Into the wild

Curling

Denis Côté. Canadá, 2010

Por Débora García Sánchez-Marín

Cartel de la película CurlingLa última película de Denis Côté, Curling, fue premiada con el Leopardo de Plata en las categorías de mejor director y mejor actor en el Festival de Locarno, donde el director canadiense es un habitual. Curling, al igual que Les États nordiques (2005), parece estar caracterizada por la descripción de espacios remotos y despoblados a los que están adscritos personajes aislados por sus miedos. Gracias al Festival 4+1 se ha podido recuperar el visionado de este filme que, como otros muchos títulos, pese a haber participado en certámenes de prestigio y contar con el apoyo de la crítica y el público, en contadas ocasiones logran acceder a los circuitos comerciales.

En Ella quiere el caos (Elle Veut le Chaos, 2008), Denis Côté ya planteaba la temática definida por el binomio formado por el aislamiento, unido a un espacio geográfico muy concreto, los despoblados pueblos de Quebec. Curling cuenta la relación de total dependencia entre un padre y su hija. Ambos viven aislados en mitad de la nada. El padre, Jean-Francois (Emmanuel Bilodeau), tiene miedo de los peligros del exterior. Parece creer que el origen de todo mal se encuentra en la civilización. Es por esa razón que mantiene a su hija Julyvonne (Philomène Bilodeau) de doce años prácticamente encerrada en casa. La niña no asiste a la escuela, no tiene amigos y vive como un ama de casa precoz. Cuando el padre trabaja en la bolera, ella limpia la casa y prepara la comida. Los compañeros de trabajo de Jean François ven en él a un buen tipo, pero todos presienten su miedo y su omnipresente tristeza, que parece guiar todos y cada uno de sus movimientos.

Fotograma de CurlingMientras su padre está afuera, Julyvonne camina por los bosques, hunde sus pies en la nieve y se introduce aún más, si cabe, en la Naturaleza. Como decía Bruno Bettelheim[1], en los cuentos infantiles nadie se pierde en el bosque para ser encontrado, sino para encontrarse a sí mismo. Cuando Henry Thoreau decidió retirarse a una cabaña a orillas del río Walden, lo hizo con la intención de renovarse, de encontrar una comunión total y espiritual con la Naturaleza. El camino metafórico que inicia Julyvonne está en la línea de esta idea trascendental del abandono de la civilización. Si Thoreau lo hizo en aras de encontrar a Dios, o lo trascendente (algo que también predicaba Waldo Emerson), en la niña esta incursión en lo inhóspito es como su despertar a la vida.

Julyvonne ha estado dormida y dos visiones van a resucitarla. La primera es la aparición surrealista de un tigre en medio de esa indómita naturaleza. La contemplación de ese animal salvaje en medio de la blancura más absoluta es una imagen que contiene una tremenda fuerza visual. Su segunda catarsis es el tropiezo de la niña con unos cadáveres medio enterrados en la nieve. Ante esta imagen, Julyvonne corre, vuelve a su casa y se acuesta en la cama. Curling, la películaUnos primeros planos de su rostro nos indican que algo ha cambiado. Su respiración es entrecortada, sus transparentes ojos azules por primera vez miran más allá.  

La Naturaleza ha provocado en la niña el despertar de la curiosidad, es por eso, que el siguiente día se siente atraída magnéticamente por los muertos que encontró. Situada frente a ellos, la mirada de Julyvonne va fotografiando las manos, los pies, el cuerpo entero de esos muertos anónimos; imágenes casi congeladas que surgen de la cámara de Denis Côté.  La niña, en una imagen bellísima, acerca su dedo a uno de los cadáveres y éste, como Dios en La creación de Adán, le insufla la chispa de la vida. En la composición de Miguel Ángel, si Adán estira el brazo es porque está vivo, incluso antes de que Dios le infunda la vida. Es la conciencia de la propia existencia y la finitud lo que es realmente introducido, la pérdida de la inocencia y el sentimiento trágico de la vida, la verdadera expulsión del Paraíso.

Curling, críticaEl título Curling hace referencia al deporte olímpico que es practicado durante toda la película, pero también es una alegoría de la manera en la que viven los protagonistas. ¿Serán capaces finalmente de acercarse al centro de la diana o se mantendrán en el solitario y asfixiante margen? Jean François, definido por uno de sus compañeros como "el tipo de loco que se lanza al lago para librarse de la lluvia", parece comprender al término del filme, que si bien la existencia es aparentemente más segura al margen de la sociedad, como proclamara Christopher McCandless en Hacia rutas salvajes (Into the Wild, Sean Penn, 2007), la felicidad sólo es verdadera cuando es compartida.


[1] Bettelheim, B. Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Ed. Crítica, Barcelona, 2001.

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