Antología de una industria en permanente reinvención

Por Javier Moral

La aparición de los géneros cinematográficos tal y como los conocemos no se produjo hasta que el medio se industrializó y fue capaz de desarrollar su propio lenguaje, allá por los años 30, coincidiendo casi con la implantación del sonoro. Unas determinadas características formales y una temática definida contribuyeron a definir cada género; sin embargo, las progresivas y permanentes evoluciones culturales y sociales condujeron al planteamiento de la cabida de un contenido hasta hoy polémico. ¿Qué pasaba con el sexo? Siempre había sido un tema tabú en el cine, evitado y censurado. Con el tiempo fue introduciéndose en las películas, primero de un modo disimulado con la aparición del género erótico, para terminar con una agresiva explicitud que daría origen a una industria aparte, la del cine pornográfico.  

A l'ecu d'or ou la bonne aubergeEl sexo es una necesidad humana y como tal, siempre ha estado presente en mayor o menos medida en sus actividades. Por ello, no es de extrañar que ya, en la misma presentación del cinematógrafo en 1985 la explicitud hiciera su primer alarde con la exhibición por parte de los hermanos Lumière de El beso, con May Irvin y John Rice, que mostraba a una pareja besándose en primer plano. En Gran Bretaña y Francia también se comenzaban a filmar películas picantes, protagonizadas por mujeres desnudándose. Lo cierto es que no se conoce con exactitud la fecha de la primera película pornográfica. Habiendo cintas previas sin registrar, algunas que ostentan el título de pioneras son la francesa A L'Ecu d'Or ou la bonne auberge filmada sobre 1908, la argentina El Satario que se estima fue rodada entre 1907 y 1912, y la alemana Am Abend (1910), que incluía masturbaciones, sexo vaginal, oral y anal.

Pronto las legislaciones de la época convertirían estas cintas en documentos prohibidos, por lo que debían ser filmadas en clandestinidad, a menudo por operarios aficionados y exhibidas en clubes privados y burdeles. Tras la Segunda Guerra Mundial, el mercado consiguió organizarse, comenzando a distribuirse las primeras cintas softcore, aunque aún no estaban bien vistas. Algunas de las más famosas serían las filmadas por el prolífico director Russ Meyer ya en los años 60, instigador de la denominada "sexploitation", que se caracterizaba por una grosera estética kitsch, unos argumentos delirantemente cómicos y unas actrices con pechos XXL.

Como apuntaba el director español Jesús Franco, que una película sea calificada X o no depende de la conversión de los planos generales a primeros planos. Y eso fue lo que se produjo en esta década, donde puede enmarcarse el tímido origen de la verdadera industria pornográfica. La censura trataba de eludirse a través de la clasificación documental de las películas, hasta que Dinamarca y Holanda destacaron por ser los primeros países en legalizar las cintas hardcore en 1969. El negocio creció como la espuma, gracias a productoras como la danesa Color Clímax (de las primeras en publicar revistas y cine en color) y pronto se comenzaron a buscar las vías para exportarlo clandestinamente a otras zonas.

Garganta profundaLos años 70 estuvieron marcados por la permisividad legal y la proliferación en numerosos países de las revistas pornográficas (Hustler, Private o Penthouse) y las salas X, especialmente en Estados Unidos, donde poco a poco se iría concentrando una inmensa porción de la producción mundial. Es la época nostálgica del cine para adultos, con unos rasgos estéticos notablemente diferentes a los actuales, predominando la naturalidad que mostraban los cuerpos, sin operaciones ni depilaciones. Aún se le concedía cierta importancia a los guiones, aunque pronto empezarían a subordinarles a la capacidad visual de las producciones, hasta convertirles en un elemento accesorio. Así se explica el triunfo de la clásica extravagancia que es Garganta profunda (Deep Throat, Gerard Damiano, 1972), en la que una mujer sólo era capaz de alcanzar orgasmos practicando felaciones debido a una mutación por la que tenía el clítoris en su garganta, que elevaría al estrellato a su actriz protagonista, Linda Lovelace. Avalado por el éxito de esta cinta, su director estrenó un año después The Devil in Miss Jones, que trataba sobre una joven suicida que era enviada al infierno donde se le daba la posibilidad de devolverle la vida a cambio de todo tipo de favores sexuales.

Pero, si hay un nombre a destacar en el cine porno de los 70 es, sin duda, el de John Holmes. Internacionalmente famoso por poseer un miembro de exageradas dimensiones, Holmes se valió de el mismo para abrirse paso en la industria y llegar a participar en cerca de 2500 películas, la mayoría filmadas en la década que nos ocupa ya que, tan pronto como la naturaleza le procuró un generoso regalo en la entrepierna, le cobró la alta comisión de hacerle morir con apenas 43 años (se especuló que fuera una de las primeras víctimas del sida que inundó en 1980 la profesión). La herencia hippie se dejaba notar en la pornografía, siempre tratada como un producto subcultural, y los escándalos de drogadicción salpicaban a sus grandes figuras, como ocurrió, entre muchos otros, con Holmes o Harry Reems, coprotagonista de la antes mencionada Garganta profunda.

Ron JeremyTomando a Reems como patrón, podemos hablar del perfil del actor porno de la época. A diferencia del actual, se posibilitaba una comparación fácil con el espectador medio, en la que éste último incluso salía ganando. No había una estricta exigencia en la cuestión del tamaño de sus genitales y no destacaban precisamente por un flagrante atractivo (en muchos casos, más bien todo lo contrario), ni por una musculatura envidiable. Quizá el máximo exponente de este prototipo sea Ron Jeremy, y con él nos metemos de lleno en la década de los 80. Conocido por el apodo de "el erizo", por su pequeña estatura y su gran cantidad de vello corporal, este adicto al sexo anal destacó por ser uno de los actores más prolíficos de la historia del cine porno. Esto, por supuesto, funcionaba como un aliciente promocional, al alimentar las fantasías del consumidor, que veía cómo cualquier tipejo desagradable era capaz de tener sexo con explosivas y despampanantes mujeres (el porno era y sigue siendo en buena medida, un producto destinado al hombre). Una de las más célebres en aquellos años, Traci Lords, quien cotizó alto después de que se descubriera que protagonizó la mayoría de su filmografía como actriz siendo menor de edad (Reems fue uno de los muchos hombres que participó en sus películas en este período).

Sin embargo, en estos tiempos, los cánones de los pornostars fueron cambiando, hasta transformarse en los de nuestros días. Las mujeres seguían contratándose por su belleza pero, con los adelantos de la cirugía las medidas perfectas eran más asequibles, cundiendo el recauchute masivo y la rasuración total de sus partes pudendas. En los hombres, los cuerpos culturistas y los penes desproporcionados se instalaron para siempre con la entrada en escena de un jovencísimo Rocco Siffredi, con el que el star system se abría hacia una prometedora cantera europea. Las películas del viejo continente todavía no estaban tan pulidas como las americanas, consistiendo en una emulación grumosa y chabacana de aquéllas. En esta década se produciría una explosión del porno gay y, con las actuaciones del ahora director y productor Siffredi, también podemos mencionar la introducción de nuevas perversiones sexuales, conocidas como subgéneros dentro de la industria. El bondage (juego erótico en el que se ata una parte o la totalidad del cuerpo de uno de los participantes) o el sadomasoquismo, entre otras, se convirtieron en prácticas habituales en los filmes, y aunque ya comenzara a incluirse en la década pasada, ahora cobraría mucha más popularidad el denominado cumshot o eyaculación en el rostro, teniendo su principal valedor en el actor canadiense Peter North, conocido en el cine para adultos por sus torrenciales descargas de esperma. Por otro lado, el llamado porno gonzo, aquel en el que el guión pasa a un segundo plano en favor del mero acto sexual, fue instalándose en casi toda la producción. De esta manera, prevalecía sin disimulos la verdadera función de las películas pornográficas: una excitación pura y dura del consumidor (máxima de la que procede la muy típica acción de pasar hacia delante con el mando a distancia los intervalos dialogados e insustanciales de la cinta durante su visionado).

La edad moderna de la industria pornográfica se ha venido desarrollando en los últimos veinte años, coincidiendo con el despegue y la consolidación del porno español, o la proliferación de los subgéneros: uniformes, parodias o arty, el llamado porno para mujeres, basado en la belleza visual y de escaso éxito comercial en una industria que continúa dedicada a satisfacer al hombre heterosexual en exclusiva. El primer director patrio de relevancia sería José María Ponce, descubridor de importantes actores como Toni Ribas, Max Cortés o Nacho Vidal, quizá el actor español que más popularidad ha alcanzado hasta la fecha. Cabe mencionar también a los hermanos Lapiedra directores y productores que han sabido destacar dentro del panorama nacional gracias a los inverosímiles argumentos -de un corte literario poco habitual en el género- y al enfoque artístico de sus películas, así como por descubrir y trabajar con algunas de las mejores actrices españolas, Celia Blanco o Lucía Lapiedra (que adoptó el apellido de los directores), que junto a Rebeca Linares, Anastasia Mayo o Sonia Baby, podrían considerarse nuestras abanderadas internacionales.

No cabe duda de que Internet como medio de difusión está contribuyendo a que el modelo de mercado cinematográfico comience a plantearse su restructuración. Es evidente que el valor más preciado del cine para adultos, el actor, tiene una temprana fecha de caducidad y ha de buscar vías para difundir su ingente cantidad de trabajo en el menor tiempo posible. Así, algunos como Jenna Jameson buscan el negocio por otro lado, publicando su autobiografía (How to Make Love Like a Porn Star: A Cautionary Tale). Mas, en este sentido, el uso de Internet como canal de distribución pornográfica ha supuesto una absoluta revolución que desde hace años viene demostrando con creces su validez. Constituye un inmejorable escaparate para que los pornostars se publiciten (existe una incontable lista de actrices, ahora en detrimento de los hombres, en su mejor momento: Eve Lawrence, Gianna Michaels o Katie Morgan, por citar prodigiosos ejemplos), para que los aspirantes se den a conocer (traducido esto en una enorme colección de vídeos amateurs) y, además, se confirma como exitoso agente intermediario a la hora de emprender un negocio pornográfico. En el caso español, encontramos a Torbe, showman al que se conoce como el "fundador del porno freak". Fue el primero en hacer porno para Internet con su web putalocura.com, de donde se pueden descargar series de creación propia como Torbe y sus Cerdillas, de carácter cómico, o Pilladas, en la que ofrecía dinero a chicas anónimas a cambio de compartir escenas con él.

Cine pornoAl otro lado del charco, estos modelos se encuentran mucho más desenvueltos, contando con grandes productoras dedicadas casi en exclusiva al tráfico por Internet;  BangBros o Brazzers son dos de ellas y otras, como Naughty America, distribuyen mediante la red una buena parte de sus trabajos, todas ellas clasificando su catálogo por series temáticas de escenas: Asian 1 on 1, Facial Fest, Bang Bus...Otras webs del tipo tube ofrecen contenido para reproducir en streaming enlazado de los anteriores sitios para publicitarlos (aunque en más de una ocasión han terminado en los tribunales), con una amplia gama de categorías sexuales: Milf's (acrónimo de Mom I'd Like to Fuck), Interracial (participantes de diferentes razas), Teens (jóvenes que cumplen poco más que la edad legal para actuar en el porno) o Big Boobs (mujeres con pechos descomunales), son algunas de las opciones de las que el consumidor dispone en lo que viene a funcionar, como también ocurre ya con la televisión, como una especie de pornografía a la carta en la modalidad de pago por visión. Los tiempos cambian y el cine porno ha sabido adaptar su modelo de negocio a los tiempos de crisis. ¿Sabrá hacerlo el cine convencional?

 

Fuentes:

http://seronoser.free.fr/laincineradora/x1.htm
http://www.hoycinema.com/especial/cine-adultos/ACTORESX.asp
http://es.wikipedia.org/wiki/Cine_pornogr%C3%A1fico
http://www.sitographics.com/especial/cronocine/cronocine.html
http://www.agenciapacourondo.com.ar/formacion/1927-la-primera-pelicula-porno-seria-argentina.html

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