In greed we trust?

Wall street: el dinero nunca duerme

(Wall street: money never sleeps). Oliver Stone, EUA, 2010

Por Arantxa Acosta

Curiosa, esta segunda parte de Wall Street (Oliver Stone, 1987). Cuando todos esperábamos volver a ver a Gordon Gekko, el Wall streettalentoso -y ladrón de información- broker interpretado por Michael Douglas (que le valió el Oscar al mejor actor), nos encontramos ante una edulcorada versión de él mismo, con una historia que dedica mucha más atención a la vida de los dos jóvenes protagonistas y, como no podía ser menos, a poner en evidencia uno de los peores acontecimientos económicos que estamos viviendo en los primeros años del siglo XXI: la burbuja inmobiliaria y sus catastróficas consecuencias. ¿Significa que esta secuela es mala? No. Lo que significa es que está muy por debajo de las expectativas pero, claro, esto no le va a suceder a todo el mundo. Seguramente sólo nos pase a los que en su momento valoramos el film de Oliver Stone como uno de los que mejor supieron retratar a los personajes de una Wall Street corrupta en plenos años de bonanza. Han pasado ocho años desde el encarcelamiento de Gordon Gekko, y éste es, por fin, puesto en libertad. Nadie le espera. Nadie le recuerda. 2008, siete años después: conocemos a Jake Moore, un broker en Zabel Investments en la cresta de la ola, con un talento especial para los negocios y obsesionado con las nuevas energías. Cuando, por motivos personales y viejas venganzas, el fundador de Zabel se suicida, Jake entra en bancarrota... pero encontrará su oportunidad: ir a buscar a Gordon Gekko. Primero, para acercarle a su hija, que no es otra que la prometida de Jake. Segundo, para vengarse de los que atacaron a Zabel. 

Leyendo la sinopsis, la verdad es que puede parecer que nos encontramos ante un buen argumento, digno de la primera parte. Y sí, para comprenderla bien, igual que en la anterior, es necesario mostrar la vida de estos brokers, el lenguaje que utilizan, el ritmo trepidante de sus acciones, la tensión continua a la que se someten durante las horas en que la Bolsa está abierta. Oliver Stone relata esta parte con la maestría de un director que ya ha sabido cómo explicar esta historia, llevándola más allá gracias a nuevos elementos técnicos. Esa frenética locura del comprar-vender son las mejores imágenes de Wall Street: el dinero nunca duerme. Por cierto, para los que no lo recuerden, el título hace referencia a la frase que Gordon Gekko dice a Bud Fox (Charlie Sheen, en el que sin duda es uno de sus mejores papeles) cuando le despierta antes de que amanezca.

Wall streetHablando de recordatorios, Oliver Stone llena de guiños a su primera película esta secuela. Empezando por los títulos de crédito, con el mismo tipo de letra, y que vemos mientras sobrevolamos la ciudad, hasta frases célebres de la primera ('Greed is good', recuperada ahora para el libro que Gordon ha escrito sobre los nuevos tiempos), pasando por personajes principales (un sorpresa que aparezca Bud Fox/Charlie Sheen, una sorpresa que el encuentro entre los dos sea tan poco creíble... ¡por Dios! Si el chaval le traicionó... ¿cómo pueden saludarse como si fuesen viejos amigos?) y secundarios (incluso la señora que alquila el piso a la nueva pareja es la misma actriz que lo hizo veinticinco años atrás).

Pero, aún a sabiendas de que no podía tratarse exclusivamente de un recordatorio para nostálgicos, el material que utiliza Stone para la secuela no convence. Primero, como decíamos, por el giro del papel de Gekko. Sabemos que la cárcel cambia, y seguro que los años también. ¡Ah!, pero es una pena. Aunque también hay que darle la razón al director, cuando dice que "desde 2008, la existencia de Gordon Gekko ya no es posible. Ese personaje, ese tipo de pirata ha desaparecido, reemplazado por una clase de instituciones que tiempo atrás disponían de regulación". En definitiva, cuando queríamos volver a ver a Gekko en acción, nos lo sustituyen por las ansias de poder de un joven cuya evolución es la misma que la de Bud Fox y la avaricia de un Josh Brolin que, sinceramente, no acabamos de creer (es que no tiene la cara de malo necesaria, la verdad). Segundo, porque las continuas alusiones pseudo-metafóricas acerca de las burbujas acaban aburriendo: ya lo hemos entendido, no hace falta darle tantas vueltas. Y, tercero, por la historia de amor entre los dos jóvenes (debería tratarse del relleno a una película sobre la economía, y no al revés) y la relación padre-hija, que se ve muy forzada.

Aparte de todo esto, claro está, el film está impecablemente rodado. Si bien los años dorados de este director parece que ya han pasado a la historia (lejos están Platoon, 1986, o Nacido el 4 de Julio, 1989), hay que reconocer que es un buen narrador de historias y  que sus films no bajan del notable. Ahora, alguien tiene que decirlo: en una película de Oliver Stone no esperábamos encontrarnos imágenes de ordenador, muy muy cutres, sobre en qué consiste la fusión atómica. Ni que fuese un capítulo de CSI o House, vamos...

En fin, que Wall Street: el dinero nunca duerme es entretenida, pero no tiene el efecto ni la fuerza que tenía su predecesora. Se disfrutará plenamente (sobre todo, por su final) en un domingo tarde.


Festival y galardones:

Festival de Cannes 2010. Sección Oficial. Fuera de competición.

Ficha técnica:

Wall Street: el dinero nunca duerme (Wall Street: money never sleeps), EUA, 2010

Dirección: Oliver Stone
Producción: Edward R. Pressman, Eric Kopeloff
Guión: Allan Loeb, Stephen Schiff
Fotografía: Rodrigo Prieto
Montaje: Julie Monroe, David Brenner
Música: Craig Armstrong
Interpretación: Michael Douglas, Shia LaBeouf, Josh Brolin, Carey Mulligan

 

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