Hasta que una herida no se cierre... aunque sea de cuajo

Submarino

Thomas Vinterberg, Dinamarca, 2010

Por Arantxa Acosta

Es curiosa la fragilidad de la vida. Podríamos ser buenas personas, preocuparnos por los demás y querer lo mejor para ellos... pero el Submarinohecho de nacer en el lugar y momento equivocado puede transformar, involuntariamente, todas esas buenas intenciones, convirtiéndonos en escoria social. La irregular trayectoria de Thomas Vinterberg, de la que básicamente puede destacarse The Celebration (1998) por su tema y originalidad -recordemos que el director fue fundador del movimiento Dogma-, se encauza de nuevo, gracias a esta dura, cruel, reflexiva y, no obstante, esperanzadora Submarino.  

Nick y su hermano pequeño cuidan con una ternura indescriptible a su hermanito recién nacido, resguardándole de lo que ellos tienen que vivir cada día: vivir en un piso de protección oficial, rodeados de pobreza y con una madre alcohólica que, casi a diario, acaba durmiendo en el suelo y meándose encima. Tras una pelea con ella, los dos hermanos querrán evadirse por unas horas del mundo, bailando y emborrachándose... diversión con un tan final trágico que en realidad será el inicio de sus desgraciadas vidas.  

SubmarinoSubmarino es un film intimista, donde desde el minuto cero se nos muestran los contrastes de los personajes. La primera escena, que se irá repitiendo en los momentos clave del film, es la representación máxima de la pureza del alma de estos niños: rozando la sobreexposición para iluminar completamente el encuadre, vemos a los dos hermanos en la cama, cubiertos con una sábana y jugando con "su" bebé. Este es el primer submarino, el primer y único momento de intimidad y complicidad que vivirán. Vemos a niños felices, protectores, rebosantes de amor. En la siguiente escena vemos claramente que esa felicidad está "encapsulada": la tonalidad del film cambia radicalmente, pasando a lúgubres y asépticos colores, para descubrir la realidad de estos pequeños personajes. Los niños tienen que robar en el supermercado la comida del bebé, soportar las palizas de una madre que no se encarga de ellos... la muerte del pequeño hermano será el punto de inflexión que acabe por enterrar cualquier esperanza para los dos hermanos, que conoceremos ya en su vida adulta. Nick, ex-convicto adicto a la cerveza y al culturismo, al que cualquier imagen le recuerda que no supo cuidar del pequeño bebé. Este sentimiento de culpabilidad que le acompaña desde entonces es el que le obliga a alejarse de las personas, a portarse mal con ellas para evitar el vínculo emocional. Para no hacerles daño, para no hacerse daño él mismo de nuevo. Sabemos que tuvo una novia a la que amó y, por su comportamiento, la alejó de él... El reencuentro con su hermano pequeño y las ganas de volver a contactar con él le dan una pequeña esperanza: volver a ser inseparables, volver a construir algo juntos. Pero esta esperanza se pierde cuando, tras varios intentos, no consigue hablar con él.  

Y es entonces cuando identificamos su submarino particular: una vida sin futuro, sin alicientes, consecuencia clara de un dolor que no Submarinoes capaz de quitarse. La herida en la mano que se hace al golpearla contra el teléfono y que no consigue que cicatrice (y, la verdad, sabemos que hace lo posible para no dejar que lo haga) es un claro símbolo de esa carga, esa fuente de dolor que no se perdona, continuo sufrimiento que le atormenta, pero que, a la vez, no quiere abandonar. La comparativa con la herida en el brazo del protagonista de Requiem por un Sueño (Darren Aronofsky, 2000) es inevitable, y nos pasamos todo el film esperando que no tenga un desenlace como en aquélla. No obstante, sí que lo tendrá. Pero, ¡ah!, con un objetivo muy distinto: si en la de Aronofsky, el final de su herida es el colmo de sus desgracias, para Nick será, por el contrario, la liberación de ese sentimiento que le atormentaba desde hacía tantos años, pudiendo empezar de nuevo... teniendo, aunque a priori pudiese parecer que no, un rayo de esperanza para volver a sentirse como cuando era pequeño: una persona responsable, en la que puede confiarse y que va a saber hacer lo que en su momento no pudo.

Este es el vía crucis de Nick, pero nos falta su hermano. Un hermano que no tiene nombre, porque si ha sobrevivido, sin caer muerto antes en un baño público por sobredosis, es porque su razón de vida es cuidar de su pequeño hijo, Martin. Un hijo que le recuerda a su hermanito fallecido, pero no siente (y lo veremos en el film) ni ha sentido nunca la culpabilidad que asalta a Nick. Quizá por eso, la vida-submarino de éste es incluso más patética que la de su hermano mayor: Nick se mantiene sereno, no quiere hacer daño a nadie, aunque las continuamente adversas circunstancias hagan que en un momento del film se derrumbe y diga, llorando, "No puedo más". Por el contrario, la falta de ese sentimiento provoca en el hermano que su vida vaya cuesta abajo y, lamentablemente, en barrena.  

SubmarinoComo decíamos antes, la intimista forma de rodar de Vinterberg potencia claramente que nos veamos abducidos en las penurias de estos personajes. El director abandona el rodaje cámara al hombro para centrar sus secuencias en encuadres estáticos, que endurecen lo que se nos está mostrando y nos obligan a concentrarnos en las imágenes sin perder detalle. Imágenes con las que se nos hace obvio que sus vidas no son importantes, ya que en muchos encuadres ellos se nos presentan en una esquina, dando más peso a la vida que les rodea, paisajes de ciudades que parecen abandonadas cuando miran a través de la ventana. Y, en contraposición, en momentos puntuales del film, se nos sorprende con primeros planos de los protagonistas mirando a la cámara, como si nos dijeran: "¿Has visto por lo que estoy pasando? ¿Me merezco esto? Mírame y dime."  

Si algo es reprochable en Submarino es que algunas explicaciones podrían haberse omitido, ya que la forma de actuar o algunas frases de los personajes son suficientes para saber qué está pasando o a qué se está haciendo referencia. El supuesto impacto emocional que deberían tener estas explicaciones no es tal, no porque no lo consiga, sino porque el goteo de sentimientos que nos despierta el film es más que suficiente.  

En definitiva, Submarino deberían verla dos tipos de públicos: los que creen que su vida no puede ser peor y los que, aún pudiéndolo ser, necesitan que se les recuerde que siempre hay esperanza. Nos alegramos de que Vinterberg haya encontrado un tema que tan bien ha sabido llevar a la pantalla, y esperamos que por fin vuelva a tomar las riendas de lo que empezó como una más que prometedora carrera.  


Festival y galardones:

Festival de Berlín 2010. Competición Oficial.

Cinema Jove 2010.

Ficha técnica:

Submarino, Dinamarca, 2010

Dirección: Thomas Vinterberg
Producción: Morten Kaufmann
Guión: Tobias Lindholm, Thomas Vinterberg (basado en la novela de Jonas T. Bengtsson)
Fotografía: Charlotte Bruus Christensen
Montaje: Andri Stein Gudmundsson
Música: Thomas Blachman
Interpretación: Jacob Cedergren, Peter Plaugborg, Patricia Schaumann, Morten Rose

 

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