Escribe, que algo queda

Vincere

Marco Bellochio, Italia, 2009  

Por Liliana Sáez

Vincere, la películaHeredera de la grandilocuencia de Novecento (1976), aquella maravillosa película de Bernardo Bertolucci que contaba la épica italiana del nacimiento del socialismo, Vincere puede constituirse en otro fresco de la historia de la península itálica, correspondiente a la primera mitad del siglo XX, a través de una historia que tiene como constante a una de las personalidades más carismáticas y polémicas de la política: Benito Mussolini.

La película de Bellochio nos narra la historia de Ida Dalser y del hijo que tuvo con Benito Mussolini en una aventura amorosa paralela a la relación que éste mantenía con quien sería luego su esposa. La odisea sufrida por la Dalser para lograr el reconocimiento de su relación con el hombre que amaba, por el que había entregado todos sus bienes y su corazón, así como la legalidad de su hijo, reconocido por Mussolini y luego tratado de ocultar, es el centro de la trama. Con un estilo futurista, se combinan imágenes reproducidas, material de archivo, letras superpuestas, cine dentro del cine y música incidental en los momentos de mayor dramatismo, así como himnos partidistas que son recuperados para la memoria del popolo italiano.

No fue una de las innumerables cartas que escribió la Ida real a todas las personalidades y familiares, denunciando su situación, la que inspiró el guión de Vincere. La revelación vino de la mano de un documental, que da cuenta de la investigación surgida a partir de un rumor y concretada en El secreto de Mussolini (Fabrizio Laurenti y Gianfranco Norelli), que prueba con testimonios y documentos la realidad de los hechos.

Vincere - críticaEstructurada como una tragedia en dos grandes actos, Vincere dedica el primero a la relación entre Mussolini e Ida Dalser, que parece más un pretexto para hablar de los inicios políticos del Duce, cuando transita su pase del socialismo al fascismo, dejando de lado a los trabajadores y su voto por la neutralidad, para aliarse a la monarquía y a la Iglesia con el consabido llamado y apoyo a la guerra. Mientras el personaje de Mussolini se carga de carácter con las arengas políticas -sobre todo, con el monólogo del comienzo, con el que Mussolini reta a Dios para demostrar su inexistencia, o cuando de espaldas y desnudo enfrenta a una multitud imaginaria en la plaza frente a la ventana donde se asoma-, el de Ida se describe a través de miradas embelesadas y gestos de admiración hacia el joven. La historia de amor marcha paralela al entusiasmo del político, que busca acomodarse en la fractura histórica que vive su patria. Los momentos íntimos de la pareja son recreados con más pasión que romanticismo, con contraluces que destacan, en el ritual amoroso, el cuerpo femenino recortado de los escenarios, donde se lleva a cabo la procreación del niño que los separará. Paralelamente, se narra el ascenso de Mussolini en escenas de debate político y trifulcas, de las que el apasionado italiano no siempre saldrá ileso.

Con un montaje cuyo estilo por momentos recuerda al formalismo ruso, Bellochio consigue un relato efectista, donde se combinan chimeneas de fábricas con torres de iglesias para demostrar un enfrentamiento entre el socialismo y la curia; grandes titulares superpuestos sobre imágenes a color; peleas partidistas dentro del cine donde las sombras de los concurrentes participan en contrapunto con las imágenes de la guerra que muestra el noticiero en la pantalla; el techo del hospital improvisado en la iglesia, donde se proyecta la historia de Jesús, ofrece las imágenes de Cristo y la Madona, que se cargan de contenido al contraponerlas con las de Mussolini y su "amada" esposa...

Vincere, películaEl quiebre de la historia está ambientada en el museo de arte, donde se lleva a cabo la exposición futurista. Si bien las características del movimiento artístico están implícitas a lo largo del film, en esta escena, donde Mussolini repudia a Ida, se explicita en un muestrario de las obras que lo representan, como silenciosos testigos del trauma que vive en ese momento la sociedad italiana.

El segundo acto devana el sacrificio de Ida, y por extensión, del pequeño vástago. Desde que la heroína de esta tragedia es encerrada en el neuropsiquiátrico y su hijo arrancado de la familia, ambos recorrerán un sendero de desencuentros y de difamación que se volverá por momentos intolerable. Con la grandeza de los maestros, Bellochio ha recurrido a los primeros planos para exacerbar las instancias dramáticas, a la manera de Carl Theodor Dreyer en La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d'Arc, 1928), nos ofrece rostros enardecidos por el frenesí político, por el amor, por el desamparo; miradas perdidas, enloquecidas por la sed de justicia o de poder.

Si el documental es contundente en la demostración de los hechos, en Vincere queda la duda de si Ida desvariaba acerca de su matrimonio con Mussolini. Lo cierto es que él reconoció a este hijo, y su aparato político y policial se encargó de marginarlo y encaminarlo hacia la locura... Un sufrimiento que viene aparejado por haber osado entrar en el aura de un ser cuasi divino, cuya pérdida Ida no resigna, a pesar de los consejos de monjas ("Confórmese con haber estado con el hombre que toda mujer desea como marido... o como amante") y médicos ("Sea una mujer normal, obediente, taciturna, dedíquese al hogar"). Su actitud le cobra el precio de rebelarse a ocupar un papel anónimo detrás de la figura agigantada del hombre. Esta tragedia, en  manos de Bellochio, encuentra su reflejo en una Italia actual, tan machista como aquella (no hay que olvidar que Ida Dalser había estudiado en Francia y se había independizado, al instalar un salón de modas en Milán, cuyo capital fue entregado totalmente a Mussolini para que creara su periódico: "Il Popolo d'Italia"), donde las "travesuras" de su gobernante, el Cavalieri, divierten y enorgullecen a muchos italianos.

Vincere - CríticaHay algunos puntos flojos, como en todo film que se pretende grandilocuente. Algunos saltos de eje, algunas imágenes efectistas, que no vienen a sumar, como las de las reclusas del psiquiátrico, a quienes vemos como pantallazos mucho antes de saber que Ida será internada allí; alguna inexactitud histórica como el mecanismo de escape que utiliza la Dalser, o la apariencia de los personajes mayores, que no envejecen, mientras Benito Albino crece hasta ser tan joven como sus tíos o su madre... Pero son detalles, nada de esto le quita mérito al film.

Es imponente el poder de sus imágenes (Ida trepada a la reja mientras afuera nieva, lanzando incansablemente sus eternas cartas; Benito Albino imitando a su padre frente al busto que lo representa en la soledad de los pasillos del colegio...), la fuerza de su música (que aumenta su ritmo y volumen con la declaración de la guerra, los himnos partidarios en el cine, el cántico de los chicos que se burlan de la "Mussolina" y adhieren al Duce...), la fibra de sus personajes (como toda tragedia, tiene dúos: Benito e Ida, Ida y Benito Albino, en el primer acto; un tercero en pugna: la esposa del Duce; solistas: Ida, en la segunda parte; coros: el entorno de Mussolini, las masas de obreros y de represores, en el primer acto; la familia de Ida, las monjas del psiquiátrico y del colegio, las locas, los matones del Duce, en el segundo), el peso de los escenarios (entornos recargados, coloridos y cálidos, en la primera parte, y desolados, austeros, fríos, en la segunda), la composición de las luces (en la calle, cuando Ida y Benito se encuentran; en la cama, cuando ella duerme y su cuerpo desnudo se recorta blanquecino en la oscuridad del ambiente; en el duelo, con el colorido de los rosales y la nube negra que oscurece el cielo fabril...) y la dialéctica de su montaje (con una composición de los planos según los ideales del futurismo). Todo suma. Todo alienta a que Vincere sea una obra inolvidable, un futuro clásico del cine italiano.

Ficha técnica:

Vincere, Marcho Bellochi, Italia, 2009  

Dirección: Marco Bellocchio
Guión: Marco Bellocchio, Daniela Ceselli
Música: Carlo Crivelli
Fotografía: Daniele Ciprí
Reparto: Giovanna Mezzogiorno, Filippo Timi, Michela Cescon, Fabrizio Costella, Fausto Russo Alesi

 

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