La excusa de Amenábar

Ágora. Alejandro Amenábar, EUA - España, 2009
Por Arantxa Acosta

Agora - CartelAlejandro Amenábar lo ha vuelto a conseguir: ha tocado un género tan distante al de sus anteriores films como es el histórico, y sale victorioso. Eso sí, victorioso en el sentido de la realización... algo a lo que, por otra parte, ya nos tiene acostumbrados. Porque, si algo falla en Agora, es precisamente que con tanta exactitud el director se ha olvidado de un elemento clave: ponerle sentimiento. Si no, hubiese sido realmente perfecta.

Amenábar nos presenta a Hipatia de Alejandría, una increíble mujer que, nacida en el 370 dC, fue educada de forma muy distinta a otras mujeres de la época. Apoyada por su padre, el filósofo y matemático Teón, renunció a casarse para poder cultivar su mente y desarrollar así sus estudios, que compartió dando clases hasta su muerte.

Por otro lado, el Ágora era el centro cultural, político y social de las polis. Se celebraban asambleas, se discutían problemas... la mezcla de culturas y creencias se respetaba... hasta cierto punto. Y es que la época que nos muestra el director es justo en la que el cristianismo empieza a cobrar mucho más poder sobre el resto de religiones (paganas, judaísmo), en un Egipto dominado por el Imperio Romano... y en el que se hace evidente que el control de la ciudad pasa por escoger la religión a la que se pertenece. Este fue el fin de Hipatia, asesinada por ser diferente...

Amenábar mezcla estos dos ingredientes para llevarnos a pensar en la disociación Lógica versus Fanatismo. La lógica viene, por supuesto, representada por Hipatia y sus desesperadas ansias de comprender si la Tierra es o no el centro del universo (lo que se traduce, por supuesto, en necesidad de creer en hechos). El fanatismo, por los grupos de radicales que harán todo lo posible por hacer prevalecer su religión, llevando al extremo la lectura de las escrituras para condenar, finalmente, a una mujer como Hipatia. ¿Se merecía este final una mujer que no quería entrometerse, que quería seguir su vida al margen de todo lo demás, respetando los deseos de cada uno de ellos? ¿Por qué veían en ella una amenaza... quizá porque estaba en posesión de la razón? La ciencia dejaba en evidencia algunas de las máximas cristianas... pero también de las máximas paganas.

AgoraEntonces... si alguien espera un film sobre la gran científica... mal. Pero si se espera un film en contra del cristianismo... tampoco es esta la película (aunque en Estados Unidos sí se lo han tomado así, y tuvo problemas con su distribución). No, no... Amenábar simplemente ha cogido como excusa la vida de Hipatia para demostrar la irracionalidad y estupidez de las religiones, pero de todas ellas. Y es que no salva ni una... de una forma realmente brillante, y aunque seguramente no sea lo que él pretendía, el director consigue desviar la atención de Hipatia a Davo, su esclavo, que tiene una curiosa evolución personal a lo largo de todo el film, pasando de amante entregado a una mujer imposible a fanático cristiano para, finalmente, darse cuenta de su terrible error... demasiado tarde. Davo es el protagonista de la historia, el que nos hace fluir en ella y el que consigue que finalmente, nos emocionemos mínimamente con Ágora.

Pero, como ya comentábamos al inicio, a Ágora le falta sentimiento, le falta pasión. Porque no es posible que lo que falle en el film sea, precisamente, su personaje principal (interpretado por Rachel Weisz). No es por ella, que interpreta a la perfección a una mujer de nuestros días (y por eso desentona tanto con el resto), sino porque la fuerza de la historia supuestamente "paralela" - principal en realidad - consigue desdibujar cualquier asomo de empatía con la mujer, hasta el punto de que cuando se intercalan sus escenas llegan a aburrir, prefiriendo que nos expliquen qué está pasando con Davo y sus nuevas amistades. Amenábar debería haber sido honesto y mostrar lo que quería desde el inicio, se lo hubiésemos agradecido... porque a veces se pierde en el misticismo que quiere darle al film, cuando éste sólo cobra fuerza e interés al comprender el gran porqué de Ágora. Incluso en su escena final, nos emocionamos por la terrible decisión del esclavo, no por la muerte de Hipatia.

AgoraAsí, Amenábar hace lo de siempre en todas sus películas: el guión, la puesta en escena, la fotografía, la dirección... Todo en Agora es, en este sentido, impecable. Consigue hacernos sentir en la época, lamentar el conocimiento perdido con la destrucción de la biblioteca... El director nos demuestra que no hay género que se le dé mejor que otro (aunque siempre diremos que Tesis y Abre los Ojos es de lo mejor que ha aportado a la historia del cine español), pero quizá le falte conexión con el espectador. Aunque no lo pretenda, siempre parece quedarse en un segundo plano, dejando claro que lo que él piense no va a mezclarse con su producto final. ¡Ah! Quizá sea lo mejor, y más en un film en el que quiere ponerse de manifiesto cómo empieza la lucha de poder entre las religiones y su directa relación con la política, pero entonces, no nos emociona desde el inicio, no nos creemos la historia de amor... no nos hace reflexionar y por tanto, no nos arrastra y no nos acaba de convencer. Quizá también sea culpa de un reparto no demasiado bien escogido, empezando con Weisz que no puede demostrar de todo lo que es capaz, y siguiendo por Oscar Isaac que no saca todo el partido a un Orestes que debe debatirse entre el gran amor que siente y sus ansias de progresar en la política... Algo más destacable Max Minguella (Davo), pero igualmente no convence. En definitiva, Ágora no es el mejor film de Amenábar, no. Y es una lástima, porque podría haberlo sido a todas, todas.

Ficha técnica:

Agora. EUA, España 2009

Dirección: Alejando Amenábar
Producción: Fernando Bovaira, Álvaro Agustín
Guión: Alejandro Amenábar, Mateo Gil
Fotografía: Xavi Giménez
Música: Glenn Freemantle
Montaje: Nacho Ruiz Capillas
Interpretación: Rachel Weisz, Max Minguella, Oscar Isaac

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