Miedo y ansia en la red

Por Javier Moral

Lost - PerdidosUno de los acontecimientos televisivos más esperados del año entrante -por no llamarlo "el acontecimiento"- es el final de Perdidos. El 2 de febrero se emitirá la premiere de la última temporada. Después de casi seis años robando el sueño a millones de espectadores de todo el mundo, ya se vislumbra el día que se antojaba inalcanzable, aquél en el que Abrams, Lindelof, Cuse y compañía nos regalarán el tan deseado y cuestionado desenlace de esta extraordinaria obra de culto. Y es que, por final, todos entendemos explicación. Coherente, por favor. Pero, antes de divagar sobre un colofón bien merecido que ni los propios actores conocen -¡eso es auténtico suspense!-, pongamos al desafortunado espectador que aún no descubrió la serie al corriente del poderoso significado del ya denominado "fenómeno Lost".

Se trata de una de esas lúcidas ficciones corales que prestigian la caja tonta de hoy y puede considerarse, a todos los efectos (preponderando el aspecto puramente narrativo), y aunque pudiera parecer imprudente esta proclama, muy superior a la mayor parte del cine moderno. Con una isla empedrada de incógnitas y de una arcana e inherente mitología, que acoge a los supervivientes de un avión estrellado, como personaje protagonista, cada episodio de cuarenta minutos proporciona una cantidad ingente, mas imprescindible, de información que el público deberá almacenar con tiento para aprovecharla cuando corresponda. Por ello, saltarse algún capítulo podría resultar catastrófico para el seguimiento del relato, y siempre es recomendable -según aconsejan, incluso, los creadores- la revisión de las temporadas anteriores en las vísperas del estreno de la siguiente (muchas cadenas de todo el mundo programan maratones en estas fechas). Es el problema de tratar de alargar el tirón del negocio y estrenar una temporada por año en una serie donde cada escena tiene una relevancia vital para la trama.

Nada es lo que parece ser en una historia que busca el diálogo interactivo con sus espectadores, de manera similar a las últimas películas de David Lynch, por poner un ejemplo ilustrativo. Así, se ha puesto en marcha una tremenda maquinaria teorizante a través de Internet. Con el aliciente de que los creadores atienden cada cierto tiempo a sus fans descartando ideas y dando pistas (los famosos spoilers), foros, webs exclusivas, referencias constantes en los medios de comunicación, juegos de investigación para mantener expectante a la audiencia en las pausas, incluso una Wiki dedicada a cada concepto, nombre o acontecimiento de la serie (lostpedia), son la prueba concluyente de una desorbitada pasión sin precedentes hacia un producto televisivo que cuenta con millones de seguidores en más de 230 países del mundo, siendo el más descargado de la red.

Lost - PerdidosNadie duda que con la rapidez que aparece esa decepción inicial -a causa de la impotencia experimentada- al descubrir que la solución a un enigma acarrea el planteamiento de otros diez nuevos, el programa nos brindará a continuación y por enésima vez una deleitosa sorpresa. Las conexiones entre todos los detalles, fechas y personajes son asombrosamente milimétricas -más si cabe en unos guiones con constantes discontinuidades espaciales y temporales que configuran el entorno y la evolución de cada personaje y sus circunstancias-, tanto que se deduce imposible de imaginar una solución en la que todos los cabos queden bien definidos y atados, sobre todo teniendo en cuenta que restan tan sólo dieciocho capítulos para el cierre. Por lo menos, siempre fueron noticias consoladoras la aserción por parte de los guionistas de que, desde las primeras temporadas, había un final en sus cabezas y la confirmación de la fecha de emisión para éste por la cadena americana ABC (mayo de 2010). Quedan pues, condenadas al olvido aquellas voces virtuales viperinas que embestían contra Perdidos por creerle un serial irrespetuoso que jugaba con su público manteniéndolo a la deriva, enganchado a una ilusión imperfecta.

Los últimos capítulos emitidos han desprendido una fragancia de ciencia-ficción verosímil, delimitando el contradictorio imaginario de una hipotética, por hiperbólica, realidad. El mayor riesgo de lo que queda por ver reside en la insostenible expectativa generada en torno al remate del show: se ha especulado tanto sobre él que es muy probable un alto índice de insatisfacción, y no precisamente por la tristeza que produce que algo tan bueno tenga que terminar. Pero, la agradable fantasía de que todo se cerrara con respuesta -todo lo trascendente, pues se ha señalado convenientemente que el aura de misterio seguirá abrigando el recuerdo de la serie- daría el derecho a hablar de los más grandes genios del guión de la historia de la televisión (me atrevería a decir, con un savoir faire exquisito e inigualable); sólo el síndrome de abstinencia que provoca esta potente droga ya permite catalogarla dentro de su mercado: de lo bueno, lo mejor; de lo mejor, lo superior. El periodista Manuel Campo Vidal dijo que "si de pronto se averiaran los televisores, no habría escalas para medir los maremotos de aburrimiento". Si esto ocurriera en el último capítulo de Perdidos, lo incalculable sería la cifra mundial de ventas de ansiolíticos.

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Cinerama (Reseñas) (96)
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