Por Manu Argüelles
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Bautismo (The Christening/Chrzest). Marcin Wrona, Polonia, 2010. |
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Carne de neón. Paco Cabezas, España, 2010.
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Chloe. Atom Egoyan, Canadá-EUA, 2009. |
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En el centro de la tormenta (The electric mist), Betrand Tavernier, EUA-Francia, 2009. [1] Tavernier, Bertrand y Jean-Pierre Coursodon: 50 años de cine norteamericano, Akal Ediciones. |
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Los amos de Brooklyn (Brooklyn finest), Antoine Fuqua, EUA, 2009. |
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Neds. Peter Mullan, Reino Unido, 2010. |
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Outrage (Autoreiji). Takeshi Kitano, Japón, 2010. |
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Schemer (Dusk). Hanro Smitsman, Holanda, 2010. [1] LINK EXTERNO: http://loveisthedevil.blogspot.com/2008/02/bully.html (la crítica es mía). |


Proyectada en
La segunda película de Paco Cabezas fue la galardonada con el Plácido de Plata a la mejor película de la Sección Oficial de Cine Negro. A lo que podríamos aplicarle aquello de miénteme para decirme te quiero. Mentirnos (en sentido metafórico, claro) porque de lejos, no fue la mejor película de las que competían. Y decir te quiero, en relación a la historia de amor entre el certamen y el director. Porque se puso mucho énfasis en que Paco Cabezas volvía al Festival, cuatro años después de ganar el Plácido al mejor cortometraje con mismo título. Estaban tan orgullosos de traerlo de vuelta, ahora con un largo, que parecía que el pescado ya estaba vendido. Bueno, podemos pensar que el Jurado seleccionado estuvo en plena sintonía con la organización y al fin al cabo, esto de los premios, tiene relativa importancia para el aficionado. Suponemos también que el factor autóctono (la única española que competía), no tuvo nada que ver. Pero casualidad o no, no dejó de ser llamativo.
Remake de la película Nathalie X (2003) de Anne Fontaine, juega en la filmografía del autor armenio-canadiense el mismo papel que Where the Truth Lies (2005). Es decir, película más amoldada a parámetros comerciales, con actores conocidos, pero que permite solo ver el ingenio del realizador en algunos e insuficientes destellos. Sí que parecen entroncar con las preocupaciones del realizador y se mantienen esos ambientes hipnóticos marca de la casa pero no resultan tan satisfactorias como sus proyectos más personales.
El antaño crítico que publicó en las dos canónicas revistas de cine francesas, enfrentadas entre sí, Cahiers du Cinéma y Positif, siempre ha demostrado una pasión por el cine norteamericano (ahí está su extenso libro en dos tomos para atestiguarlo
Desconocemos los motivos por los que la distribuidora con los derechos para exhibirla en España, Wide Pictures, haya bloqueado su estreno en salas, aplazando indefinidamente su fecha. Pero aún así, confiamos que sea pronto, porque la película lo merece. Fue presentada como el film más comercial de la Sección Oficial. Pero déjenme decirles que no es cierto, si con ello había un cierto deje peyorativo, por mucho que cuente con actores reconocidos como Richard Gere, Don Cheadle, Wesley Snipes o Ethan Hawke. Antoine Fuqua recupera el brillante pulso de Training day (2001), aunque olvídense si esperan ver una película de acción al uso. Allí ya demostró su fino olfato en la dirección de actores facilitando el Oscar para Denzel Washington, aspecto que vuelve a darse con los actores principales de ésta.
De reciente estreno en pantallas españolas, Neds se pasea exultante tras su premio en el Festival de
Después de su trilogía, metalingüística, revisionista y desmitificadora de su propio trabajo como cineasta y cómico, Kitano vuelve al terreno que mayor éxito internacional le ha reportado. Desde el León de Venecia a Hanna-bi (1997), él es uno de los máximos responsables (el otro sería Miike) de que las yakuzas-eigas vuelvan a copar el interés, después del declive que sufrió el subgénero a finales de los años 70. Huelga decir, que Kitano es uno de los nombres capitales para que el mundo, en los años 90, volviese a girar la cabeza para ver lo que se cocía de nuevo en la cinematografía nipona. Y su recuperación, no podía ser de otra forma, es desde el punto de vista de la farsa con gesto serio. Todo lo que nos cuenta está explicado con mucha ceremonia, pero es recorrida de cabo a rabo por un constante tono paródico y subterráneo (el cual emerge como un volcán precisamente en las explosiones gráficas de violencia). Es una de las grandes virtudes. Ese hieratismo aparente y ese presunto respeto a la comunidad que se representa esconde en realidad una constante sorna a los hábitos, actitudes y rituales de la organización criminal. Kitano en ello no se corta un pelo, con una trama culebronesca para las intrigas entre los diferentes capos, irrisoria hasta el paroxismo, que no hace más que ridiculizarlos constantemente. De nuevo la muerte (totalmente desvalorizada) está insertada con la misma irracionalidad de sus anteriores films sobre el tema, como si fuese un elemento más del juego que se traen entre manos los criminales japoneses. Outrage es como si un cachondo se hubiese puesto a reelaborar Election (2005) de Johnnie To. Un festín para los fieles de Kitano y para todos los amantes del cine criminal en clave caricaturesca.
Aunque parezca una obviedad, vale la pena volver a plantearlo. En el cine, importa tanto lo que se decide mostrar como lo que no. La postura de Smitsman nos hace entrar en una zona gris en el posicionamiento moral frente a lo que vemos. Y de ello, se extrae la incomodidad que puede producir el largometraje. El film reconstruye, mediante continuas analepsis y prolepsis (bastante gratuitas en el tramo final), en cuanto se presenta una realidad descoyuntada, la reconstrucción de los antecedentes que llevaron a un grupo de amigos a matar a la chica más incómoda en las dinámicas intergrupales. Fuera de presentar a los adolescentes como villanos, desde un tratamiento entomológico y quirúrgico se deciden poner el énfasis en los motivos, sean injustificados o no, en la implicación del asesinato. Viene a ser una variante de Bully
