Paz. Tranquilidad. Ingravidez

Más allá de la vida

(Hereafter). Clint Eastwood, EUA, 2010

Por Arantxa Acosta

Cada vez que Clint Eastwood vuelve a gran pantalla, se genera una expectación inusual, sólo comparable a Woody Allen, otro de los Más allá de la  vidahistóricos que es aún capaz de dirigir una película al año. Además, al igual también que Allen, Eastwood cuenta con un gran número de incondicionales que le siguen y seguirán hasta que decida dejarlo. Reconozco que no es mi caso.  

Últimamente, los films de este director me habían quitado la esperanza de ver algo nuevo en ellos. Desde Million Dollar Baby (2004), la similitud de sus films, tanto en cuanto a la historia como a la forma de explicarla, provocan que la audiencia acabe dividiendo opiniones: o te gusta mucho y año tras año te sientas en la butaca a ver otra gran historia muy bien explicada, o acabas aborreciendo que siempre sea igual.  

 Por ejemplo, en cuanto a la historia, nos tiene ya demasiado acostumbrados a denunciar un aspecto de la sociedad, o de las personas, muy concreto, ya sea en cuanto a lo egoístas que podemos ser y la necesidad de cambiar -Gran Torino, 2009, o la ya citada Million Dollar Baby son buenos ejemplos-, o respecto de lo atroz de nuestros actos y de darnos cuenta de que detrás de ellos hacemos daño a personas inocentes (Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, ambas de 2006). Aunque reconozco que me sorprendió muy gratamente el enfoque japonés... un punto de vista muy distinto al tradicional de este director, que lamentablemente no pudo evitar en el film opuesto y cuyo resultado tiene una calidad mucho menor. Y en cuanto a la forma de llevar a la pantalla los estupendos guiones que le caen en las manos, es loable la simplicidad de la puesta en escena o el realismo que aporta la fotografía de Tom Stern (al que le gusta tender mucho más hacia una iluminación, por encima de todo, muy natural), pero, claro, tras tantos films utilizando los mismos recursos, nos quedamos con la duda de si ya no se atreve a innovar, utilizando una y otra vez la misma fórmula mágica.  

Más allá de la vidaClaro que esto no implica, en absoluto, que sus películas no sean buenas. Lo son, efectivamente. Pero tanta perfección, tanto cálculo milimetrado hasta el último detalle, elimina el efecto sorpresa. Sabes que lo que vas a ver va a estar muy bien, pero va a ser previsible. Y entonces nos encontramos con Más allá de la vida. La formula sigue siendo la misma, no nos engañemos... pero en este caso, funciona tan bien que nos ha acabado sorprendiendo.  

Más allá de la vida acaba uniendo (previsiblemente) tres historias: por un lado, la de una mujer que sobrevive a un tsunami en Filipinas, pero que tras haber estado unos minutos muerta clínicamente, se da cuenta de que ha visto el más allá, que se ha movido entre los muertos. Por otra, la de un niño que ve cómo su vida cambia radicalmente cuando su hermano gemelo muere repentinamente en un accidente de coche, y es incapaz de superarlo. La tercera, la central, la de un hombre que es capaz de comunicarse con los muertos pero que, lejos de sentirlo como un don, se trata de una maldición que no le deja llevar una vida normal.  
A priori, puede sorprender que Eastwood se haya metido en un tema tan paranormal. No obstante, y como muy bien sabe hacer, lo que ha conseguido sacar a flote de forma magistral son los sentimientos de cada una de las personas que aparecen en el film, ya sean los tres protagonistas o los que van a interactuar en mayor o menor grado con ellos. El director convierte un film que en manos de otro hollywoodiense podría haber estado lleno de efectos especiales y apariciones increíbles de muertos que hablasen, y gracias sobre todo a la "simplicidad aséptica" con la que dirige sus rodajes y que le caracteriza, en un producto lleno de realismo, que nos ayuda a plantearnos si lo que puede hacer el personaje de Matt Damon (muy alejado de su look habitual, con barriguita y con el pelo lleno de canas... un hombre normal, vamos) puede que exista de verdad.  

¿Hay vida después de la muerte? ¿Podemos comunicarnos con nuestros seres queridos, pedirles ayuda, consejo? ¿Estamos ahora sólo Más allá de la vidaen una etapa de lo que tenemos que vivir? La película no plantea estas preguntas, sino que las da por hechas (seguramente fue la mejor forma para el guionista, Peter Morgan, de superar la muerte de su mejor amigo), con una historia donde se deja claro que existe otro mundo en otra dimensión, y se pone de manifiesto desde una perspectiva muy humana. Podía parecer que no era posible, pero el film demuestra lo contrario.  

Y es que si en otras películas tanta crudeza visual, tanta perfección escénica se ha traducido en una casi completa eliminación de la emotividad que en teoría debía transmitir la historia, en el caso de Más allá de la vida es lo que mejor funciona, no hay más que analizar la escena de la lectura que el parapsicólogo realiza al gemelo abandonado: primer plano de la cara de Damon intentando concentrarse, de las manos de ambos entrelazadas, del niño llorando mientras escucha lo que su hermano le dice a través del medium... simple, emotiva y, por tanto, muy efectiva. Porque la historia sobre el mundo sobrenatural necesita de sentimientos reales para llegar al espectador de una forma directa... y es claramente lo que se ha conseguido.  

Eastwood aprovecha, cómo no, para denunciar también al mundo que gira alrededor de este seguro más que lucrativo negocio. Lo hace no sólo haciéndonos ver a múltiples impostores que lo único que saben hacer es ingeniárselas para sacarle el dinero a personas que están pasando por uno de sus peores momentos al haber perdido a alguien cercano, sino también y de forma más sutil a través del hermano del parapsicólogo, que le presiona para que se gane, y de rebote él también, la vida con su "don". Porque tanto quienes han perdido a alguien como los que pueden encontrarse con ellos son personas normales, que quieren seguir con sus vidas, ya sea quitándose un peso de encima como pudiendo encontrar el amor en una clase de cocina o poder relajarse escuchando la grabación de un libro de Dickens (muy bien escogidos todos los pasajes que escuchamos, ya que reflejan claramente el momento y sentimientos por los que está pasando el parapsicólogo).  

Más allá de la vidaEn cuanto al "empaque" del film, el director vuelve a contar con el equipo que le acompaña desde hace años, empezando por su director de fotografía (no hay más que ver unas cuantas secuencias para asegurar que es el mismo) y repitiendo con Matt Damon. La impecable música compuesta por el propio Eastwood también es ya y desde hace años marca de la casa. Sorprende eso sí la escena inicial, impactante pero serena, donde se reproduce el tsunami y de la que sólo es reprochable que se note tanto el ordenador cuando la chica está cayendo hacia el fondo, una vez está todo el poblado inundado. También asusta en el inicio que aparezca varias veces la escena de las personas muertas vagando por un descampado iluminado, pero pronto se deja de lado este terreno desconocido para adentrarse en la vida de los personajes.  

Lo dicho, simple y efectiva, aunque previsible y larga. Eastwood ha vuelto con el mismo estilo que ya utiliza y que le funciona desde hace años... pero esta vez, encaja tan bien que se le perdona. Un film muy recomendable por la agradable sensación de paz y tranquilidad que deja incluso horas después de abandonar la sala de cine. Quizá menos recomendable para personas que hayan perdido a alguien recientemente, porque se van a sentir demasiado reflejados y van a salir con el sentimiento contrario. En cualquier caso, para unos y otros, el film llega a niveles de ternura que no veíamos en Eastwood desde Los puentes de Madison (1995). Chapeau.  

Ficha técnica:

Más allá de la vida (Hereafter), EUA, 2010

Dirección: Clint Eastwood
Producción: Kathleen Kennedy, Robert Lorenz, Clint Eastwood
Guión: Peter Morgan
Fotografía: Tom Stern
Montaje: Joel Cox, Gary D. Roach
Música: Clint Eastwood
Interpretación: Matt Damon, Cécile de France, Jay Mohr, George y Frankie McLaren

 

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