La madriguera del erizo

El erizo (Le hérisson). Mona Achache, Francia, 2009
Por Paula Segovia

Encontrar un escondite es uno de los retos de cualquier infante en el planeta. Sumergirnos en ese lugar secreto, desaparecer por unos El erizo cartelinstantes de nuestra realidad, arroparnos en nuestros sueños, para luego salir completamente renacidos, es un placer indescriptible a los ojos adultos. Y eso es  lo que busca Paloma (Garance Le Guillermic), un escondite único, sublime, perfecto. No quiere una fría pecera de cristal, contenedora pero translúcida, quiere una calurosa y oscura madriguera que le permita protegerse de la caricaturesca pero depredadora burguesía parisina que la rodea. Por lo que consecuentemente, día tras a día, con sus propias manos, cava su refugio final en la muerte.

Mona Archache en su primer largometraje, basándose en el libro de Muriel Barbery, "La elegancia del erizo", perfila a su joven protagonista como su fatal alter ego. Paloma está por entrar en la adolescencia y se ha fijado para la fecha de su duodécimo cumpleaños acabar con su vida. La opción del suicidio es la que le parece la más sensata para evitar formar parte del oxidado engranaje que la rodea. Abandona la escritura del diario en la obra literaria, y ahora en el celuloide se arma con una vieja cámara de video y dibuja cada día sus contundentes trazos negros que plasma en la pared o en sus cuadernos, como su particular bitácora de vida. Pretendiendo así dejar un disconforme testimonio de su breve tránsito por este mundo. Definitivamente, la infancia que deja no es tan dulce como la pintan, y la adolescencia a la que está por entrar no es tan tonta como parece. Cada mañana, como el hábito hace al monje, Paloma emerge de su particular cueva de "Alí Baba", una habitación colorida todavía llena de preciados juguetes, y empieza a retratar a su disfuncional familia como un fresco contemporáneo de su clase: una madre (Anne Brochet) adicta al psicoanálisis que habla amorosamente con las plantas, un ausente padre (Vladimir Yordanoff) ministro de gobierno y una hermana mayor (Sarah Le Picard) con la que se ha roto cualquier lazo de hermandad. Sin embargo, cruza el umbral de su hogar y se encuentra con una red de túneles y cámaras interconectadas que es su edificio. Una compleja madriguera habitada por vecinos, como raras especies desconocidas. Con ellos logra inmediatamente articular un discurso que hace eco en voces amigas: la huraña portera, Renée Michel, con su misteriosa habitación secreta en la diminuta portería, o su nuevo vecino japonés, el señor Kakuro Ozu, que ha reformado por completo su vivienda y que posee como un tesoro su sala de proyección. Ambos cobran vida en las magistrales interpretaciones de Josiane Balasko y Togo Igawa, como los tesoros ocultos de esta obra.

El erizo fotogramaLa vetusta edificación, con sus años de abolengo, es otra anciana protagonista que guarda en sus faldas los secretos de sus inquilinos. Renée Michel, en su apariencia burda y tosca, esconde en su habitación el secreto de su deleite literario: una extensa biblioteca presidida por la obra de Tolstói. Mientras, Kakuro Ozu abre la puerta de su casa de revista de diseño solamente a aquellos que entran en su alma. Una disonante pareja, unos seres que se acercan por medio de una clave literaria, por un gusto cinematográfico, bajo la astuta mirada de sus gatos que los acompañan a la vejez, al ocaso de la vida, en una larga marcha hasta encontrar la persona autorizada para abrir las puertas del corazón. Pero la muerte, de la mano del azar, acecha fuera del aterciopelado cobijo de la edificación. El absurdo fin de Renée es la resurrección de Paloma, es la salida definitiva  a la vida plena, madura, sin escondites. Como metáfora del pez atiborrado de pastillas que Paloma desecha por el inodoro y que Renée encuentra con vida en el suyo. Son los misteriosos túneles por los que los erizos aparecen y desaparecen en la madriguera.

Ficha técnica:

El erizo (Le hérisson), Francia, 2009

Dirección: Mona Achache
Producción: Anne Dominique Toussaint
Guión: Mona Achache
Fotografía: Patrick Blossier
Música: Gabriel Yared
Montaje: Julia Gregory
Interpretación: Josiane Balasko, Garance Le Guillermic, Togo Igawa

 

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