Por Manu Argüelles
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Adopción. David Lipszyc, Argentina, 2009.
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Bloomington. Fernanda Cardoso, EUA, 2010.
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Fit. Rikki Beadle-Blair, Reino Unido, 2010.
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From beggining to end (Do começo ao fim). Aulizio Abranches, Brasil, 2009.
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Hermafrodita. Albert Xavier, República Dominicana, 2009.
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Il compleanno. Marco Filiberti, Italia, 2009.
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L'arbre et la foret. Olivier Ducastel y Jacques Martineau, Francia, 2009.
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Postcard to daddy. Michael Stock, Alemania, 2010
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Prayers for Bobby. Russell Mulcahy, EUA, 2009.
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Violet tendencies. Casper Andreas, EUA, 2010. |


Este trabajo pudo verse en la edición de 2009 del Festival de Mar de Plata. Adopción nos narra un caso excepcional. Y como tal, aparte de justificar por sí solo la realización de esta obra argumentativa a beneficio suyo, rehúye el formato estandarizado del documental, para adentrarse en terrenos artísticos y, por tanto, más oblicuos, lejos de la transparencia que todo relato de no ficción busca. Sí, se recurrirán a las convencionales entrevistas con los protagonistas, pero éstas no llegarán hasta bien entrado el largometraje.
Sencillo, correcto y humilde largometraje, que nos narra una historia de amor entre una joven, antigua estrella de televisión, y una madura y sofisticada profesora de universidad. Como en la anterior edición, se selecciona un relato femenino para abrir el certamen. En Bloomington se pretende naturalizar una relación lésbica con una pronunciada diferencia de edad. Pero no va más allá de esta pretensión. Lo que de entrada no tiene por qué ser un inconveniente, nos deja una impresión de vacío, de saber a poco. Ambas mantienen su relación en la clandestinidad, pero todo transcurre de forma apaciguada. No hay perturbaciones reseñables y el sufrimiento de los personajes siempre se queda en pantalla, por más que las actrices cumplan con su papel, especialmente la que encarna a la profesora, que desprende un elegante magnetismo frente a cámara. La voluntad de la joven de reemprender su antigua carrera televisiva, será la que marcará el final de la relación. Pero las formas suaves y ligeras y la profusión de planos de corto alcance para caracterizar una historia íntima, remiten a una percepción de algo ya visto cien mil veces. El talante sosegado e imperturbable remite a esa sensación de falta de disonancia entre dos mujeres que distan mucho entre sí. De acuerdo, la edad no es un problema. ¿Pero algo más?
Premio del público en esta edición del Festival. A partir de una clase de baile, Fit nos presenta a una serie de adolescentes y sus problemáticas personales, junto con la relación con su grupo de iguales, en torno a la identidad sexual. Ya no solo es ser gay o lesbiana sino además, aquel desconcierto anímico que sufren aquellos que son tildados, al margen de su orientación. La homosexualidad como arma arrojadiza y como uso despreciativo, sin que falte el prototípico homofóbico violento que, en realidad, esconde una frustración por ser incapaz de asumir su atracción hacia el género masculino.
No es habitual encontrarse en la cinematografía brasileña películas que giren en torno a la temática LGBT. Y la que se presenta en la clausura, tiene además la osadía de contar una historia incestuosa entre dos hermanos. Trata de suavizarse conforme ambos, Francisco y Thomas, son de diferentes padres, pero la apuesta permanece intacta. Su voluntad de transgredir el tabú centra sus esfuerzos en transmitir la belleza de una historia de amor que dura toda una vida, desde el mismo nacimiento. Su apuesta es decidida y valiente pero en la borrachera de la sublimidad se queda varada. Las dos partes en las que se divide From beggining to end, infancia y fase adulta, no solo la fragmentan de forma insalvable, sino que además, agota la energía antes de tiempo.
Poco a poco el intergénero va encontrado su parcela fílmica. La presente, es la tercera aproximación, al menos que tengamos nosotros censada, y curiosamente, también proviene desde América Latina. Recordemos a XXY (Lucía Puenzo, 2007) y
En El Espectador Imaginario hemos sido testigos de un reciente y excelente cine italiano que a cuentagotas está llegando a nuestras pantallas.
En Paragraph 175 (Rob Epstein & Jeffrey Friedman, 2000), se cuenta con uno de los pocos sobrevivientes homosexuales que fueron confinados a campos de concentración, tan solo por su condición sexual. De este testimonio francés, al final se nos cuenta que logró crear una familia. Viendo L'arbre et la foret parece que Olivier Ducastel y Jacques Martineau se han inspirado para edificar este sobrio y soberbio drama familiar. Largos planos secuencias con cámara inmóvil, formas secas pero a la vez elegantes, sin preciosismos superficiales y con esa limpieza del cine francés que se mantiene distante, pero que deja exponer a sus personajes todo su infierno interno. El tándem de realizadores franceses, casi inéditos en España, alcanzan una obra de plena madurez, alzándose para este cronista, como la mejor película del certamen, de todas aquellas que pudo ver.
Todos mis respetos a Michael Stock, auténtico mártir y alma torturada. Más que un film, es una sesión de terapia. Habla en primera persona a cámara de sus traumas más íntimos y privados. La confesión seglar adopta el formato de diario audiovisual. Ya saben que Jonas Mekas, desde el lado más experimental del cine underground de los años sesenta y setenta, posibilitó la configuración de películas-diario. No sé si Stock lo tenía en mente o simplemente se trataba de realizar un ejercicio de catarsis público, práctica que la televisión ha deformado hasta el extremo, con los nefastos reality-shows, talk shows y demás programas de testimonios.
Prayers for Bobby está basada en el caso real de Mary Griffith, actual activista y antaño madre conservadora muy aferrada a sus principios católicos, que vio perder a su hijo de veinte años, el Bobby del título, por no ser capaz de asumir su homosexualidad, a principios de los años ochenta. Es una tv-movie dirigida por Russell Mulcahy, responsable de la dirección del capítulo piloto de Queer as folk y de tres capítulos más de la primera temporada. A pesar de su encajonado semblante de melodrama lacrimógeno televisivo, yo este largometraje se lo proyectaría a Ana Botella y a tantas madres que se sitúan en el lado duro de la derecha, con profundas e intolerantes convicciones religiosas. Para ver si así son capaces de recapacitar sus planteamientos y conseguimos entre todos, que las madres no hagan sufrir a sus hijos por esa nefasta concepción religiosa del pecado junto con una interesada interpretación de la Biblia. De ello, se habla en la segunda mitad. Aquí tenemos una clave para atender el mensaje reciente de Ellen DeGeneres:
Violet tendencies viene a ocupar el mismo lugar que 
