Ain't got no/ I got my freedom

Criadas y señoras

The Help. Tate Taylor, EUA, 2011

Por Débora García Sánchez-Marín

Criadas y señoras cartelCuando en 1955 Rosa Parks rehusó ceder su asiento de autobús a un pasajero blanco en Alabama, aunque ella no lo sabía, no solo estaba desafiando las leyes de segregación racial, estaba encendiendo la chispa de la lucha por los derechos civiles. Tenemos que esperar al final de la película de Tate Taylor para encontrarnos con Aibeleen Clark tomando conciencia de sí misma, y declarando: "Nadie me había preguntado qué se sentía siendo yo... Cuando conté la verdad sobre ello, me sentí libre". Esto, que se muestra como epílogo, es la cuestión más importante del filme, que subyace sutilmente durante toda la narración. El hecho de que alguien, en este caso una mujer blanca, le pregunte a una mujer negra "qué se siente siendo ella", es en sí mismo una revolución. Esto que parece obvio no lo es en absoluto. Eugenia "Skeeter" está, no solo instituyéndola como persona, sino posibilitando que pueda reconocerse como mujer negra libre, lo que contrasta extraordinariamente con la respuesta que Aibeleen Clark había dado al inicio del relato a una de las preguntas que la propia Skeeter le había formulado al inicio de sus entrevistas: "Mi madre era criada, mi abuela fue esclava y yo también soy una criada".

Criadas y señoras fotogramaCriadas y señoras es la segunda película de Tate Taylor. Basada en la novela The Help de Kathryn Stockett, cuenta la historia de tres mujeres que, conscientes de los límites impuestos por la sociedad, se arriesgan a cambiar su pequeño entorno. Eugenia "Skeeter" (Emma Stone) vuelve a Jackson en Mississippi, después de haberse graduado en la universidad. Sus amigas son el prototipo de mujer sureña de los años sesenta: clasistas, remilgadas, preocupadas únicamente por ganar al brigde, y por asistir y promover actos de sociedad. Todas estas mujeres disfrutan de un servicio doméstico que durante años encubrió esa políticamente incorrecta nueva esclavitud que representaba el racismo. Esas mujeres negras crían, cuidan y educan y aman a los hijos de las blancas, sabedoras de que, con el paso del tiempo, probablemente, trabajarán para ellos. Como casi todas las mujeres de su generación y de su ciudad, Skeeter fue criada por una mujer negra, Constantine, por la que tenía gran afecto y que, de manera sospechosa, ha dejado de trabajar en su casa a su regreso de la universidad.

Criadas y señoras fotograma La pérdida de la figura de Constantine, el auge de las leyes de segregación racial y la irrisoria medida que promueve una de sus amigas, esbozando una ley para construir un baño para los negros fuera de las casas, hace que Skeeter se embarque en el proyecto clandestino de escribir un libro contando la experiencia de las mujeres negras. Para escribir el libro, entabla amistad con dos de ellas, Aibeleen Clark (Viola Davis) y Minny Jackson (Octavia Spencer), con sus testimonios, sus recuerdos y sus anécdotas, Skeeter da voz a la mujer negra.

Criadas y señoras fotograma La película funciona gracias al reparto femenino. La presencia de los hombres es poco menos que anecdótica, como la relación que pretenden endosarle a Skeeter, una mujer que se había mostrado siempre independiente y autónoma. Su personaje pierde autenticidad cuando, a medida que avanza el relato, el director pretende encorsetarla en un amorío muy poco creíble. Sin embargo, la mayoría de los personajes están muy bien construidos. Destacan la mesura interpretativa de Viola Davis, la comicidad de Octavia Spencer o la candidez infantil que caracteriza al personaje de Celia Foote (Jessica Chastain), que la sitúa fuera de esa balanza maniquea de negros y blancos. Es por eso que Celia limpia las heridas de Minny, la sienta a su mesa y la convierte con todos y cada uno de sus gestos en una igual.

Criadas y señoras fotogramaCriadas y señoras es emotiva y ácida, equilibra a la perfección el drama y la comedia, y creo que va encaminada a convertirse en una película bastante laureada en la próxima gala de los premios Oscar. El filme seguro que hará las delicias de los académicos, pese a la narración lineal y al análisis superfluo, que no indaga, ni abandona lo tópico, siendo políticamente correcto en todo momento. ¿Tendremos que esperar a que una directora negra con tanta mala leche como Spike Lee dirija una película, para que se aborden por fin, quizá proponiendo una nueva visión, los años previos a la lucha por los derechos civiles?

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