Lo sagrado y lo maligno. Los bellos y la bestia

Por Arantxa Acosta

Debemos reconocerlo: a quien más o a quien menos, nos gusta sufrir con alguna película, sentir ese miedo atroz y extremo durante unos minutos, no más de dos horas, para luego volver a nuestra pacífica realidad. Este sentimiento lo podemos experimentar con films de terror donde la violencia es inexistente (al más puro estilo Ringu - Hideo Nakata, 1998, por ejemplo), donde sí existe y es explícita pero casi no se derrama una gota de sangre (imprescindibles Funny Games, de Haneke - 1997, 2007) o, como no, donde la violencia representada por ríos de sangre y su precursor, el asesino, son el hilo conductor. El por qué nos gusta este último tipo de films seguramente debamos explicarlo atendiendo a nuestra herencia genética (somos despiadados guerreros truncados por el uso de nuestra inteligencia y raciocinio), sin embargo, el enorme éxito comercial de este tipo de películas llegó a sorprender incluso a sus autores (y productores, claro...). 

Ante todo... ¿qué es cine slasher?

CarrieLa verdad es que es muy difícil encontrar una postura común acerca del verdadero origen de este subgénero del cine de terror, básicamente porque no existe una definición convincente o comúnmente aceptada sobre qué es el cine slasher. La traducción literal nos indicaría que los films slasher son aquellos en los que las víctimas mueren acuchilladas a manos de su asesino. Quedarnos aquí deja un abanico de posibilidades demasiado amplio... así que profundicemos un poco más.

El término slasher en el cine se utiliza para films donde este asesino es el personaje principal, atormentado por una escena o circunstancia de su propio pasado y que venga con sus víctimas,  al tener una relación directa o indirecta con su sufrimiento. En definitiva, "psycokillers". Dentro de esta acotación, muy aceptada, normalmente se asigna como la referencia del género a Psycho (Alfred Hitchcock, 1960), con su inconfundible Norman Bates, y en más raras ocasiones a Peeping Tom (Michael Powell, 1960), muy interesante para el género, ya que hace ponerse al espectador en la mirada de Mark Lewis, asesino obsesionado en grabar la persecución y muerte de sus víctimas, recreándose en su propia maldad al revisar las cintas. Con esta aceptación, sin embargo, películas como Muñeco diabólico (Child's play de Tom Holland, 1988)  o Carrie (Brian de Palma, 1976) podrían considerarse también slasher (al fin y al cabo, Chucky era un muñeco poseído por el alma de un asesino,  y Carrie era una adolescente con poderes telequinéticos que también supo vengar su humillación de forma brutal...).

Limitaremos, en última instancia, la definición de cine slasher para aquellos films que tienen muchos puntos en común, y que, sobre todo con el resurgir de este subgénero en los últimos años, se acepta más comúnmente:

  1. El asesino, que en algunos casos puede tener poderes sobrenaturales, aboca en sus víctimas su enfado y deseo de venganza al haberse sentido humillado o traicionado en algún momento del pasado.

  2. Este asesino se caracteriza por no mostrar su rostro (por llevar una máscara o por estar desfigurado), representando así, hasta que se conoce el motivo de sus asesinatos, el mal absoluto, el mal inidentificable. Eso sí, siempre se relacionarán sus muertes con un distintivo asociado a un objeto cortante: un cuchillo (o varias cuchillas), un garfio o con una forma de matar muy sangrienta.

  3. Las víctimas son adolescentes guapos e ingenuos, pero cada uno con una personalidad muy definida (el fuerte, el racional, el chulo, el inconsciente...). En algunos casos se relaciona su entorno con sexo y drogas.

  4. Siempre sobrevive uno de ellos, normalmente una chica, heroína que representa los mejores valores de la sociedad.

  5. Los padres de las víctimas no aparecen o son figuras con un peso muy poco relevante en la vida de sus hijos.

  6. Aunque en una primera película se explique de forma racional el por qué de la existencia del asesino, irracionalmente se sigue explotando a los psicópatas en segundas (con la aparición del superviviente anterior, claro), partes, terceras, cuartas... (partes que desvirtúan el simbolismo inicial sacando partido hasta la saciedad del perfil asesino y llegando incluso a sobrepasar tanto el límite, que se convierten en auténticos films donde se busca explotar el lado más sádico del espectador - si no... ¿cómo se explica la calificación X de Saw VI en España?)


HalloweenAsí, y dejando a un lado que también se defiende que el inicio del género no fue en Estados Unidos sino que proviene del cine italiano iniciado en los 60, denominado "giallo", se dice que Hallloween de Carpenter (1978) es el primer slasher. Aunque sí es verdad que fue la primera que dio nombre a la clasificación del nuevo subgénero, básicamente porque su recaudación en taquilla la puso en el punto de mira, cronológicamente es mucho más justo decir que lo fue Black Christmas (Bob Clark, 1974).

Años 80: taquilla, taquilla y más taquilla

Halloween, que con un mísero presupuesto de trescientos mil dólares se convirtió en la más rentable de la historia hasta el momento, abrió la veda a la explotación del subgénero. Los productores confiaban en la rentabilidad de los films, y no dudaban en bombardear al espectador con secuelas sin gran sentido. Seguramente esta "sobredosis" de psicópatas agotó el filón antes de lo necesario, decayendo la recaudación (y, por tanto, la inversión en el slasher) hacia finales de esta década.

Es en los años 80 en el que aparecen los psicópatas más emblemáticos del cine de terror: ya hemos citado Halloween, con Michael Mayers al frente; Jason, de Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) o el inimitable Freddy Kruegger, de Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984. Curioso caso éste, ya que su director tuvo problemas para financiarla al reprochársele que un asesino que solo puede matar en sueños no daría miedo...).

Finales de los 90: ¿por qué no volvemos a probar?

ScreamPues sí, se volvió a probar. Y el éxito fue más que notable. Perfilando un poco más los elementos básicos del género, adaptándolo a las "necesidades" de un público más joven y con otras inquietudes más modernas, gracias otra vez a Wes Craven volvimos a sentir el terror de la mano de Gosthface en Scream (1996). El éxito fue tan rotundo que las secuelas no se dejaron esperar, incluso dando lugar a Scary movie siendo el psicópata el elemento conductor de la parodia. Otras menos interesantes fueron Sé lo que hicisteis el último verano (Jim Gillespie, 1997), cuya secuela del 98 es, básicamente, para el olvido, y, por supuesto, Saw (James Wan, 2004). Sinceramente, para mí esta última no es tan slasher como gore y absolutamente macabra. Podría decirse que es una segunda vuelta al cine slasher, pero la verdad es que es demasiado para el género.

2010... y ahora, ¿qué?

SawPues volvemos a intentarlo. Pero claro, ya no tenemos ideas, así que... ¿qué mejor que "cargarse" a los mejores personajes de los 80, y hacemos remakes innecesarios? Ya en 2008 llegó a las pantallas Halloween, el origen, seguida de Halloween II (Rob Zombie, 2007, 2009).  A mediados de 2010 llegará un nuevo Freddy Kruegger, de la mano de Samuel Bayer, que hasta ahora ha desarrollado su carrera en el mundo del videoclip. Esperemos, por su bien, que haya sabido valorar el film original y no haga grandes destrozos...

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