El Viejo Oeste cabalga de nuevo

Por Joaquín Juan Penalva

Valor de ley, cubierta de la novela

Valor de ley (True Grit)
Charles Portis
Ed Random House Mondadori (DeBolsillo)
Colección Best Sellers
Barcelona, 2011

Con motivo del estreno de la última película de los hermanos Coen, Valor de ley (True Grit, 2010), Random House Mondadori ha reeditado la novela homónima de Charles Portis (El Dorado, Arkansas, 1933). Se publicó por primera vez en 1968 y está narrada en primera persona por una Mattie adulta, soltera, que recuerda aquel episodio vital como una auténtica aventura en mitad de una vida monótona y anodina. Valor de ley es una novela corta, que consta de siete capítulos y doscientas páginas. Los cinco primeros, más breves, ocupan las cien primeras páginas, mientras que el resto de páginas se reparte entre los dos últimos, los más extensos de la novela.

Valor de ley 1969No resulta extraño que la primera trasposición al cine de este texto se realizara tan tempranamente, en 1969, ya que Valor de ley contiene todos los elementos necesarios para una buena película: un marshall borrachín y pendenciero, un viaje iniciático y una historia de venganza. El productor Hal Wallis compró los derechos de la novela y contrató a Henry Hathaway y John Wayne, dos nombres legendarios dentro del western. Wayne, que obtuvo por este papel el único Oscar de su carrera, se puso nuevamente en la piel del personaje en El rifle y la Biblia (Rooster Cogburn, Stuart Millar, 1975).

La novela de Portis no solo ha creado al inolvidable personaje de Rooster Cogburn, sino que ha servido de inspiración para tres largometrajes (el de Hathaway, el de Millar y el de los Coen) y un telefilme de 1978, dirigido por Richard T. Heffron y protagonizado por Warren Oates y Lisa Pelikan. Si hay algo que llama la atención de la última versión de Valor de ley es su clasicismo, ya que los Coen no solo no tratan de desmitificar el género, sino que le restituyen el esplendor que ya no tenía en 1969, cuando la película de Hathaway tuvo que compartir salas de exhibición con títulos tan desmitificadores como Hasta que llegó su hora (C'era una volta il West, Sergio Leone, 1968), Grupo salvaje (The Wild Bunch, Sam Peckinpah, 1969), Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, George Roy Hill, 1969), Cowboy de medianoche (Midnight Cowboy, John Schlesinger, 1969), Buscando mi destino (Easy Rider, Dennis Hopper, 1969) o La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint Your Wagon, Joshua Logan, 1969), películas que, en cierto modo, constataban la defunción del western clásico.

Lejos del colorismo primaveral de la primera versión de Valor de ley, los Coen han sido mucho más fieles al ambiente invernal de la novela de Portis y han realizado una adaptación mucho más fiel de la novela, con muy pocas concesiones. Prácticamente no hay diferencias argumentales entre las dos películas, pero el tono es mucho más sobrio y austero en la última. De todas maneras, no es en el argumento donde radica el mérito del film, sino en la forma de plantearlo, ya que se convierte en un relato de iniciación o aprendizaje en el que Mattie se enfrenta a un mundo hostil y salvaje.

Valor de ley, CoenUna de las referencias ineludibles de Valor de ley es la Biblia, ya que Mattie, que practica una férrea religión protestante, la cita constantemente. Es más, la película comienza con una cita del Antiguo Testamento, "Huye el impío sin que nadie le persiga", procedente de Proverbios, y todo el argumento pone en práctica la antigua Ley del Talión: "ojo por ojo, diente por diente". Por eso, Mattie, a la hora de contratar a un alguacil, no elige al mejor o al más honrado, sino al más sanguinario y despiadado.

En 1975, Hal Wallis decidió explotar nuevamente el éxito de Valor de ley y desempolvar el parche de Rooster Cogburn. El esquema argumental de El rifle y la Biblia es el mismo que el de la película de Hathaway, lo que ocurre es que el marshall, en lugar de ir acompañado por una niña, va escoltado por el personaje interpretado por Katherine Hepburn, una misionera testaruda y dominante que pretende vengar la muerte de su padre. He ahí el principal atractivo de la cinta, el duelo interpretativo que se establece entre dos actores legendarios.

Ahora que "Rooster" Cogburn cabalga de nuevo con las riendas entre los dientes es un buen momento para restituir la grandeza del western y para acercarse a una novela que, en cierto modo, ha sido eclipsada por sus trasposiciones. Al cabo, los viejos vaqueros nunca mueren y siempre regresan cabalgando después del ocaso.

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Cinerama (Reseñas) (96)
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