Fresco histórico atípico

Yo serví al rey de Inglaterra

(Obsluhoval jsem anglického krále). Jirí Menzel, República Checa-Eslovaquia, 2006

Por Pablo Abraham

No es muy frecuente ver cine checo en nuestras carteleras, mucho menos una cinta de un maestro como Jirí Menzel, el más célebre Yo serví al rey de Inglaterracineasta de esa cinematografía europea, ganador de un Oscar por aquella magnífica Trenes rigurosamente vigilados (1964). Por esas cosas de la vida, Yo serví al rey de Inglaterra (2006) aunque llega con evidente retraso a Venezuela, es un acontecimiento a celebrar, aun cuando desconozcamos la trayectoria de Menzel, un cineasta cuyo talento no parece haber desaparecido ni por culpa de los cambios políticos ocurridos en su país desde los años 90, ni por esa especie de agotamiento u obsolescencia que a veces suele aquejar a otrora ilustres autores.

Menzel vuelve a adaptar a su autor literario preferido, Bohumil Hrabel, en esta sátira, comedia bastante atípica si nos atenemos a modas, en la que el realizador elabora un fresco histórico de buena parte del siglo XX de la República Checa, a través de la figura de un personaje para nada tradicional en lo que a protagonista heroico se refiere.

Yo serví al rey de InglaterraDite, el personaje central de Yo serví al rey de Inglaterra, es un hombre de poca inteligencia, cuyo único deseo es llegar a ser millonario, por lo que es difícil verlo como representación del país en general, aunque al principio del film pareciera que van por allí las intenciones del autor cuando lo vemos con esa prístina estampa de muchacho con potencial vendiendo salchichas en la estación de tren en una época en el que país parecía ir en buen camino gozando de cierta inocencia general. Y aunque el relato no es lineal, son tres las épocas que a Menzel le interesa mostrar: A la ya descrita, le sigue la llegada de los nazis, verdaderos invasores que someten el orgullo de la nación checa, transformándola incluso geográficamente y convirtiéndola en un pedazo más del denominado III Reich; para terminar con la llegada del nuevo régimen en el que ya nada es de nadie sino "del pueblo".

Poco a poco, entonces, Menzel nos va describiendo cómo es verdaderamente el personaje y su lugar con respecto al concepto de nación que se maneja a lo largo del film, lo que genera una cierta traba a la hora de experimentar y mantener una completa identificación con el mismo: si bien tiene suerte con las mujeres -he aquí uno de los aspectos más sobresalientes del film, su sensualidad a flor de piel-, Dite maneja un silencioso arribismo y a veces parece incapaz de no pensar en nada ni en nadie más sino en lograr su sueño: hacerse millonario, algo a lo que llega simplemente por suerte. Ni siquiera llega a darse cuenta de su condición de "traidor a la patria" cuando defiende, se enamora y hace todo lo posible -y lo logra- para casarse con una alemana, especie de invasora nazi que, como todo invasor, desprecia al pueblo del que se ha apropiado. Más honorables que Dite resultan ser sus compañeros del Hotel Paris, que se niegan como orgullosos checos a servirle al invasor.

Transformado en "glorioso pasado", de acuerdo a la perspectiva que ofrece Menzel con respecto a su protagonista -y al mismo tiempo Yo serví al rey de Inglaterrade acuerdo a cómo está contada la historia, en flasbacks-, Dite parece vivir en un limbo, en esa especie de retiro al que fue enviado una vez que cumplió su condena de quince años por ser millonario, de acuerdo al régimen socialista. En ese momento, el verdadero presente de un Dite ahora algo viejo, el autor tampoco se esfuerza en mostrarlo  como una verdadera víctima ni mucho menos como un héroe, sin bien resalta su soledad en la escena, en la que el propio Dite para sentirse acompañado coloca varios espejos, en los que puede ver su propia figura multiplicada. Dite parece formar parte de esas "almas del purgatorio" condenadas a vivir en una inexistencia tranquila y solitaria.

Más allá del personaje y del elemento político que a Menzel le interesa mostrar está su maestría en la puesta en escena, a través de la cual realiza un evidente homenaje al gran Chaplin, mirando también a Fellini: la apertura y el cierre del obturador inician y finalizan el film; la milimétrica precisión de los movimientos en algunas escenas, como la de la cena del Rey de Etiopía, así como los desplazamientos coreográficos de los mesoneros, incluso la imagen misma de Dite, recuerdan a cualquiera de las cintas de Charlot. Allí es donde reside parte del encanto de esta cinta, un encanto que al mismo tiempo ofrece una visión para nada romántica del pasado histórico de la República Checa.

Ficha técnica:

Yo serví al rey de Inglaterra (Yo serví al rey de Inglaterra), República Checa-Eslovaquia, 2006

Dirección: Jirí Menzel
Guión: Jirí Menzel (de la novela de Bohumil Hrabal)
Fotografía: Jaromír Sofr
Música: Ales Brezina
Interpretación: Ivan Barnev, Oldrich Kaiser, Julia Jentsch, Martin Huba, Marián Labuda, Milan Lasica, Josef Abrhám, Jirí Lábus, Jaromír Dulava

 

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