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Gueto, la película perdida de la Alemania nazi

A film unfinished, Yael Hersonski. Israel, 2010

Por Arantxa Acosta

La verdad de la historia está en función de la verdad de la filosofía que el historiador pone en juego.
H.I. Marrou, historiador

Gueto, la película perdida de la Alemania nazi¿Cómo demostrar que la aniquilación de los judíos es justificable? ¿Cómo hacer ver al pueblo alemán, y al mundo entero, que su aislamiento, su destrucción, es necesario? La respuesta es sencilla: filmando el gueto y lo que allí ocurre.  

Familias adineradas viviendo en pisos lujosos, comiendo carne de oca y caballo, haciendo grandes fiestas y yendo al teatro... y paseando al lado de pobres que se mueren literalmente de hambre en la calle, sin ofrecerles ningún tipo de ayuda. Así es el judío, egoísta, que no ayuda ni a los suyos en momentos de más penuria.  

Tras la Segunda Guerra Mundial, apareció en los archivos de la Alemania del Este, bajo un búnker de hormigón, la única copia de una película que sirvió a muchos historiadores para comprender el día a día en un gueto judío. En concreto, el film mostraba el gueto de Varsovia, uno de los más importantes de la época, que fue desalojado sólo tres meses después de haberse "robado" esas imágenes. La película era, por tanto, un valioso testimonio de la condición en la que vivían miles de judíos hacinados en unos pocos quilómetros: unos sobreviviendo al borde de la locura, otros viviendo casi igual, incluso mejor, que antes de ser confinados en el gueto.  

Gueto, la películaPero... ¡ah!  En 1998 se descubrió otra cinta, que incluye las tomas falsas de la anterior, revelando la verdad absoluta: la película original es un montaje, un film creado exclusivamente para ser utilizado como propaganda del régimen. Se muestra al operador de cámara preparando las escenas, y cómo algunas de ellas fueron filmadas desde distintos ángulos antes de seleccionar la que realmente muestre el horror o el "puro" lujo de forma más "verídica". Se demuestra, pues, que la cinta original es, simplemente, otro instrumento nazi a utilizar en beneficio propio.  

Tras encontrar la cinta, la directora decide realizar este documental, que condensa cuatro años de investigación y resuelve el misterio de hasta qué punto lo que se muestra en la película es, o no, cierto, al encontrar testimonios de los que vivieron en el gueto en la época, y mostrándoles en primicia la cinta para que ellos mismos puedan ayudarnos a distinguir realidad de ficción.  

Adicionalmente, se contrasta la información con la de los diarios que se conservan del comisario Adam Czerniakov, líder del consejo judío del gueto. Un hombre que, sabiendo lo que significaba todo aquel montaje, no dudó en poner peligro su privilegiada posición y escribió todo lo que pasó durante aquellos días, incluida la verdad sobre las imágenes que recogían los alemanes: desde la búsqueda de actores que representasen las escenas menos creíbles, hasta el miedo de los que tenían que "posar" correctamente, bajo la severa mirada de los alemanes.

A film unfinishedPero el documental de Yael Hersonski no sólo nos revela la verdad oculta tras un film claramente manipulado, sino que también nos invita a reflexionar sobre hasta qué punto podemos fiarnos de este tipo de testimonios históricos. ¿Qué hubiese pasado si no hubiésemos encontrado la prueba de que era todo una farsa? ¿Hubiésemos dejado de lado los testimonios vivos de personas que durante años explicaban el horror de las condiciones que allí tuvieron que sobrellevar, aislándose de la visión diaria de los muertos en las calles? ¿Nos hubiésemos creído a pie juntillas aquello de que "una imagen vale más que mil palabras"? Pues, seguramente sí. Y nos hubiésemos equivocado.  

Fotograma de la película Gueto, la película perdida de la Alemania naziEntonces... ¿qué valor podemos dar, a partir de ahora, a la "memoria histórica", a miles y miles de archivos que supuestamente tienen que ayudarnos a comprender la verdad de lo que pasó hace años, siglos? Triste pero cierto, el documental nos lo deja claro: no podemos fiarnos de nada. Así que, como siempre, nos quedaremos con la verdad sesgada... la que más nos interese, en el momento que nos interese.  

El Documental del Mes de Octubre nos deja un sabor amargo, por las dos verdades que nos (de)muestra, sin compasión. La primera, que el hombre es capaz de dañar al hombre sin ningún límite. La segunda, que el hombre es, también, capaz de mentir sobre sus acciones, si de ello va a sacar un beneficio mayor al remordimiento que le va a suponer de su propia conciencia. Y lo peor de todo es que, triste pero cierto, esto ya lo sabíamos, y no hacemos nada para mejorar... por muchos años (y guerras) que pasen. 

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