Intimidad

Tenderness. John Polson , EUA, 2008
Por Manu Argüelles

Adscribir hoy en día una película a un género como el thriller criminal conlleva una serie de peligros, ya que nos encontramos ante unas Tenderness cartelconstantes muy manoseadas. Si se quiere escapar del ejercicio rutinario, y John Polson así lo demuestra, se nos pueden abrir dos opciones. Bien procedemos al distanciamiento irónico fruto del postmodernismo -algo que realiza la hábil Zombieland (Ruben Fleischer, 2009) con el sub-género de zombies vista en Sitges y en Manresa-, o bien nos decidimos por un enfoque que centre nuestra lupa en otros aspectos más propios de otros géneros (el melodrama).

Si en algo sorprendió el mediocre actor Ben Affleck debutando en la dirección, fue gracias precisamente a esta opción. En su film Adiós, pequeña, adiós (Gone baby Gone, 2007) prestaba más atención a los personajes y a su construcción psico-afectiva que propiamente a la trama criminal, la cual actuaba como mero resorte narrativo para poder hablar de otras cuestiones latentes que le interesaban más. John Polson, como Ben Affleck o Clint Eastwood en Mystic River (2003), sigue por este sendero.

Así, la película que abrió el Festival Internacional de cine negro de Manresa de esta edición, se resguarda en las convenciones del thriller con psicópata dentro, para centrarse en tres personajes que gravitan entre el dolor y el placer. La voz en off del detective Cristofuoro (Russell Crowe), recordando la palabras de su mujer convaleciente, nos dice que existen dos tipos de personas en el mundo: las que buscan el placer y las que huyen del dolor; y él añade una tercera, aquellos que viven en el dolor de forma permanente (e inmovilizadora), como es su caso. Este doblete polarizado otorga así una asunción existencial a sus personajes. De esta manera, el relato se tiñe de un trasiego desesperanzado vehiculando una atmósfera funesta y de desesperación. Y aunque resulta paradójico, Eric Poole (Jon Foster), que en un arquetipo clásico sería el villano de la función, es el único de los tres personajes en liza que no se muestra derrotado. Trata de combatir sus demonios internos y es el único que desea una segunda oportunidad. El suspense bien tensionado y medido se ajusta en base a esa lucha interior de Eric y la progresiva derrota frente a sus impulsos asesinos en una gradación que va gobernando de forma irremediable su persona.

Russell CroweExiste en el film una poética de la obsesión. Y para ello se sirve de unos recursos estilísticos que enfatizan el intimismo y la introspección psicológica frente a la acción y el movimiento.  La película se abre con un (anónimo) sobredimensionado beso en pantalla. Bocas en plano detalle que se encuentran con suavidad, caricias que recorren la piel... ternura. Una ternura que es abruptamente cortada por el intercalado de unos trazos frenéticos de un bolígrafo sobre la hoja. El detalle no nos permite visualizar el contorno del dibujo, pero advertimos una violencia implícita en el trazo. La negrura frente a la ternura. Ya tenemos contorneada la intimidad del asesino, aquello a lo que se quiere deber el largometraje. Por ello, el sujeto de la enunciación es el villano y es el que articula el control del conocimiento. Eric Poole está a punto de salir del reformatorio. En su adolescencia mató a sus padres. Sale para insertarse en la sociedad aunque nuestro policía desconfía. Tiene la certeza de que volverá a matar y decide entregarse a la vigilancia obsesiva del chico en sus andares en la vida rutinaria. De esta manera, Cristofuoro se convierte en la figura en la que se proyectará el deseo de saber del espectador. ¿Volverá a matar? ¿Está realmente preparado para vivir en sociedad?

Un viaje en carretera de nuestro joven en coche en busca de María, una chica que conoció fugazmente en el reformatorio, nos delinea una road movie que remite a unos espacios vacíos, lejos del entorno urbano acostumbrado del cine negro. Y en ese viaje por el extrarradio de la ciudad, figurado en moteles, bares de carreteras y bosques, la compañía inesperada de Lori (Sophie Traub), tercer vértice de un triángulo, será el rol que personifica la huida del dolor.

En la presentación de los tres personajes principales, John Polson crea un bello montaje paralelo para simbolizar la conexión fútil de tenderness EricLori y Cristofuoro en aquella secuencia en la que ambos revisan su álbum de fotos particular. Uno revisa las fotos de archivo policial del parricidio. La otra revisa la recopilación de recortes de prensa. El objeto de seducción une a los dos. Y en esta dicotomía semántica entre vejez y juventud no existe confrontación sino ligazón a través de un similar pálpito existencial. En un momento del film, Lori le pide a Eric: dissolve me. Cristofuoro hace tiempo que está disuelto en su obsesión, como un relleno que otorgue algo de sentido a una vida hueca. Lori manifiesta que nada cambia como un grito de ahogo. Cristofuoro decidió tras la enfermedad de su mujer que nada cambiase.

Así este thriller anímico que quiere inspeccionar a la persona tras el asesino, sin excluir de la ecuación el monstruo que anida en su interior (algo que en cambio trata de anular a toda costa otro film visto en Manresa, Las dos vidas de Andrés Rabadán), presenta un relato a base de fragmentos (informativos) incompletos donde al espectador se le sugiere más que se le muestra. Se procede a una economía narrativa que cree en los signos y en los indicios.  Por ello, huye del tan acostumbrado vicio explicativo del cine norteamericano. Ese impulso de darlo todo mascado se elude durante todo el film. Lástima de un falso final que se debe a la moralidad estadounidense y que desea atar los cabos sueltos para que, hasta el último de la fila, acabe percatándose de todo lo que ha sucedido. Nos quedamos en esa idea del cine negro clásico que Tenderness recupera. El destino fatal al que están abocados unos personajes paridos desde el pesimismo existencial. Así pues, nosotros cerramos con Lori y Eric en la barca. Tal como dice Lori frente al aviso de Cristofuoro: It's my choice.  Lo  que sigue es peaje industrial.

 

Ficha técnica:

Tenderness, EUA, 2009

Dirección: John Polson
Producción: Howard Meltzer, Jhon Penotti y Cahrles Randolph
Guión: Emil Stern sobre una novela de Robert Cormier
Fotografía: Tom Stern
Música: Jonathan Goldsmith
Montaje: Lisa Zeno Churgin y Andrew Marcus
Interpretación: Russell Crowe, Jon Foster, Sophie Traub, Alexis Dzieva, Laura Dern

 

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