La memoria, esa vieja tramposa

La prima Angélica

Carlos Saura, España, 1973

Por Liliana Sáez

De la  memoria puedo imaginar las interminables apuestas
y sus mañas de vieja tramposa
puedo no pensar en que distribuye los signos
de ese futuro tangible y ajeno.

Paco Urondo: Como bola sin manija


Se puede situar a La prima Angélica en la última etapa del cine de Carlos Saura bajo el franquismo, dentro de una filmografía audaz La prima Angélicaen lo político y en lo estético. Comparte con La caza, Ana y los lobos, El jardín de las delicias o La madriguera un espíritu metafórico que permite leer entrelíneas una posición política crítica. Sólo la suceden, en esa etapa oscura de la historia de España, Cría cuervos, Elisa, vida mía y, para cerrar este período, Mamá cumple cien años (evidente referencia a la madre España). Luego, Saura recorrerá otros derroteros, no tan relacionados con lo que había planteado bajo la censura falangista, sino más relajados y como parte de una búsqueda expresiva artística más afín al espectáculo musical y teatral.

Ya hemos hablado en un número anterior, al referirnos al director de fotografía Luis Cuadrado, que el Nuevo Cine Español, marco dentro del cual se inscribe La prima Angélica, se caracterizaba por ser realizado por un equipo de talentosos colaboradores de la talla del mencionado Cuadrado, del productor Elías Querejeta, del guionista Rafael Azcona, la cámara de Teo Escamilla y la edición de Pablo González del Amo, así como la interpretación de actores fetiche, como en este caso, de José Luis López Vázquez. Producto de su fecunda reunión es este film que nos ocupa, que en el momento de su estreno se equiparaba a otra obra maestra, El espíritu de la colmena, de Víctor Erice. Eran obras donde se conjugaba la poesía con la crítica, la historia nacional con la familiar, las sensaciones con los hechos...

Luis, a la vera de la carretera que une Barcelona con Segovia ve un auto detenido, junto al cual una (su) madre trata de convencer a su hijo (él mismo) que pasará una buena temporada de vacaciones junto a la familia. Mientras el niño ruega no separarse de sus progenitores, el padre lanza una frase lapidaria, que cobrará un profundo significado casi al finalizar el film.

La prima AngélicaEsa escena, repetida en dos momentos de La prima Angélica, es crucial para comprender qué ha sucedido entre la primera y la segunda vez que la veremos: un viaje, un viaje literal por el trayecto Barcelona-Segovia, por un lapso de tiempo 1937 y 1973, pero también un viaje de la memoria, un viaje a la infancia, donde tantas cosas eran incomprensibles.

Carlos Saura elige plantear la historia de Luis, a partir de esa permanencia en la casa de la familia materna, donde la abuela, una tía soltera, una tía casada, su esposo falangista y la hija de ambos, Angélica, le dan cobijo en un ambiente donde hay un constante reclamo hacia la figura paterna de Luis, convertida en una especie de oveja negra de la familia.

La escena mencionada más arriba abre una instancia de corte surrealista, a través de la cual Saura intercalará momentos del presente y del pasado, rompiendo con las convenciones del flashback, al instalar a Luis tal como se lo ve en 1973 en las escenas del pasado, rodeado de los personajes de la familia mucho más jóvenes. Y subrayando el surgimiento de los recuerdos en una nube mental donde algunos personajes se confunden en la mente de Luis (el amigo Felipe y el cura Florentino; Angélica adulta y su madre; Angélica niña y la hija de Angélica, el padre de Angélica niña y el marido de Angélica adulta...), asumiendo roles que pueden definirse a través de líneas básicas, como la religión y la educación, el amor, la adolescencia y la represión. 

 

Me destierro a la memoria,
voy a vivir del recuerdo.
Buscadme, si me os pierdo,
en el yermo de la historia,
que es enfermedad la vida
y muero viviendo enfermo.

Miguel de Unamuno: Me destierro a la memoria


 En 1973, La prima Angélica permitía interpretar las entrelíneas que retrataban, no a una familia, sino a un país, donde el espíritu La prima Angélicafascista se imponía desde la Iglesia castradora y el autoritarismo de la familia patriarcal. La idea de instalar a un niño, educado en los ideales republicanos, en un entorno falangista suponía desvelar los mecanismos con que se forjaba la formación de los niños españoles. Y hacerlo a través de la representación de los mecanismos de la memoria, donde los recuerdos y ensoñaciones suelen jugar malas pasadas, ofrecía una lectura ambigua que protegía al autor de semejante discurso ante la censura franquista.

La frustración ante la impotencia de cambiar, no una historia, sino la de Luis y la de Angélica, en un presente que los encuentra en plena soledad a uno y en una crisis matrimonial a la otra, sólo podía leerse a través de la gestualidad de un rostro como el de López Vázquez. Su mirada sorprendida y asustada ante los recuerdos, su rictus de resignación frente a los hechos, su cuerpo arqueado por el peso de una educación represiva... le dan vida a un hombre incapaz de arriesgarse, producto de una generación que ha doblegado la voluntad de sus hijos a través del temor, ya sea desde la Iglesia, desde la política o desde la familia. Ese adulto que vemos rememora sus terrores infantiles: las amenazas que recibían los adolescentes frente al pecado (la masturbación era considerada como tal) y el temor ante la ira de Dios (que podía llegar hasta la muerte, como le sucedió al niño que murió en el bombardeo).

En cambio, en 2010, La prima Angélica, despojada de ese carácter subversivo que intentaba retratar una política retrógrada, se ofrece como un ejercicio virtuoso acerca de la memoria y cómo representarla en el cine. Si bien Saura bebe del cine de Luis Buñuel, uno de los autores que más han incursionado en el tema, propone aquí un paso más evolutivo en esa búsqueda y logra un discurso formalmente estilizado y narrativamente efectivo.

 Haciendo uso de la focalización interna, Saura logra representar los vaivenes de la memoria de Luis, donde sus ensoñaciones transitan por el pasado y por el presente sin sufrir cambios físicos ni espaciales. Porque, realmente, son esos espacios que Luis recobra, los disparadores de sus recuerdos: el colegio bombardeado, la casa de la abuela, el cuarto de la tía soltera, la Iglesia y la visita a la tía monja, el altillo y la campiña... Y la constatación de su historia, a partir de esos recuerdos. Su vida en soledad, vacía de contenido, que se le vuelve tormentosa, ahora que ve a su prima adulta viviendo una vida anodina.

Ese encuentro con el pasado, con su adolescencia, con una instancia que podría haber sido definitoria de su vida futura, le pesa ahora que ha visto que se encuentra solo, con unos parientes que hoy le hacen comprender a los del pasado. Por eso, el encuentro con el recuerdo en la carretera cobra otro sentido, porque ha logrado entender que ese hombre casado con su prima, que sueña con el retiro a una campiña bucólica, lejos de la tecnología que representa el futuro, no es sino un  reflejo desvaído del tío falangista que lo castigaba cuando lo encontraba con su prima; que su vida junto a esa familia lo ha marcado de tal manera que hoy se encuentra impotente para tomar una determinación que cambie su vida gris; que las cosas se han modificado, pero las huellas del pasado permanecen, y aquellos hombres y mujeres que tanto detestaba su padre, hoy han evolucionado en seres miserables, sin la carga ideológica ni el convencimiento de aquéllos, por lo tanto, existe una especie de mirada de conmiseración hacia esa generación perdida.

Hay que decirlo, aunque nos duela reconocerlo, la etapa franquista de la cinematografía de Carlos Saura es mucho más rica y se inscribe en una corriente vanguardista que actualizó la cinematografía española. La prima Angélica es una de esas obras que permanecerán como un clásico, aunque esté desprovista del significado que cobró durante su estreno. Posee otros valores, estéticos y narrativos, que permitirán recobrarla para los listados de las imprescindibles.

Ficha técnica:

La prima Angélica, España, 1973

Dirección: Carlos Saura
Producción: Elías Querejeta
Guión: Carlos Saura y Rafael Azcona
Fotografía: Luis Cuadrado
Interpretación: José Luis López Vázquez, Lina Canalejas, Fernando Delgado, Julieta Serrano, Lola Cardona, Josefina Díaz, José Luis Heredia, Encarna Paso, Luis Peña, María de la Riva, Marisa Porcel.

 

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