Los Goya hablan catalán: Pa negre, Alex de la Iglesia y gritos anónimos

Por Manu Argüelles

Los premios Goya celebraban su veinticinco aniversario en medio de una polvareda. En el previo, imitando la gala de los Oscars, se abría la retransmisión con la llegada de los invitados al Teatro Real, el llamado segmento de la alfombra roja (este año no era de horrible color verde), donde la televisión pública, con tal de preservar un espurio glamour, se afanaba en insonorizar y neutralizar la manifestación convocada por Anonymous, grupo de ciberactivistas  que se reunieron para protestar en contra de la Ley Sinde, la cual permite, mediante una comisión dependiente del Ministerio de Cultura, el cierre de páginas web que atenten contra la propiedad intelectual. Intento futil el de TVE. Solo teníamos que simultanear las imágenes televisivas con twitter, combinado con links de páginas que alojaban videos grabados por los móviles de los manifestantes, para acceder a lo que la pantalla catódica trataba de dejar en fuera de campo.

Ángeles Gonzalez Sinde y Alex de la IglesiaVieja conocida la polémica en la gala de los premios Goya, este año contaba con un protagonista: Alex de la Iglesia, el ya ex-presidente de la Academia, abandona su cargo al sentir una incompatibilidad entre las funciones de su puesto y sus convicciones personales. Su presencia en el fuego cruzado en torno a la Ley Sinde ha sido abrumadora. Ha tratado de comprender y alcanzar todos los cristales del caleidoscópico problema. Pero la ley se ha llevado adelante sin su esfuerzo titánico por tratar de encontrar una solución conciliadora entre los diversos frentes abiertos. La desavenencias con la ministra han sido patentes. Solo había que fijarse en su cara cuando posaron juntos. Pecaremos de ingenuos si confiamos en que dicha ley (el mecanismo de su aplicación es el punto de controversia), con tal de preservar los derechos de autor en internet, sea la solución milagrosa para salvar la maltrecha situación de la industria cinematográfica española. El problema ya viene de lejos. Es más que probable, que en un entorno global de crisis económica, las descargas ilegales lo hayan agudizado.  Pero el slogan del mandato de Alex de la Iglesia, bajar la Academia a la calle, evidencia la raíz del problema. El cada vez más sangrante divorcio entre el cine español y su público (los internautas también forman parte de él; nunca he acabado de entender esa división, pareciéndome una entelequia interesada), esa es la cepa que hay que desenterrar. Una ley impopular no conseguirá recuperar ese público perdido. No podemos más que estar de acuerdo con el discurso oficial que dio Alex de la Iglesia como presidente de la Academia. No creo que se pueda añadir más a sus palabras.



Andreu Buenafuente en la entrega de los GoyaComo de costumbre la gala volvió a ser desmesuradamente larga y Andreu Buenafuente revalidó con nota su repetición como conductor de la gala. Su humor no esquivó ninguno de los puntos controvertidos, y nada que objetar a su comicidad sarcástica pero amable. No vamos a discutir sus tablas televisivas refrendadas en su participación. Aunque, después de lo de Ricky Gervais en los Globos de Oro, un momento hard al estilo caústico de Corbacho nos hubiese animado en el tramo final, cuando ya teníamos las energías muy agotadas. No viene a cuento, pero tengo que decirlo. ¿Mi presentadora favorita? Rosa María Sardá, la mejor de toda la historia, sin duda.

El equipo creativo encargado de amenizar a los invitados y telespectadores, echaron mano, cómo no, de los recursos ya utilizados en los Oscars. Desde el clip de apertura, muy a lo Billy Cristal, pasando por el número musical liderado por Luis Tosar. Resulta irónico que se presentasen las cuatro películas finalistas con falsos trailers (por lo demás muy divertidos e ingeniosos), algo que, por cierto, está extraído de internet y de youtube (vean el de Mary Poppins como si fuese una película de terror).

Agustí Villaronga en la entrega de los GoyaCentrándome exclusivamente en las cuatro películas nominadas a mejor película: Pa Negre, Buried, Balada triste de trompeta  y También la lluvia, contra todo pronóstico, se alzó como gran triunfadora Pa negre con la concesión de nueve premios, incluido el de mejor película, director, guión adaptado, actriz, actor y actriz de relevación, entre otros. El cronista se alegra mucho, porque de las cuatro era la pequeñita y la que más lo necesitaba. Voces contrarias comentan que no tiene sentido darle el premio a la que menos ha visto la gente y de menor recaudación. Si de algo sirven este tipo de eventos debe ser para eso. Para incentivar una carrera comercial. Y dado que el nivel de calidad es elevado en las finalistas (le presumo lo mismo a También la lluvia, la única que no he visto), creo que es necesario considerar criterios como éste. Otros arguyen que darle la victoria es un índice del anquilosamiento de la Academia, al premiar otra vez a una película ambientada en la posguerra española. Pero eso es igual de absurdo. Por poner un ejemplo, ¿debemos rechazar Valor de ley porque es un western? Será que los norteamericanos no han hecho películas del Oeste en su historia. No se nos ocurre pensarlo porque pensamos en los hermanos Coen. Pues el mismo argumento es igual de válido para Agustí Villaronga. No me importa repetirme. Ya era hora que este creador obtuviese el reconocimiento que siempre se le ha negado, cuando es uno de los realizadores más valientes y arriesgados de nuestra cinematografía. Aunque la nota imaginativa ha venido de la línea dura de la derecha española. En Intereconomía, en su sección de Cultura, Santiago Mata manifiesta que el éxito ha sido provocado por la fuerza del catalanismo y del lobby gay entre los académicos. ¿Algún ejecutivo avispado en resucitar los thrillers conspiratorios de los años setenta? Por favor, que lo contraten para escribir los guiones. Me encanta. Son tan originales. Algo similar se oía/leía para justificar el Oscar a Sean Penn por Milk.

Nunca me han gustado las victorias abrumadoras porque nunca son justas. Buried ha llegado a los Goya lanzadísima, con una proyección internacional merecida y justificada. Rodrigo Cortés ya juega en otras ligas. Lo que llevó a Tesis en su día a alzarse como triunfadora, vista la trayectoria de Buried, seguramente ha sido motivo para ajustarla a tres premios (guión original, montaje y sonido)  Con Balada triste de tompeta  voy a soltar un taco acorde con la contundencia de sus fascinantes títulos de crédito a ritmo de saeta: es jodidamente buena. Todo mi apoyo a una película que, en vista de los acontecimientos que rodeaban la concesión de premios, hubiese merecido un mayor apoyo moral, si bien estaba un poco inflada en algunas nominaciones (actriz de reparto y actriz principal). Me dio la sensación que Alex de la Iglesia estaba este año igual de aislado entre los suyos, como antaño se quejaba Pedro Almódovar. El elenco de Pan Negre en los GoyaPero bueno, ahí lleva sus dos premios en Venecia. Por último, También la lluvia. Sus productores la posicionaron muy bien con el beneplácito y apoyo de la Academia. Un estreno técnico para presentarla a los Oscars y un estreno masivo en plena concesión de las nominaciones. La vicepresidenta ya tenía su regalo. Me ha recordado a las estrategias de Harvey Weinstein para colar sus películas en los Oscars. Porque en este universo de torneo, una vez que todas las películas a competición son de validez elevada, lo que acaba decantando la balanza son siempre motivos extracinematográficos. Pero este año ha sido el de Pa Negre. Y así lo celebramos.

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