¿Precuela o remake encubierto?

La cosa

The Thing. Matthijs van Heijningen Jr. EUA - Canadá, 2011

Por Arantxa Acosta

Cartel de la película La cosaEmpezaré diciendo que está claro que esta ¿precuela? de La cosa (John Carpenter, 1982) está dirigida, obviamente, a nuevos y jóvenes cinéfilos. Para ellos, esta será, seguramente,  una película de culto a defender durante los próximos treinta años, como mínimo.  

Pero aún entonces, estaremos todos los que seguiremos defendiendo que esta nueva versión no es nada comparada con la original de Carpenter. Y es que la excusa de precuela, que para muchos puede ser buena e incluso defendible, a otros se nos antoja demasiado barata... sobre todo si tenemos en cuenta que el argumento es, salvo pequeños matices, exactamente igual al inicial (posterior, si tenemos en cuenta que claro, la acción de esta nueva es la previa a la que vemos en la de 1982).  

Fotograma de La cosaEs cierto, y se agradece, que está bien ligada con la historia de la que se nutre: se habla de la expedición anterior, esa que narra la cinta de Carpenter para explicar  por qué van a la Antártida a continuar las investigaciones, y al finalizar la película se recupera a ese perro que corre, que nos dice, de todas, todas, que es el que encontrará el nuevo equipo. Así que, por aquí, ninguna objeción.  

Eso sí, para cualquier cinéfilo que se precie, una buena precuela (aunque sea esclusivamente concebida para palomiteros) es algo como El origen del planeta de los simios (Ruppert Wyatt, 2011), una película completamente novedosa en su argumento, que aporta ideas para explicar razonablemente lo que después le pasará al pobre Charlton Heston. En cambio, The Thing (La cosa) está desnutrida de esa originalidad, es un producto que se queda en un nivel muy, muy inferior. ¿Por qué?  

Bien, para responder a esta pregunta, hay que darse cuenta de que los protagonistas, y sus actos, son casi casi exactamente los mismos que los de la cinta de Carpenter. Aquí encontramos, eso sí, a una chica. Como novedad, no cuela, si realiza el mismo papel que el doctor de la anterior. Pero eso sí, al menos, ya hemos introducido una diferencia... El caso es que reconocemos claramente a Kurt Russell (el piloto R. J. MacReady en el film) en su no homónimo Joel Edgerton (aquí Sam Carter, pero vamos...), descubriendo lo mismo, actuando de la misma forma que haría el primero y solucionando el problema extraterreste también de igual forma. No me detengo en enumerar a cada uno de los demás protagonistas, porque se entiende que encontraríamos las mismas similitudes.  

Escena de La cosaEn cuanto a la sucesión de acontecimientos, tampoco se ha intentado desviarse mucho del original: llegamos a la Antártida, nos enseñan la nave extraterreste, los perros enjaulados se ponen nerviosos, descubrimos que uno está poseído por "la cosa"... En fin, más de lo mismo. Una de las pocas variantes medianamente inteligentes es el cómo darse cuenta de que la cosa está imitando un cuerpo, a través de los empastes dentales. Gran acierto, sí señor, ya que la explicación de la original era bastante menos convincente.  Pero todo, y digo todo el resto, es un calco del film de hace casi treinta años.  

Entonces... ¿qué aporta este remake (lo siento, soy incapaz de seguir llamándolo precuela) a la historia del cine? Mi primera reacción es, obviamente, decir que nada. Siendo un poco más benevolentes, diremos que sí es cierto que las nuevas tecnologías aportan la posibilidad de crear unos seres mucho más complejos (y, por qué no decirlo, más asquerosos) que los de la cinta original. El problema, otra vez, es que esta mejora tecnológica sólo se ha utilizado para eso, dotando al resto del argumento exclusivamente de algún que otro susto adicional que no viene a cuento, y poco más. The thingEs decir: quizá ahora los efectos de La cosa de 1982 se vean demasiado obsoletos... pero oye, no dejan de tener su encanto. Y si en esto es lo único que puede innovar una cinta, ¿podemos pensar realmente que era necesaria? Definitivamente, no.  

Cinéfilos del mundo: aunque seáis menores de veinticinco años, os invitamos a descubrir estos clásicos del cine, que en su momento utilizaron mucha imaginación y pocos recursos para introducirnos en historias tan mágicas como lo es el séptimo arte. Olvidaos de sucedáneos baratos y descubrid los orígenes. No os arrepentiréis 

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