magma, la naturaleza, el fuego) y en otros provocan el rechazo (las incursiones de un bisturí sobre un ojo, el aparato digestivo, las ratas).
En la introducción de su pequeño (gran) libro Una juguetería filosófica, David Oubiña describe un tramo de una novela de W. G. Sebald, donde su protagonista examina una película filmada por los nazis en un campo de concentración durante los tiempos del Holocausto. La intención del personaje es descubrir si su madre se hallaba presente en aquella filmación. En la película, los responsables del film habían obligado a los prisioneros a actuar frente a las cámaras simulando que vivían felices en aquel lugar. Para tal fin los nazis decidieron encubrir los aspectos más evidentes que pudieran dar cuenta de la realidad que se padecía en los campos de exterminio, a modo de engañar a las autoridades de la Cruz Roja a quienes debían presentar el film. Al no poder encontrar a su madre en la filmación, el protagonista decide solicitar una copia en cámara lenta de la película para intensificar exhaustivamente el nivel de detalle de su búsqueda. La novela describe los nuevos aspectos que afloran en la imagen y el sonido cuando este personaje reproduce la película a un tiempo distinto del original. Esta alteración en el tiempo de la reproducción del film logra poner al descubierto aquellos detalles que permanecían ocultos en la velocidad original de proyección, revelando el carácter siniestro de una situación que los nazis pretendían mantener a resguardo de quienes lo vieran y que se vislumbra, en esta segunda visión, a través de los gestos de opresión en los rostros de los prisioneros, en la pesadez de sus falsos movimientos. Oubiña cita lúcidamente este ejemplo a modo de demostrar cómo la alteración de un aspecto original de un film (en este caso, su velocidad de reproducción) puede traer a la superficie una realidad que yace por debajo de lo que las imágenes pretendían mostrar en primera instancia. En otras palabras, de cómo la visión alterada de una película, a través de un simple procedimiento de manipulación técnica, puede generar otras lecturas en el espectador, de connotaciones totalmente opuestas a las de sus intenciones originales.
Codirigida con Jim Brown, como su film anterior Radiant City (2006), la última película de Gary Burns es una nueva versión del un film francés La vie commence demain (1949), de Nicole Védrès, donde un hombre del futuro le permitía a un hombre del presente interrogar a distintas personalidades como Le Corbusier, André Gide, André S. Labarthe, Pablo Picasso y Jean-Paul Sartre.
¿Qué decir de esta maravillosa película? Si no pasa casi nada... Todo lo que pasa está resumido en un intertítulo al inicio del film donde se habla de aquella anécdota según la cual Friedrich Nietzsche se abrazó a un caballo maltratado, se puso a llorar y entró en una dimensión que algunos llaman locura y que le consumió sus restantes años de vida. Pero eso no pasa en la película. Veremos al caballo, que tras un duro camino y bajo condiciones climáticas extremas, es ingresado a un galpón maltrecho de donde, obstinadamente, se negará a volver a salir, condenando dramáticamente a sus dueños: el cochero y la hija.
Skates, tatuajes, cabellos largos, lastimaduras en piernas y brazos tomados en primer plano ya nos sitúan frente a los personajes que llevarán adelante una pequeña historia, la de dos amigos que están en el momento de transición entre la escuela secundaria y la universidad o el trabajo, en ese tiempo muerto en que tomarán una decisión que encaminará sus vidas.
En El último (Der letzte mann, 1924), Friedrich Wilhelm Murnau nos narraba la historia de un hombre que por su vejez había pasado de la portería a ser cuidador de los baños de un lujoso hotel, con todo lo que esto significaba para su autoestima, para la imagen ofrecida a los demás, para su estatus social y familiar.
Hay algunos films que circulan, que fluyen para no quedarse en el recuerdo. Tampoco son novedosos desde lo formal. Este es el caso de Un mundo misterioso, del cual se tenía cierta expectativa debido al éxito de El custodio, primer film de Moreno.
La apertura oficial del 13º BAFICI comenzó con el film argentino Vaquero, ópera prima de Juan Minujín que se exhibió en el Teatro 25 de Mayo. Hacía diez años que el Festival no seleccionaba un largometraje nacional para la fiesta de inicio; razón y mérito propio, que le brinda a la película un interés especial.
A través de una información dosificada, seguiremos los pasos de Vasili, un oficial de policía, y Harry, un joven skater, habitantes de una Atenas agitada por el caos citadino y el calor del verano.
Glauber Rocha decía que nuestro cine era revolucionario cuando se tomaba en cuenta la violencia de nuestra hambre. Quizá parezca anacrónico citar a uno de los directores más prestigiosos del cine de estas latitudes, sobre todo si tenemos en cuenta que su "Estética del hambre" es de los años sesenta. ¿Y a qué viene todo esto? A que Yatasto no es sino la estilización de esa violencia. Y que Glauber Rocha debe estar revolcándose en su tumba.
