El opuesto de la maldad

Megamind

Tom McGrath, EUA, 2010

Por Cristina Bringas

Cuando uno piensa que ha visto todo en las películas de animación, de vez en cuando producciones como Gru, Mi villano favorito oMegamind Megamente nos recuerdan que hay aún una infinita gama de posibilidades para contar la misma historia de superhéroes y, en este caso, de súper villanos.

Hay que reconocer que últimamente existe una tendencia a abandonar los estereotipos de los personajes, y en vez de eso humanizar cada vez más contudentemente a los protagonistas. Esto es que, poco a poco, se alejan del prototipo y se convierten más en personas con la capacidad de tomar decisiones, con las posibilidades de sentir, pensar y modificar sus conductas. Ahora el malo no es solo malo, y el bueno no es tan bueno.

Quizá sea la necesidad de innovar, o tal vez que el mundo está cambiando, y que los guionistas, realizadores y directores se están preguntando de qué manera impactan sus películas en la vida de los espectadores. Sea cual fuera la razón, lo que es cierto es que cada vez nos alejamos más de aquello que durante años se construyó en las historias que nos rodeaban.

Megamente es la última película de Dreamworks que estuvo bajo la batuta de Tom McGrath, quien ha sido director de exitosos largometrajes como Madagascar 1 y 2. En esta ocasión, los estudios han seguido la misma pauta que ha dejado Universal con Gru, Mi villano favorito, en la que se desmitifica al villano y se le coloca en un plano humano muy distinto al habitual.

MegamindLa película goza de una muy alta calidad, que además excede las expectativas respecto a su tratamiento del 3D. Quizá no esté llena de momentos en donde los objetos salen de la pantalla, pero sí crea atmósferas y profundidades que cada vez lucen más en las películas que están diseñadas para verse en tercera dimensión. Definitivamente esta aplicación ya no es sólo efectista para que sea "espectacular", sino por el contrario se está volviendo una herramienta más para la estética.

Con este tipo de efectos visuales y manejo de la tridimensionalidad, Dreamworks -tal como los estudios Universal- ya no le piden mucho a Pixar ni a Disney. Aunado a esto, está la calidad de sus historias y guiones. Megamente no sólo es una hilarante historia, sino que además tiene unos diálogos complejos, llenos de juegos de palabras, discusiones inteligentes y un humor que sobrepasa la comedia de pastelazo para darnos un cúmulo de oportunidades para reír.

La perspicacia y los comentarios ácidos de Roxanne Richie, o la manera en la que Megamente no domina el español y luce como si Megamindpadeciera de dislalia, son un ejemplo evidente del especial cuidado en el desarrollo lingüístico en esta película. En las cintas para niños y las infantiles, este tipo de textos son poco comunes, y los adultos agradecemos infinitamente que existan diálogos como éstos.

Pero aún con lo anterior, los puntos medulares y lo mejor de la película son sus temas y motores narrativos. En primer lugar, es una cinta que habla sobre la trascendencia e importancia de los opuestos complementarios. Para que exista el negro debe existir el blanco. Para poder comprender que existe el mal, es necesario que exista el bien, de lo contrario no es posible que su contraparte encuentre sentido y razón a su permanencia en la realidad. Por eso llega un punto en el que todo equilibrio se pierde porque no están los dos lados de la balanza.

En la película, esta proporción se descompensó porque un deseo fue alcanzado. Los deseos nos permiten tener anhelos y sueños en la vida, se vuelven motores en nuestro día a día y nos dan la oportunidad de mantener esperanzas y objetivos. Es el momento en que uno alcanza lo que desea, entonces la satisfacción nos sacia momentáneamente y luego quizá nos hundamos en la desdicha de no tener una razón para seguir adelante. El ser humano se alimenta de deseos y por ello debe mantenerlos como tales, o cuando éstos son alcanzados, es necesario seguir produciendo algunos nuevos.

Megamente cumplió sus deseos y su vida dejó de tener sentido. Fue en ese momento en el que se cuestionó las razones de su existencia, cuestionó su propósito en la vida y trató de enmendar el daño cometido sin éxito alguno. Es en momentos como ése en los que realmente nos sentamos a meditar si hemos caminado por la senda correcta, o si en realidad requerimos de una reevaluación de nuestra vida, con tal de alcanzar la felicidad.

MegamindEs cierto que las circunstancias nos van definiendo en la vida, pero también se plantea algo que se llama destino y que se va dibujando poco a poco con el paso del tiempo. Megamente está destinado a ser grande, pero nunca escuchó con claridad cómo iba a lograrlo. Su contexto y su realidad lo fueron empujando al lado equivocado, hasta que un día, la vida le indicaría el camino correcto.

Por último, y no por ello menos importante, en Megamente también hay una historia de amor, que resulta ser el elemento catártico de transformación del personaje. Algo muy parecido a lo que sucede en Gru, mi villano favorito, pero en lugar de ser un amor paternal, es romántico. La película presenta la tesis de que las personas deben valorarse por su interior, y que el amor es "ciego" y no debe mirar el exterior, sino todo lo que conforma a una persona.

Lejos de sólo contraponerse a los paradigmas existentes en el cine, y en las películas para niños, Megamente resulta ser una nueva forma de plantear personajes. Es posible que esto vaya rompiendo algunos estándares y estereotipos que se han ido creando con el paso de los años. No cabe duda que los tiempos cambian y que las nuevas generaciones ya no se conforman con la simpleza de tener un bueno y un malo, sino que responden a las inquietudes que la vida moderna presenta y que se manifiesta en el dibujo de personas complejas.

Ficha técnica:

Megamind, EUA, 2010

Dirección: Tom McGrath
Producción: Lara Breay, Denise Nolan Cascino
Guión: Alan Schoolcraft, Brent Simons
Montaje: Michael Andrews
Música: Lorne Balfe, Hans Zimmer
Interpretación: Will Ferrell, Brad Pitt, Tina Fey, Jonah Hill

 

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