El mundo ficticio de las realidades creadas: Publicistas en el cine

Por Cristina Bringas

Publicistas en el cine

Año a año, cientos de películas se estrenan en las distintas carteleras alrededor del mundo. En cada una de ellas, un incontable número de personajes se presentan y desarrollan frente a nuestros ojos, poco a poco los vamos conociendo, mientras empatizamos con ellos o los detestamos por completo. En cualquier caso, todos tienen circunstancias particulares, y ese contexto es el que va modelando la historia de sus vidas.

Su lugar de residencia, los restaurantes que frecuentan, su familia, el trabajo que realizan, todo va dando pistas sobre su existencia y su carácter, y al mismo tiempo al espectador se le va permeando no sólo una idea sobre el universo que en ese momento le provee entretenimiento, sino también le va dando “indirectas” sobre su propia vida.

Cada género cinematográfico tiene sus cualidades y características, así como convenciones respecto a la forma en la que están construidas sus historias y personajes. La comedia y los romances, que por años se han mantenido en la línea del entretenimiento, muchas veces ni siquiera necesitan ahondar mucho en la profesión o actividades de sus personajes; sin embargo, en otras ocasiones se vuelve absolutamente necesario exponer las actividades de éstos para poder narrar la historia.

Publicidad y cineEn repetidas ocasiones, empezando la película, el contexto que se presenta es una ciudad cosmopolita: tráfico, grandes edificios, taxis amarillos y mucha gente; normalmente resulta ser Nueva York el escenario ideal, siendo fácilmente reemplazado por Los Angeles, o bien por alguna otra ciudad grande del mundo (Londres, Ciudad de México, Madrid, Buenos Aires o cualquier otra). Una vez que conocemos el lugar del mundo elegido, los realizadores presentan algunas pistas respecto a la vida que llevan los protagonistas. Suele entonces mostrarse unas oficinas en algún edificio alto, una revista, una agencia, un lugar que está más dentro del estilo fashion, con la arquitectura adecuada al contexto actual, tecnología de punta, muchos colores brillantes o la más absoluta sobriedad, sin llegar a lo aburrido.

Sin mucho más preámbulo, se concluye que alguno de los personajes se dedica al mundo cosmopolita de la publicidad, las relaciones públicas o el mundo editorial (al más puro estilo de las revistas de moda y glamour).  La pregunta es ¿qué ofrece este mundo a las historias que llegan a las carteleras?

Aunque aquí sólo se mencionen algunas cintas (seguramente hay muchas más de las que en este artículo se logran ennumerar), éstas están llenas de un mundo fantástico ubicado en la gran ciudad, que cobra sentido en medio de una realidad envuelta en “farándula”. La publicidad cubre la vida cotidiana de todos los seres humanos y es un sinónimo de creatividad, que normalmente está conectada a ciertas cualidades personales: una forma determinada de vestir (casual, formal), un espacio de trabajo, un equipo de cómputo, una ciudad, una conexión con diferentes niveles sociales, una posibilidad de triunfar en el primer mundo.

Es como si todos estos personajes fueran triunfadores en la mejor de las realidades imaginables, y es que  con un trabajo en publicidad son poco más que los reyes del mundo: pueden tener a la chica bonita, el auto de los sueños, trabajar en la Gran Manzana, pagar un piso costoso y amoblado, usar la ropa de moda y además hacer lo que mejor saben hacer y los satisface: ser “ocurrentes” y persuasivos. Los publicistas y publirrelacionistas nunca parecen sufrir su actividad, todo es natural e inherente a ellos, y es esto mismo lo que los hace emanar felicidad y dar pie a que exista una película en donde su quehacer normalmente no sea un obstáculo, sino una cualidad.

En películas como Sexo, pudor y lágrimas (Antonio Serrano, 1999) o Dulce Noviembre (Sweet November, Pat O’Connor, 2001), el espectador tienen la posibilidad de conocer un poco el mundo de la mercadotecnia publicitaria, pero no ahonda lo suficiente ni se convierte en el tema principal de la historia, como sería el caso de series como Mad Men (Matthew Weiner), en donde todo se permea y avanza a la par que las campañas se van creando.

Mad MenSin embargo, algunas otras cintas han tocado con mucha más profundidad el tema, dándole un sentido distinto al personaje, cambiando sus actitudes ante la vida y transformando su propia realidad, hasta que ésta logra volcarse en los mensajes que ellos mismos emiten para el mundo ficticio en el que se encuentran.

¿En qué piensan las mujeres? (What Women Want, Nancy Meyers, 2000), por ejemplo, narra la transformación que vive Nick Marshall (Mel Gibson) cuando empieza a percibir los pensamientos de los demás; esto cambiará radicalmente su concepción del mundo y por ende los mensajes que emite serán modificados drásticamente (en su entorno personal, profesional y publicitario).

Algo similar sucede con Cómo perder a un hombre en diez días (How to Lose a Guy in 10 Days, Donald Petrie, 2003), en donde Ben Barry –un exitoso publicista- hace y rehace una campaña, hasta llegar al punto de perder su propio sentido de la vida, al toparse con la mujer correcta en el momento justo. En este caso, son, más bien, su identidad, deseos y motivaciones los que se adaptan a la realidad que vive, pero es su profesión lo que lo obliga a estar en esa situación.

En Los pitufos (Raja Gosnell, 2011), Patrick Winslow (Neil Patrick Harris) está intentando asumir su nueva responsabilidad como ejecutivo de una reconocida marca de cosméticos; para lograr con éxito la empresa que se le confió para la nueva campaña se señirá a las convenciones establecidas por la marca, hasta que la presencia de los duendecillos azules cambie su perspectiva de vida.

No cabe duda que la experiencia personal y la forma de ver la vida afectan directamente en todas las esferas de la realidad. Tal vez es esta evidente metamorfosis la que es necesaria para mostrar el cambio en el personaje. Quizá sería mucho más complicado hacer entender esta evolución en el protagonista, si éste se dedicara a la ingeniería civil, la contabilidad o a la minería.

Es entonces la posibilidad de cambiar el mundo –para bien-, tener éxito y ganar más dinero lo que vuelve a estos personajes tan antojables. Por supuesto, todo se remata con actores que –en su mayoría- son parámetros de belleza. ¿Quién no quiere vivir en una gran ciudad, ser rico con relativamente poco esfuerzo, tener una historia de amor de ensueño y, además, tocar la vida de todos los que reciban los impactos de la magnífica campaña que haces? El publicista y el relacionista público tienen un mundo inagotable para comerse de un bocado.

Quizá si en las comedias románticas abundaran los arquitectos, los ingenieros en alimentos, los químicos o los panaderos, con estas mismas hermosas historias de amor y éxito (acompañados con toda la parafernalia de la publicidad), tendríamos mucha gente deseosa de estudiar esas otras profesiones. En cambio, los médicos y científicos son más bien protagonistas de historia de terror, thrillers y películas de acción, suspenso y aventuras.

Profesiones: publicistasEn realidad, muy pocas son las cintas que exploran la publicidad desde sus lados más oscuros. Recientemente, salió en México Labios rojos (Rafael Lara, 2009), en donde Ricardo (Jorge Salinas) padece la terrible realidad de pasar de un trabajo mediocre (como copy) a ser un ejecutivo lleno de frustraciones. No todo en el mundo de la publicidad es color de rosa, pero esa posibilidad parece tierra virgen: aún inexplorada. El arduo camino de un creativo junior hacia la cima, o de aquel que empieza entregando correspondencia, no ha sido aún retratada –o tal vez no con el impacto o frecuencia esperados.

En muchas otras ocasiones en las que no se aclara o define la profesión de los personajes, con tan sólo ver el contexto es suficiente para encasillarle en alguna: si vive modestamente, tal vez es mesero, personal de servicio o chofer; si tiene lujos excesivo, millonario o artista; si tiene un posición acomodada y viste a la moda, seguro que trabaja en publicidad. Con un estereotipo tan evidente, ya no es necesario hacer mucho por ahondar en ciertos aspectos del personaje, su contexto está asumido en los primeros minutos de la película.

Publicistas y cineUn fenómeno similar ocurre cuando se presenta un profesional más o menos exitoso, del que nunca se aclara su actividad. Por ejemplo.Chandler Bing (Friends), podría pasar como publicista o ejecutivo de mercadotecnica, pero no es una opción que sea contador o abogado.

Al final, en la cinematografía también existen ya consensos y formas de mostrar ciertas realidades, por eso cuando éstas cambian, el grado de sorpresa crece considerablemente, igual que el grado de frustración.

El mundo que ha creado Hollywood en torno a la publicidad responde al anhelado y maximizado sueño americano, en donde la clase media roza considerablmente la alta sociedad, se codea con el lujo, tiene éxito y es feliz. Las posibilidades de satisfacción y de realización personal y profesional sólo existen en la comedia romántica y a través de vivir como un creativo en un cuento de hadas.

A lo mejor, en la industria cinematográfica deberían reconsiderar un planteamiento novedoso del concepto de felicidad y vida plena, para abrir nuevos caminos de acción, no sólo para el ser humano común, sino también para crear una brecha novedosa encaminada a ofrecer nuevas posibilidades a los personajes de las historias que vemos semana tras semana.

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